Vías Pirineos de dificultad media, [escalada PD, AD, D (IIº/IVº, máx. Vº)]. Vivencias de montaña. Rincones desconocidos o escasamente divulgados. Y alguna que otra reflexión

viernes, 16 de junio de 2017

La peña de Otal o Arañonera

la cara sur de la Peña de Otal desde las inmediaciones del collado con el Cubillar de Sus

 Al este del pico de Tendenera, máxima altura de la sierra, y separado del mismo por la Cresta de Año, se alza la Peña de Otal o Arañonera, a cuya sombra duerme un eclipsado apéndice, el pico de Fenez, con su increíble placa acanalada, escenario de interesantísimas vías, y su gruta helada. No olvidemos que bajo estas rocas se oculta uno de los más significativos sistemas subterráneos de los Pirineos.

los picos de Ripera y Tendenera
la cresta de Año

Pero en la superficie, la Peña de Otal se alza majestuosa sin brindar demasiadas facilidades para su conquista, aunque ofrece algunos puntos débiles; el que va a ser objeto de este comentario se alcanza desde Linás de Broto y supone en torno a las cinco horas de ascensión en plena cara sur. Para la aproximación, a partir del puente sobre el Sorrosal que cruza la carretera cerca de Linás de Broto, disponemos de dos opciones, una en cada orilla del rio; por la margen derecha discurre un sendero bien trazado y sombreado, excelente opción para el regreso; por la otra vertiente, una pista de trazado regular confluye con el sendero anterior en las inmediaciones del refugio del Soaso de Linás, dominado por un inmenso lomo que separa los vallejos de las Planas d'Abozo y de Las Sarrieras; ambos permiten llegar hasta el collado que separa la cara sur de la máxima cota del lomo, el Cubillar de Sus; suele utilizarse las Planas d'Abozo, donde evitaremos la dureza del sol estival hasta las proximidades del collado, en torno a los 2200 metros de altitud. Enfrente se alza una muralla defendida en su base por un cinturón de altivos e inexpugnables torreones, dominados por un roquedo caótico al que sigue una pendiente más suave de escalones bermejos. Después de atravesar o esquivar el cinturón de torreones no se adivina ningún impedimento mínimamente serio para conquistar la cima.

la cara sur desde el collado. En primer plano la hilera de torreones.
referencias clave de la pared; vía de ascenso.

Divisada desde aquí, la ruta de acceso es bien visible, siempre, claro, que sepamos por dónde discurre; muy al contrario, una vez dentro de la pared resulta complicado discernir el itinerario exacto de menor resistencia, en el que apenas será preciso servirse de las manos. La vía traza una diagonal ascendente muy próxima a la base de la muralla, sobrepasa la canal de referencia —por la que también puede ascenderse (IIIº)—, y rodea por la derecha el último torreón para acceder así a un curioso pasillo herboso a modo de adarve por detrás de la hilera de torres. Una vez allí, se abre a la izquierda una amplia canal de derrubio menudo por la que debe ser muy fastidioso ascender; es preferible tomar el lomo difuso de su margen izquierda, al menos hasta un estrechamiento que precede a su desembocadura junto a la salida del corredor oeste, por donde discurre otra de las vías normales para la ascensión a la Peña de Otal. El itinerario que bordea la canal, y que utilicé para el descenso, me resultó muy cómodo y seguro; es, probablemente, la línea más fácil. Sin embargo, ascendí siguiendo una trayectoria más directa, donde apenas encontré algún que otro breve paso de IIIº, algo con lo que posiblemente también toparemos si nos apartamos de la vía normal; tal caso será muy frecuente, dada la práctica ausencia de mojones u otras señales, pero es tan improbable mantenerse exactamente en la línea de menor resistencia como encontrar obstáculos excesivos, siempre además sobre una roca bastante fiable y, eso sí, muy empinada a pesar de su franco escalonamiento.


el curioso pasillo por detrás de los torreones no solo cruza todo este sector de la muralla...
...sino que incluso se prolonga al otro lado; al fondo el Pico de Fenez.

en la salida del corredor occidental; al fondo Tendenera.

Una vez superada la canal, en su unión con la salida del corredor occidental, solo resta un placentero paseo hasta la cima, preferiblemente por el labio de la cresta: las vistas son espectaculares. 

Ripera y Tendenera desde la cima
el pico de Fenez; a la izquierda, su placa acanalada
hacia el valle de Ordesa y Bujaruelo.
hacia el sur, el Soaso de Linás y el propio pueblo.

Ya he dicho que durante el regreso seguí prácticamente la vía normal, eludiendo únicamente el curso de la canal. Bien podría tentarnos el descenso por el corredor oeste, pero su aspecto, a la altura de su sórdida fama, es un buen disuasor. Ciertamente, este corredor solo es viable en invierno y en esa época de lo más recomendable. Descargado de nieve, además de tremendamente enojoso, también es peligroso, sobre todo para grupos numerosos.

salida del corredor occidental; la imagen no ilustra bien la realidad del corredor
la Peña de Otal desde Tendenera. El corredor occidental, aún con nieve, dibuja un quiebro hacia la derecha.
vertiente suroeste del pico de Fenez.
camino del Soaso de Linás.

domingo, 18 de diciembre de 2016

El bosque encantado de San Cosme.

recóndito y enigmático, el bosque encantado parece invitarnos a reconocer su entorno... nos engaña: no piensa dejarse.
el entorno de Vadiello está plagado de rincones mágicos... casi siempre de engorrosa exploración.

Vadiello es una de mis más entrañables querencias, un rincón que guarda celosamente sorpresas maravillosas, bien defendidas por vegetación inextricable y muros inexpugnables de pudinga. De hecho, tan solo la obstinada curiosidad de algunos iniciados ha conseguido abrir el acceso a parajes inexplorados y, a menudo, enmascarados por obstáculos infranqueables, pues el tiempo hizo pronto mella en la ya dudosa persistencia de los antiguas veredas trazadas por carboneros y las escasas vías de penetración que comunicaban valles y vallejos; algunos de estos senderos han sido felizmente recuperados y nos brindan la oportunidad de visitar enclaves que, de otra forma, se hubieran desvanecido en el olvido.

la Peña de San Cosme y el paso Nartesa, desde los añedaños de la Cruz Cubierta; el tramo rojo es el único punto delicado.

Una constante en los senderos de Guara es la exigencia de atención y prudencia, pues el precio de desatender tales recomendaciones puede ser una emboscada, sea vegetal o rocosa, de difícil evasión; otra característica muy habitual es la necesidad de superar cortos pasos de escalada, trepadas que, no obstante, pueden llegar a ponernos a prueba, en especial si aparecen como secuela de la falta de previsión. Con algo de todo ello toparemos en nuestra visita al bosque encantado de San Cosme. 

los primeros pasos tras abandonar la pista que desciende a San  Cosme y San Damián

Desde la presa del embalse de Vadiello, hemos de seguir la pista cerrada al tránsito rodado que termina por cruzarse con la que proviene del embalse de Calcón para acceder a la finca privada de San Cosme, al pie de la Peña homónima, cuya cumbre también hollaremos. Desde esta pista se disfruta una perspectiva excepcional sobre los paredones de la Peña, los cuales caen en absoluta verticalidad sobre uno de los enigmáticos recovecos del pantano; el muro está orlado con numerosas bandas horizontales, las clásicas panzas de conglomerado que, a veces, solo a veces, permiten vencer el escarpe imposible.
Pues sí; por ahí precisamente nos daremos un garbeo. Pero solo por la cornisa más alta y amplia, donde únicamente un par de metros obligan a usar las manos. Eso sí, el vacío también está ahí, bien presente y no admite concesiones.

el límite septentrional del bosque. Llegar hasta allí es más complicado de lo que cabe suponer.

En fin; tornemos a la pista. Hemos llegado al cruce con el ramal que proviene del Calcón y de Aguas; seguimos el trazado hacia la izquierda, en dirección a San Cosme. El camino, horizontal desde el cruce hasta el desvío hacia la Predicadera, inicia un suave descenso; pronto, en una curva, encontraremos a la derecha el sendero señalizado que lleva al Huevo de San Cosme, junto con un rótulo que advierte sobre las restricciones de escalada en la zona. Tras unas empinadas lazadas nos internaremos en un esotérico robledal que atravesaremos ahora en continuado descenso. El lugar, húmedo y sombrío, adquiere tintes mágicos, cualquiera que sea la época de la visita; no hay cielo ni roca, solo troncos tapizados de musgo y la densa fronda por bóveda. Parece fácil explorar esta cárcel vegetal y husmear en busca del tesoro escondido, pero no podremos apartarnos muy lejos del sendero, apenas marcado; será entonces cuando percibamos que estamos atrapados en una jaula verde de la que solo hay una salida, justo aquella de la que nos hemos servido para entrar.

frente a la Peña de San Cosme y el Huevo, el mallo Quillán y Punta Negra.

El sendero, en constante descenso por la vaguada, finaliza bruscamente al pie del Huevo, del que solo habremos llegado a vislumbrar previamente una fugaz estampa. El lugar, conocido como “mirador del Huevo” es un punto y final; debemos, pues, retroceder por el mismo camino, hasta una bifurcación que fácilmente pasa inadvertida. Es el pasaporte hacia la Peña de San Cosme, pero también precisaremos visado: el paso Nartesa.

el paso Nartesa; el punto clave está junto a los arbolitos del fondo que, en parte, también ocultan el abismo.

¡Huy!, ¿un paso con nombre propio... qué sugiere? Complicaciones, claro. Y eso es lo que encontraremos. Sin embargo y a pesar del fatal presagio que suscita una vieja y deshilachada cuerda colocada como pasamanos, el trance apenas supone problema, concentrado en un par de metros que tan solo requieren una trepada elemental, incluso basta una zancada decidida. Después, una larga travesía en la que el abismo permanece suficientemente alejado, seguida de algunos escarceos sobre suaves y redondeadas lorzas de conglomerado, prácticamente sin dificultad, que nos conducen a la cima. El itinerario esta bien marcado con mojones, pero es fundamental no perderlos para el regreso: también ahora hay una sola puerta de entrada y salida. Por cierto, el desnivel entre la Peña y el pantano es de 300 metros; eso sí, bajo el paso Nartesa, algo menos: no llegará a los 200...

los mallos de Liguerri, San Jorge y La Mitra desde nuestro privilegiado balcón.
el Borón y sus crestas.
Barranco del Diablo.
el Huevo de San Cosme, mítico monolito en décadas pasadas, fue vencido el 23 de abril de 1951.
el Huevo desde "el mirador"
las casas de San Cosme desde las proximidades del paso Nartesa.
Vadiello desde las cornisas superiores de la Peña de San Cosme.

Tras disfrutar de inmejorables vistas sobre el embalse y sobre el Huevo, retornaremos por el camino de ida hasta la pista, pero, en lugar de retroceder por ella, la seguiremos hasta la ermita de San Cosme y San Damián, actualmente sin opción de visita. El camino esta jalonado de eremitorios arruinados; también encontraremos un rincón muy especial: la Fuensanta, manantial de aguas fresquísimas, veneradas desde muy antiguo. Una vez en San Cosme, tomaremos el sendero señalizado que desciende hasta cruzar el barranco y asciende por la vertiente opuesta para culminar en la Cruz Cubierta, donde se empalma con el camino de ida hasta la presa de Vadiello. Este sendero entre la ermita y la Cruz Cubierta carece en parte del misterioso encanto propio del entorno del Huevo, pero rivaliza con él en gracia y belleza, sobre todo durante el otoño. Quizá la mayor diferencia estribe en que aquí es fácil topar con presencia humana, en tanto que en los alrededores del Huevo solo nos acompañará el vuelo plácido del buitre y, si hay suerte, de algún quebrantahuesos solitario.

la Fuensanta de San Cosme...
...es poco habitual verla con tanta agua.
el primer eremitorio que encontraremos...
...y otro de los oratorios en estado de total abandono que jalonan la pista. Los conocí en mejores días.
el caserío de San Cosme bajo la pared de la Peña de San Cosme.
otra hermosa alternativa de Vadiello: el camino recuperado a Nocito rodea el pantano bajo las estribaciones del Borón.




jueves, 20 de octubre de 2016

Mallo San Jorge, Vadiello.


los mallos de Ligüerri; en primer plano el Huevo de San Cosme. Elmallo de San Jorge es el más elevado
Vadiello ofrece sorprendentes excursiones, si bien todas ellas se caracterizan por presentar notables dificultades. Una de las más recomendables es la visita al mallo San Jorge, imponente mole de aspecto inaccesible, cabecera de los mallos de Ligüerri. Desde luego, no resulta cómodo encaramarse a esta rutilante cima, cuyo acceso está allanado por unas viejas clavijas, fáciles de seguir pero con un importante lastre psicológico.

el paso de las clavijas desde el collado: no tan vertical

detalle de la ferrata. Están señaladas las clavijas

Un marcado sendero parte del aparcamiento habilitado a la vista de la presa del embalse, justo delante del túnel más largo de la carretera y junto a los edificios de servicio de la CHE. En la actualidad, la intricada y enmarañada senda no llega a perderse en ningún momento; una evidente canal, la del Borón, asciende rodeando las estribaciones del mallo y deja a la derecha el Puro, espléndido cigarro que se “fumaron” muy tempranamente, en 1953, Casas, Cabrero, Abadías, Pera y los hermanos Nogués, de Peña Guara (la vía, recuperada en 2004 por Cecilia Buil y Lorenzo Ortas, dicta en la actualidad una dificultad de 6B/A0, con roca mediocre, sobre todo en los dos últimos largos). Esta canal, que nos obligará a echar las manos en alguna ocasión, desemboca en las crestas superiores de Liguerri; conviene tomar buena nota de su situación para no tener problemas en el retorno. A la vista de la cima, aún resta acceder hasta ella, pues está defendida por todos lados por los típicos escarpes verticales de conglomerado. El punto débil se encuentra hacia el noroeste, donde el flanco tiene menos altura (unos 35 metros); es preciso buscar el leve y desdibujado collado que lo une al lomo redondeado que el mallo domina; allí se descubre una cornisa horizontal, hoy provista de un cable “de vida”, pero la sirga en cuestión comienza cuando ya no es necesaria. Enseguida, un pequeño muro de tres metros (III-), sin exposición (salvo que seamos conscientes del abismo que hay debajo, apenas oculto), que antecede a una nueva travesía horizontal y, por fin, una serie de diez antiguas clavijas (ya eran viejas a mediados de los setenta y ahí siguen todavía). Ahora, el perfil del ascenso ya no es rigurosamente vertical, pero sí muy aéreo. 

la salida de la canal del Borón. Importante identificarla para el descenso

los mallos de Ligüerri; en el centro, San Jorge; a la derecha, la Mitra. Puede reconocerse toda la meseta cimera

La vía, en la terminología habirual adoptada para las ferratas está cotada como k4, en parte por el carácter vetusto del equipamiento pero, especialmente, por su dificultad psicológica. Además, ni existe cable de seguridad al cual anclarse, ni parece posible otro tipo de aseguramiento que el típico de la escalada convencional, mediante una reunión superior que será preciso establecer. De hecho, para el descenso se recurre habitualmente al rápel, instalado justo en la vertical del collado inicial. Por cierto, aunque estrictamente posible con cuerdas de 30 metros, es aconsejable contar al menos con 35. La verdad es que siempre he descendido por las propias clavijas (insisto en que son tan impresionantes como fáciles), pero en cierta ocasión fui testigo del rápel de unos montañeros que deseaban saber si su cuerda de 60 metros (en doble) llegaba hasta el suelo; contesté que demasiado justas, pero gracias a su propio peso y a lo que la cuerda se alargó gracias a ello, los excursionistas pudieron hacer pie en terreno factible. 

el rápel de descenso. En esta ocasión la cuerda de 60 metros en doble llegó... justita, justita.

El panorama que se divisa desde la cima es realmente esplendido; la cumbre, muy amplia y más compleja de lo que cabe suponer, bien merece un reconocimiento detallado, asomándonos al abismo, imponente a lo largo de toda la rosa de los vientos, con perspectivas renovadas sobre las paredes verticales de los mallos. 

el pantano de Vadiello y la Mitra desde el mallo de San Jorge

otra perspectiva desde la cima

el Puro desde la cumbre

el Borón

la cumbre desde los aledaños, oportunidad para la exploración de la cima
la Mitra

Para el retorno no existe tras el mencionado rápel o clavijas ninguna alternativa viable a la canal del Borón. Aunque son factibles algunas opciones de sumo interés, todas ellas tienen un carácter tan marcadamente complejo que no debieran emprenderse sin una información exhaustiva (y, a ser, posible, actualizada pues el paso del tiempo podría bloquear algún paso clave). Por ello, es fundamental retener o marcar el punto de acceso a la canal.


la Mitra

el Puro y su inquietante silueta desde la canal del Borón

La ascensión al mallo San Jorge resume las características esenciales de muchos recorridos en Vadiello y, por extensión, de la mal denominada Sierra de Guara (termino genérico que agrupa varias sierras): senderos imposibles, que engloban pasos de escalada o rápel; vegetación exuberante y difícil de atravesar, rincones inolvidables, paraísos escondidos… y restricciones protectoras del entorno que deben respetarse.