Vías Pirineos de dificultad media, [escalada PD, AD, D (IIº/IVº, máx. Vº)]. Vivencias de montaña. Rincones desconocidos o escasamente divulgados. Y alguna que otra reflexión

miércoles, 7 de agosto de 2019

Forato os Diaples


los dos Foratos. A la izquierda la sombría entrada del grande; arriba, a la derecha, muy pequeñito, el otro.

¿Forato…? ¿Pero qué es un forato? Sin ulterior análisis, estamos hablando de un agujero, voz habitual en los dialectos propios de las tierras altoaragonesas, donde adquiere nombre propio en numerosas ocasiones, como la Peña Foratata y, más en particular, la Peña del Forato, en la sierra de Tendenera (Tendeñera en su vertiente meridional). En mi adolescencia, durante mis estancias en Panticosa, aún pude escuchar muchas palabras correspondientes al habla de las tierras tensinas, mas no recuerdo haber oído nada acerca de un famoso Forato, no muy alejado del ibón de Sabocos. Y si hoy preguntamos a los panticutos, obtendremos respuestas ambiguas acerca de cuál es, en realidad, el Forato os Diaples, ya que existen dos agujeros muy próximos, uno enorme y muy visible desde la Ripera, que da entrada a una todavía más grandiosa caverna, y otro un poco más alto y escondido que, este sí, permite el paso de la luz desde la otra vertiente.

 
el puente de la Zoche, camino de la Ripera.

un tenue rayo de sol enciende la montaña del Verde.

la Ripera tiene una marcada vocación pastoral.

¿Cuál de los dos es el verdadero Forato os Diaples? Ambos bien merecen una visita, pero el superior es inaccesible desde el norte. De hecho, en mi proyecto, figuraba como objetivo principal la cara norte del Mallo de las Peñas y su corta pero hermosa escalada. El día no acompañó y el tal Mallo no se dejó ver en toda la mañana, envuelto en la boira. El acceso, defendido por una enhiesta e incómoda glera, también contribuyó a limitar la excursión a la visita del gran agujero. Cuando hace unos años ascendí por estos mismos vericuetos a Peña Forato, igualmente envuelto en la niebla, hasta el punto de que no podría determinar exactamente por dónde subí ni por dónde bajé, de nada me sirvieron unas marcas previsoras para no perderme en el descenso y hube de improvisar un corto rápel. En esta ocasión, también la niebla tuvo su protagonismo. 


mañana desapacible y neblinosa; justo en el centro, entre las dos masas sombrías, puede adivinarse la canal de los Foratos.

la Ripera aguas abajo desde el Rincón del Verde.

la cascada de Tendenera; al fondo, Mallarruego.

tras la nube, el pico de Escuellas dominando la cascada de Tendenera.

Pero situémosnos: estamos al fondo del valle tensino de la Ripera, en el paraje conocido como Rincón del Verde, a unas dos horas de Panticosa. Enfrente, la impresionante y formidable cara norte de Peña Forato; a la derecha, una amplia canal, bastante empinada en su zócalo, en cuya parte superior se observa la entrada de una enorme caverna. ¿Es este el Forato os Diaples? Bien podría ser, pero, con un poco de atención, observaremos algo más alto y a la derecha un orificio muy pequeño por el que pasa la luz, también visible desde algunos puntos de la Ripera. Este Forato solo se puede visitar desde la vertiente meridional, presentando por el norte una vertical de 55 metros (referencia Jesús Vallés).


la impresionante cara norte de la Peña del Forato...

...y su no menos impresionante vecino.

Se puede trazar un interesante circuito, ascendiendo por la Ripera y retornando por el ibón de Sabocos y las pistas de esquí. En esta ocasión, partí desde la estación inferior del telecabina, aunque el camino hasta la Ripera se hace algo más breve mediante la pista (cerrada al tráfico) que parte de la zona recreativa de la Selba Plana, bajo la Peña Forroniás. 


entrada a la canal.

muy cerca ya. Y, entonces, bajo la boira y el agujero desapareció.

desde un poco más cerca. El acceso parece fácil, ¿verdad? En realidad, así es... hasta cierto punto.

Encontré el apacible vallejo de la Ripera más bien algo desapacible y su entorno envuelto en nubes bajas. Poco a poco, la mañana se fue despejando, pero justo cuando alcancé las inmediaciones del Forato, la niebla tornó a descender; perdí la vista del oscuro boquete que le da entrada y lo busqué demasiado a la derecha. Una breve trepada sobre terreno muy inestable y desagradable me convenció pronto de mi error. Accidentado regreso sobre mis pasos para evitar perder demasiada altura y eludir también la pedrera más inestable. Un poco de circo, pues. De pronto, reapareció la negra cavidad, de acceso aparentemente fácil. Pues no hay tal, se defiende bien, con un talud terroso muy empinado, que solo se puede esquivar a través de las rocas arruinadas que lo limitan. Un poco más de circo. En invierno, la visita será mucho más agradable y, sin duda, interesante.

 
el gran boquete desde el interior de la cavidad.

el Forato chiquitín... aunque desde aquí no se vea la luz del otro lado.

Si la entrada es colosal, el interior todavía se acrecienta más, adquiriendo unas dimensiones realmente inesperadas. La bóveda se levanta muy alta, en tanto que sobre el suelo se erige una enorme joroba, secuela de bloques caídos del techo, humedecidos por varias filtraciones. En términos del tiempo geológico, no tardará en formarse una gran brecha que individualizará un poco más el Mallo de las Peñas. Pero hoy todavía está presente la gran cavidad, también gigantesca a lo ancho, todavía más incluso de lo que hace suponer la entrada.

pliegues en la Peña del Forato.

y, aunque parezca mentira, por ahí va la vía normal a la Peña del Forato (AD-).
Creo que subí a la derecha de la linea de estratos paralelos del centro y bajé por una losa fisurada a la izquierda.

el collado del Mallo de las Peñas bajo un tímido e intermitente sol.

Sin embargo, en este Forato, los Diaples juguetones no tienen escapatoria hacia la otra vertiente, tal y como la ausencia de una corriente de aire hace sospechar mucho antes de llegar a su negra entrada. ¿Y qué? Hoy en día, no parecen existir muchos cazadores de diaples ni ellos se entrometen en la vida del valle; las numerosísimas y tranquilas marmotas que corretean por los prados contiguos así lo aseguran.

 
desde el collado del Verde, Tendenera, Ripera y Forato.

edelweis.

Para completar la excursión, si optamos por un pequeño rodeo en el retorno, visitaremos el ibón de Sabocos y descenderemos a Panticosa por las pistas de esquí. Para ello, a mitad de la canal será preciso trazar una media ladera hacia el Oeste, sin perder apenas altura, ya que la trayectoria transcurre sobre una línea de cortados que obstaculizan un descenso más directo. Se accede pronto al collado con la montaña del Verde, desde donde se desciende hasta el ibón y se conecta luego con las instalaciones de invierno. Aguas serenas, algunas vacas y, más allá, el bullicio alegre de los turistas.

ibón y Peña de Sabocos.

martes, 23 de julio de 2019

Infierno Oriental, cresta norte.


cresta norte desde el glaciar: "pitón Marrón", Aguja Bicolor y, a la derecha, Infierno oriental y corredor norte.

Alcanzar la antecima oriental del Infierno por su cresta norte era un buen proyecto para culminar mi ya largo idilio con esta bellísima montaña. Pero no pudo ser. Este enredo no ha acabado en divorcio, ni mucho menos; será solo un paréntesis, quizá breve, mientras mantenga fuerzas para continuar el asedio a la anteriormente conocida como Quijada de Pondiellos.

aspecto general de la vertiente norte, desde el "pitón Marrón"a la marmolera.

el "pitón Marrón" y la pedrera que lo defiende, restos morrénicos del extinto glaciar, ya prácticamente nevero.

 
el "pitón Marrón" y la Aguja Bicolor; entre ambos la gran brecha.

No pudo ser… De hecho, tampoco es probable un nuevo intento, a pesar de que se trata de una ascensión interesante, pero la aproximación pesa lo suyo y la roca no es, desde luego, un aliciente. En fin, tras seis larguísimas horas de ascensión, tan solo pude alcanzar la primera aguja, el “pitón Marrón” (2884 m.), separada de la nombrada inicialmente  por Jean Arlaud como “pitón Blanco-Marrón” y enseguida bautizada como “Aguja Bicolor”; entre ambas, una profunda y difícil brecha. Buen punto, pues, para darme la vuelta, ya que continuar hasta la cima implicaba en torno a dos horas suplementarias, tiempo del que ya carecía. ¿Seis horas? Pues sí. Pesa la mochila, pesan los años y… obviamente, no era mi día, como en todo caso así lo demuestra tan desaforado horario. 

Bachimaña.

De cualquier forma, se trata de una ascensión bastante larga, tanto por la aproximación como en sí misma. No existen muchos datos a la hora de planificar la ascensión, a pesar de que algunos mojones, aquí y allá, hablan de conquistas recientes, favorecidas por la proximidad del refugio de Bachimaña. Históricamente, sabemos que Bourrel anduvo sobre estas piedras y que, más tarde, el grupo de Jean Arlaud, del que también formaba parte Bourrel, intentó el descenso por la arista sin poder culminar el recorrido íntegro de la cresta. Citaba Arlaud un recorrido de pesadilla sobre una arista extremadamente descompuesta que se desmoronaba a cada paso. No le faltaba razón; pues si bien en los puntos más comprometidos la roca mejora ostensiblemente, la pedrera se muestra intransitable y peligrosa cuando existe un mínimo de exposición. Y el resto de la cresta no permite la menor relajación. 

el Infierno oriental y su cresta norte, desde el "pitón Marrón"; al fondo se perfila la cresta este o de Anales, con su también algo complicada brecha (https://rondapyrene.blogspot.com/2018/09/infierno-arista-oriental.html)

la Aguja Bicolor, desde el "pitón Marrón". Se aprecia una posible vía casi por el centro; quizá también se pueda rodear por la vertiente oriental, de acuerdo con la referencia de Arlaud, aunque esto no parece muy evidente.

Así pues, parece que la brecha en cuestión es la dificultad más seria del recorrido, puesto que acceder al “pitón Marrón” no entraña apenas dificultad, salvo la pelea infernal con la pedrera. A pesar de su aspecto amazacotado se trata, en realidad, de una fina arista que únicamente exige una trepada elemental, renunciando, por supuesto, a las zonas de pedregal suelto. En cuanto a la brecha, quizá sea posible prescindir del rápel, merced a accesible una terracilla en la vertiente oriental; sin embargo, lo más probable es que el recurso a la cuerda sea inevitable. Tampoco será fácil ascender por el lado contrario, si bien se adivina una vía de no excesiva dificultad. Más allá no parece existir ningún obstáculo reseñable, pero la roca se presenta en sumo estado de descomposición, tal y como indicara Arlaud.

 
la Aguja Bicolor y el "pitón Marrón" desde Arnales.

el "pitón Marrón" y la Aguja Bicolor, desde el glaciar.

Respecto del acceso al “pitón Marrón”, seguí hasta muy arriba el GR11, desviándome en las morrenas del extinto glaciar, las cuales atravesé de derecha a izquierda hasta llegar bajo la base de la aguja; en cuanto pude, emprendí el acceso directo hacia su cumbre por la roca más firme. También se podría llegar más directamente desde el ibón Azul Superior, aunque ello exigiría rodear algunos afloramientos rocosos; en definitiva, probablemente, sin ningún beneficio. Esta aproximación es bastante enojosa, sobre un terreno poco estable, pero en general se puede transitar por zonas con poca inclinación donde el cantizal aguanta sin desplomarse bajo las botas. Pero ello no será siempre viable, lo que también explica, siquiera en mínima parte el tiempo empleado: dos horas ya para alcanzar Bachimaña desde el Balneario de Panticosa, una y media más hasta el Azul Superior y las restantes hasta culminar la oscura aguja. Todo un record, ¿no? Pero así son las cosas. Y así quedan reflejadas por si alguien quisiera completar esta, a pesar de todo, interesante cresta. Por mi parte, insisto: no creo que yo lo vuelva a intentar…

despedida. No pasé más allá del "pitón Marrón"... En el glaciar ¿nevero? ya no se aprecian grietas de tracción.

la marmolera norte, escenario de tres de mis nueve vías al Infierno.


domingo, 23 de junio de 2019

Dents de Scie desde el Caillou de Soques

el Dent de Scie, con la curiosa y enhiesta pared triangular que lo defiende. 
Se ataca por la derecha mediante una breve trepada.


En el descenso por la vertiente gala del Portalet, llama la atención una pronunciada curva con sendos aparcamientos a cada lado y donde unas señales advierten del riesgo de aludes. Sorprende el sentido abierto de la curva, contrario a la línea natural siguiendo la cota en la vaguada. Estamos en el Caillou de Soques. Antiguamente se instalaron aquí unos semáforos conectados a unos sensores en el barranco, el Ruisseau de Soques, que anunciaban la inminente caída de una avalancha; aunque los semáforos desaparecieron, aún puede observarse sobre el torrente una instalación pendiente de un cable colgado, creo que todavía en servicio. En la actualidad, un muro artificial paralelo al curso del riachuelo señala el punto donde debe iniciarse el ascenso al Vallon d'Estrémère, sin que en ningún momento deba cruzarse el torrente. Un mínimo rastro de sendero desaparece enseguida, al tiempo que nos internamos en el hayedo; no conviene alejarse mucho del barranco que corre a nuestra izquierda hasta que más arriba nos reencontremos con la senda, ahora bien marcada y reconocible, que nos conducirá hasta el límite del bosque. Conviene retener este punto, ya que es el único razonable para entrar o salir del valle.


el curioso sistema detector de aludes.

el Midi, majestuoso nos acompaña al principio.

valle de Ossau; lago de Fabrèges al fondo.

primer escarpe, con O Tejau al fondo y restos de una antigua instalación minera en primer plano.


A nuestra izquierda queda la Crête d'Arrious et de Soques, que nos separa del valle de Arrious; a la derecha, la Crête d'Estrémère, que culmina en el airoso Dent de Soques, junto al pico más elevado de la zona, el de Soques, 2716 metros. Al fondo, cerrando el circo, la Punta O Tejau (2601 metros) y los airosos Dents de Scie (2561 metros), separados por el collado de Soques (2474 metros). Por la vaguada corre el Ruisseau de Soques, desplomándose sobre unos escarpes que será preciso rodear por la derecha. Una curiosa construcción abandonada da testimonio de una antigua explotación minera.
Una vez que hemos adquirido suficiente altura por encima del escarpe, ya en el paraje conocido como Soques de Haut, iniciaremos una larguísima y salvaje media ladera que nos lleva bajo el collado de Soques. Es de señalar que tanto este collado como el situado entre el Dent de Soques y el pico de Soques, son francamente traviesos y tienen la malsana costumbre de alejarse según nos acercamos a ellos; luego, muy pícaros, tornan sigilosamente a su sitio antes de que el GPS descubra la trastada. Así, no hay por qué sorprenderse si los últimos metros se hacen harto pesados. Ignoro que clase de ilusión perspectiva es la culpable, pero en pocos rincones de nuestro querido Pirineo he tenido esa sensación tan marcada. Y también me temo que poseer experiencia, es decir, ser muy viejo, no alivia, sino que tiende a acentuar la cuestión.


la Crête d'Arrious et de Soques (en sombra), que nos separa del vecino vallejo de Arrious.

pico de Soques, rey del lugar; justo en medio, asoma el escarpado Dent de Soques

el Dent de Soques.


Bien; ya hemos alcanzado el juguetón collado de Soques, tras la pequeña batalla librada para que no se escape de nuevo un poco más lejos y más arriba. ¿Y ahora, qué? Pues... que el Dent de Scie tampoco se va a dejar vencer con facilidad, defendido por una curiosa pared triangular, cuyo punto débil parece estar a la derecha, sobre la vertiente francesa. Pero si nos quitamos los crampones para atacar la roca, luego nos harán falta en la inclinadísima pendiente de hierba que lo limita, así como en la cresta cimera helada. ¡Menudo fastidio!, ¿no? Por lo que respecta al Pico O Tejau, el problema es otro, pero también enojoso: una inestable pendiente de derrubios, corta pero incómoda y peligrosa, en especial cuando el subsuelo está todavía muy húmedo.


pico de Soques desde la cima del Dent de Scie.

O Tejau desde la cima del Dent de Scie: ascensión sin dificultad, pero desagradable.

Palas, Arriel, Balaitús, Frondellas...

Por mi parte, he renunciado a la Punta O Tejau, carente de suficiente interés, salvo por la incorporación de una nueva cumbre al palmarés. En cuanto al Dent de Scie, casi absolutamente desconocido, mantiene el aliciente de una mínima y agradable trepada sobre una roca no demasiado fiable (IIIº). Muy, muy escasos pero divertidos metros, cuyos pasos más ásperos podrían eludirse sin dificultad, aunque lo recomendable no es buscar la facilidad sino la seguridad de la roca más firme, sobre todo, después del corto recorrido previo para llegar bajo la pared, bregando con esquistos pizarrosos en estado de absoluta ruina. En fin, que alcanzamos el muro vertical y disfrutamos de esos escuetos metros que nos brida; más allá espera una escarpada pendiente de hierba, por suerte tan bien escalonada que no plantea problemas, al menos cuando se presenta seca y sin hielo, algo que no sucedió en mi primera visita. Como en aquella ocasión tenía una buena excusa, con los pies doloridos por un experimento fracasado para lidiar con mis botas-rígidas-destroza-pies de horma inadecuada, no me costó nada darme la vuelta en el collado. Sin embargo, unas condiciones favorables para conquistar el Dent libre de hielo, suelen implicar la enojosa aproximación por terreno muy fastidioso cuando desaparece la nieve, que presume de presentarse muy helada casi siempre. Por fortuna, en primavera nunca faltarán algunas jornadas con buenas y equilibradas condiciones.


Tendenera y Sabocos desde el collado de Soques.

La canal de acceso al collado de Soques es muy suave por la vertiente francesa...

...pero bastante empinada al final por la vertiente sur.

O Tejau, camino de collado de Soques.

collado de Soques y Dents de Scie en el centro de la imagen. Se aprecia la larguísima media ladera a trazar, de la cual solo aparece en la imagen la mitad.

jueves, 28 de marzo de 2019

Pico Royo (Formigal); una empresa relajada.

vía normal al pico Royo; también practicable la canal de la derecha, menos empinada pero probable salida en mixto (Iº)

sin embargo, su punto débil apenas se adivina desde lejos.

A quienes rondan en Formigal por la zona de Izás, no les pasará desapercibida la aérea estampa del pico Royo, ubicado a la derecha del telesquí Lanuza. Su porte majestuoso, aislado y de aspecto bronco aventuran una incursión de cierto nivel ; sin embargo, por el norte tiene su punto débil, prácticamente sin dificultad y lo que aun es más notable, con mínima exposición. Terreno de juego, pues, para la iniciación o para una jornada relajada; muy corta por lo demás, pues ni siquiera se superan los 700 metros de desnivel desde el aparcamiento Anayet, abierto durante la temporada de esquí. Su ascensión puede complementarse con la del vecino Culibillas, cuya cima se puede alcanzar con las tablas en los pies; por cierto, tanto este último pico como el Arroyetas tienen caras norte de lo más interesantes y variadas, con opciones para todos los gustos y preparación. 

Culibillas desde el aparcamiento Anayet.

primeras luces sobre el Culibillas y Arroyetas.

Decía que apenas encontraremos dificultad. Ello, por supuesto, con permiso de las condiciones, que son las que siempre mandan en la montaña invernal. Pero es que, en este caso, la zona potencialmente conflictiva es tan exigua que no deja casi espacio para la inquietud... ¡son tan pocos metros! Ni siquiera, además, se empinan mucho, aunque no falte quien cita 50º; pudiera ser... quizás bajo algunas condiciones extraordinarias, porque normalmente apenas si se sobrepasan los 40º. Por lo demás, caso de renunciar al mismo camino para el descenso, existe una vaga canal paralela un poco más hacia el oeste; alternativa que aparenta menor inclinación aunque, tal vez, con algún sencillo paso mixto (Iº) a la hora de abandonar la cresta cimera para entrar en la canal.

parece una cumbre de aspecto monolítico. Pues no. La barrera frontal se elude por la derecha; también se podría llegar bajo el corredor final por las canales orientadas al NE, a la izquierda, pero ello no tendría otro sentido que un incremento artificial de la dificultad.
En rojo la vía normal; en verde la variante indicada como potencial descenso.

camino del collado abierto entre el Royo y el Culibillas. Hay que girar a la izquierda para situarnos bajo el corredor.

cresta plagada de agudos e interesantes gendarmes hasta el collado; al fondo, Culibillas.

Desde el aparcamiento Anayet, medio oculto por suaves laderas que enmarcan el vallejo de Lapazuso, el pico Royo casi no se deja ver. Conforme remontamos la vaguada, camino del collado que lo separa del Culibillas, se hace patente y adopta un aspecto fiero, enmascarado su punto débil por un notable escarpe frontal que ha de rodearse para situarnos sobre un plano ligeramente inclinado y colgado bajo la cima. La cumbre está ahora al alcance: en mi caso, poco más de diez minutos para superar el cono bajo el corredor y otro tanto para el mismo (o sea que, para el común de los mortales, menos de un cuarto de hora en total). Y es que el desnivel a vencer asciende a 70 u 80 metros, solo unos 30 para el poco definido corredor.


el corredor visto desde arriba, sobre la plataforma del plano inclinado desde donde arranca.

Culibillas y Arroyetas desde la cima. Entre ellos, asoma el Anayet.

Leserines, Aspe, Lienas de la Garganta y  Elbozo, Bisaurín...

Ezcarra, Collarada y Pala de Ip sobre la canal de Izás

la Partacua en todo su esplendor, desde Telera a Retona. En primer plano, las Peñas del Calcín.

No he prodigado mucho mi presencia por esta zona, pero aún perdura en mi memoria el idílico paraje del ibón de Lapazuso con el pico Royo al fondo, reflejado fielmente en sus aguas serenas. Creo recordar que mi última visita invernal lo fue para saborear mis esquís cortos (skiboard) en nieve polvo de verdad, muy profunda y a muchos, muchos grados bajo cero; ahora lo he hecho para comprobar la adaptación a la bota de unos nuevos crampones. Extraña estampa la mía, con un piolet recto clásico, otro auxiliar con martillo para lo que sea menester y cramponeando a la francesa, clavando todas puntas. Esto ya no se lleva, desde luego; ni tales herramientas, ni la técnica francesa, pero continúa siendo una eficiente combinación, ¡justo cuando se generaliza el abuso del doble piolet técnico y de las puntas frontales hasta para caminar por suaves laderas! Raro, raro, pues; menos mal que en esta ocasión, al menos dejé en casa los esquís cortitos... Pues resulta que para unas piernas fatigadas, tanto la técnica francesa como los esquís cortos suponen una bendición que permite prolongar la actividad montañera hasta edades avanzadas. De verdad.


Arriel, Balaitús, Palas...

atractivo corredor en la cara NE del Culibillas.

estribaciones NE del Culibillas. Su cima se esconde bastante más lejos.

cara norte del Culibillas. Esquiable, incluso.

El cordal entre el pico Royo y Arroyetas guarda muchas opciones. Próximas, variadas y dentro de un amplio rango de dificultad. Pequeñas perlas en un mar de conchas.