Vías Pirineos de dificultad media, [escalada PD, AD, D (IIº/IVº, máx. Vº)]. Vivencias de montaña. Rincones desconocidos o escasamente divulgados. Y alguna que otra reflexión

viernes, 5 de enero de 2018

Las marmoleras del Infierno.

marmolera suroeste, filón oscuro

¿Pero son de mármol o no son de mármol? Para los amantes de la montaña, cada pico, cada cumbre tiene una personalidad —¿o deberíamos decir “montañidad”?— que lo distingue del resto. Pues, sin duda, lo que caracteriza al pico del Infierno son sus famosas marmoleras, esas placas que semejan nieve vieja y que ni el calentamiento global ha sido capaz de fundir, cosa, por cierto, que nada tendría de extraño si de mármol se tratare.

He de advertir que no soy muy adicto al apetito tresmilero (vaya, otro vocablo nuevo), por lo que, en mi opinión, se trata de una sola cumbre con dos antecimas; por otra parte, su nombre más antiguo conocido sería el de Quijada de Pondiellos, a despecho de cómo pudieran denominarlo (si es que lo hacían) las tribus que habitaban estos valles en la prehistoria. Más recientemente, todo el mundo lo conoce como Pico del Infierno, nombre de incierto origen, muy a pesar de su pertinaz atribución al Conde Russell (sí, sí; yo también he caído en ese error); al parecer, Henry Russell se limitó a llevar a sus textos “un nombre anterior a 1866 de una broma montañesa que hizo fortuna; seguramente, trasladada por alguno de sus guías sallentinos o panticutos” (Alberto Martínez Embid, quien constató que la apelación ya existía antes de la visita del conde).

Bien; ahora toca introducir una aclaración que debe leerse despacico; ahí va:

“...los Picos de Infiernos se ubican en esa aureola de contacto, y en sus laderas se hace evidente la actuación de los procesos de metamorfismo, alternando las metapelitas esquistosas fuertemente plegadas y fracturadas con los mármoles calizos diapíricos eodevónicos que se inyectan en ellas como consecuencia de la acción termodinámica inducida por el batolito.” (Serrano, 1991).

¿Y bien?; tales placas, ¿son de mármol o no son de mármol? Después de leer y volver a leer el párrafo, las cosas, poco a poco, eso sí, van quedando tan claras como las propias marmoleras: la presión y el calor del batolito granítico dieron origen a las tan características placas de los picos del Infierno. O sea, que sí; ¡es mármol!, aunque lo duden quienes atraviesan (algunos con el estómago encogido) la aérea cresta entre la antecima occidental y la cumbre. Para muchos de ellos, lo que pisan en nada se diferencia del vulgar calcáreo común. Y es que la presencia de roca cristalizada solo se hace de verdad evidente en la mitad inferior de estas fascinantes placas (tal vez menos en la Occidental). Bueno, ¿y qué? Pues... que, además de cautivadora, la roca tiene una solidez y adherencia excepcionales, muy proclive a experiencias satisfactorias; por otra parte, la inclinación de las vertientes tan solo es moderada, lo que favorece la ausencia de dificultades notables. Y, por si aún fuera poco, el marco es realmente excepcional; todo un desafío para quien aspiré a profundizar un poco más en el conocimiento de las marmoleras. ¡Lástima que el glaciar...! Ahí sí, ahí sí que se ensaña el calentamiento global.

No voy ahora a abundar en detalles sobre algunas posibles líneas de ascensión a cada una de las tres marmoleras (Suroeste, Oeste y Norte) que circundan el pico del Infierno, cuya descripción pormenorizada de mi visita puede encontrarse en este mismo blog:

https://rondapyrene.blogspot.com.es/2015/06/infierno-marmolera-suroeste.html
https://rondapyrene.blogspot.com.es/2015/09/la-tercera-marmolera-infierno.html
https://rondapyrene.blogspot.com.es/2017/08/infierno-marmolera-norte.html


marmolera suroeste

marmolera oeste

marmolera norte

Sin embargo, sí quiero, fruto de mi idilio con las marmoleras, extenderme un poco acerca del carácter (eso es, la “montañidad”) de mis novias. De la primera, la Suroeste —¿quién puede olvidar el primer amor?—, destacaría el poderoso influjo de los filones oscuros que la atraviesan en diagonal; el más elevado conduce casi directo desde la base hasta la mismísima cima. Sea o no la más bella, fue un amor a primera vista y por eso le perdono que se dejara seducir con demasiada facilidad, con menos resistencia de la previsible. Todo mesura, proporción, franqueza, sin rudos obstáculos; ¡que la ansiedad no frustre el amable camino hacia la cumbre! Pero hay que tantearla con mucho respeto; si nos propasamos, tampoco perdonará la osadía. Cualquier error en estas empinadas laderas...

De la marmolera Oeste, ¡qué decir! Un tanto rarilla... inmensa; muy presente y muy oculta a la vez. La zona inferior es de veras peculiar, en extremo pulida; tanto que a pesar de ser casi plana se atraviesa con prudencia. Algunos hilillos de agua manan de fisuras imperceptibles, mientras que apenas ofrece resquicios para escarbar bajo su piel... y, de paso, anclar un fisurero. Su conquista obliga, si partimos de Sallent, a un vasto coqueteo a lo largo del cual casi no se dejará ver: solo desde muy cerca nos descubre íntegra su intimidad. Y también en este caso, lo único que vislumbran quienes se acercan al borde superior de la placa desde la vía normal al Infierno apenas se distingue del calcáreo. Claro que tampoco en la falda divisaremos muchos puntitos brillantes propios de la cristalización; lo suyo es una vocación de encimera para la cocina.

La marmolera norte, tan a la vista, desafía a senderistas y turistas con un aspecto bronco, fiero. ¡No hagáis caso! Ni siquiera está enfadada; solo lo hace para amedrentar y alejar a los imprudentes que, aun declarándose devotos, aspiran a desposarla sin dote. Pero... no debe de haber muchos de estos, ya que casi todos pasan de largo. ¿Qué se pierden?; pues la mayor acumulación de roca cristalizada del macizo; un mármol purísimo que llega casi hasta la mitad de la placa. Más arriba, también se disfraza de vulgar calcáreo, quizá para despistar, ¿o no? Lo cierto es que resulta una verdadera delicia transitar por el mármol que se alza justo encima del glaciar; más arriba todo se vuelve más vulgar... y no tan seguro.

Amores para compartir, sería insensato flirtear con las marmoleras sin más ni más. Hace falta un poco más que buenas intenciones para camelarlas; al menos, una sólida experiencia en estos lances. Sin embargo, a los afortunados que posean el arte y peculio necesario para afrontar la conquista de los Infiernos por las marmoleras les espera el paraíso.


miércoles, 6 de diciembre de 2017

Pico de Mediodía o Picón.

la agreste silueta del Picón desde Sopilata.

El muy genérico topónimo Guara da para mucho; incluye sin ningún empacho todo el inmenso territorio entre el Flumen y el Vero, con particular mención del entorno de los embalses de Belsué y Zienfuens. En el extremo occidental de estos parajes, se alza una proa imponente, imposible también de ignorar cuando se atraviesa el Monrepós, pues se trata de un pico muy característico, como también lo son sus dos famosos vecinos: las peñas de Men o San Miguel y la de Amán o Sen, que conforman el salto de Roldán, bien visible desde el somontano oscense. Sin embargo, y aunque su apariencia lo desmiente, el Picón no es la cumbre más alta de la zona; varias cotas de la Sierra de Gabardiella de la que forma parte lo superan en más de 150 metros; incluso el próximo Matapaños se alza más de 100 metros por encima, pero ninguno de estos lomos panzudos pude competir con su airosa silueta, tanto que exige alguna trepada, siquiera elemental, para conquistarlo. Sus flancos son verticales excepto por la vertiente sur, donde discurre la actual vía normal, y por la cara este, donde perduran un par de vetustas clavijas, testimonio del antiguo sendero hacia la cima, hoy también defendido por inextricable vegetación y arbustos espinosos... muy espinosos.

amanecer sobre el Salto de Roldán.

al final de la pista nace el sendero que se dirige directamente hacia As Alpargatas; izquierda, cresta de la Cobeta y a la derecha, Matapaños y barranco de San Martín de la Bal d'Onsera.

San Julian de Banzo es el punto de partida, tanto hacia el Pico del Mediodía como a la Peña de Amán y el barranco y ermita de San Martín de la Bal d'Onsera, fantástico enclave cuya visita es de todo punto recomendable. En la gran curva de la carretera entre los dos barrios de la población, Yuso (Bajo) y Suso (Alto), parte una pista que inmediatamente se divide en dos ramales, el primero hacia San Martín y el segundo hacia la Peña de Amán, que deberemos tomar; algunos metros más allá, la pista muere en un reducido aparcamiento, desde donde arranca un sendero que no tardará en cruzar el barranco de San Martín; todavía un poco más lejos, un poste indica dos direcciones posibles: a la izquierda, la Peña de Amán (1 h. 15'); a la derecha, el Picón (2 h.).


abrigo de ganado poco antes de atravesar el barranco de San Martín.

As Alpargatas.

divisoria de caminos; a la derecha, el Picón

El camino, estrecho pero bien marcado, discurre entre zarzas y matorral bajo, directo hacia As Alpargatas, singular flanco de conglomerado rojizo que muy pronto dejaremos a la derecha para cruzar el barranco de la Cobeta, entre las crestas homónimas y As Alpargatas. Continua el regular ascenso, ahora hacia el oeste, en dirección a Punta Sopilata, en cuyas inmediaciones tras un brusco giro hacia el nordeste, nos sumiremos en otro barranco, el Reguero del Águila, ya a la vista del Picón. Es factible empalmar desde aquí con el camino de la Peña de Amán, siempre y cuando el zarzal no lo impida.


la cresta de la Cobeta domina el barranco del mismo nombre.

barranco de la Cobeta.

y, por fin, el Pico del Mediodía; se deja conquistar por el centro y por la derecha.

El hasta ahora apacible sendero empieza a complicarse y exige un mínimo de atención para no perderlo; el piso, tapizado de escarcha y sombrío durante la mañana, puede estar muy resbaladizo. Se alcanza el fondo del barranco y se avanza por su margen derecha; la pendiente se acentúa trepando bajo la gran muralla del Picón. Por fortuna, el sol ha derretido el hielo matinal y únicamente hay que permanecer atentos a los mojones, suficientes mas nunca excesivos, que nos dirigen bajo la única debilidad de la muralla. Las trazas de paso nos encaminan hasta tomar contacto con la pared; justo allí se advierte una cadena que protege la travesía horizontal subsiguiente hacia la derecha, pero para alcanzar sus primeros eslabones es preciso superar un corto paso de IIIº-, apenas expuesto. Tampoco imponen demasiado los sucesivos metros amparados por la cadena, a cuyo término es preciso recorrer una cornisa descendente que nos conducirá bajo la amplia embocadura abierta en la pared y por la que se puede ya ganar la cima sin mayor obstáculo; el terreno, no obstante, es aéreo, especialmente durante el descenso, hasta que poco a poco se va dulcificando.


la Hoya de Huesca.

la cresta de la Cobeta, ahora desde arriba.

la Peña de Men y la de Sen; algo por debajo y a la derecha de esta, el Fraile.

tras la cima este del Picón, la Punta de Lenases y, más allá, Matapaños; al fondo del todo asoma Peña Guara.

La panorámica desde la cumbre es realmente espectacular en todas direcciones. Muy abajo queda el Salto del Roldán; sobre la Peña de San Miguel se advierten los restos medievales y, a la derecha, la pista a Belsué. Del otro lado queda Peña Lenases y, detrás, Matapaños; al sur, la Hoya de Huesca.


la Punta de Lenases; a la izquierda, la muralla oriental del Picón.

¿Pensamos en el regreso? Además de retornar por donde hemos venido, hay que tener en cuenta la posibilidad de visitar la Peña de Amán, a la que se accede después de una breve trepada auxiliada por tres o cuatro clavijas. Merece la pena, aun cuando no sea tan fascinante como su homóloga, al otro lado del Flumén. Claro que, bajar desde aquí, atravesar el río y ascender a la Peña de San Miguel, supone un rodeo excesivo, tanto peor si hemos de retornar de nuevo a San Julián de Banzo. Otra opción, de sumo interés, radica en recorrer el cresterío hasta Matapaños y visitar la ermita de San Martín. Por desgracia, tras el emocionante y peligroso descenso del Picón por su cara sureste, nos queda un confuso trayecto entre matorral orlado de espinos para ganar la cresta y sus puntas sucesivas; tampoco resulta nada cómodo el descenso del Matapaños, supuesto incluso que acertemos con el itinerario correcto, lo que no es demasiado probable. Una vez más, el matorral espinoso nos pondrá a prueba.


a la izquierda, el Picón; en el centro As Alpargatas; a la derecha, Matapaños y San Martín de la Bal d'Onsera.

En cualquier caso, la conquista del Picón o Pico del Mediodía es motivo suficiente para llenar una mañana de otoño. No nos defraudará.

el Salto de Roldán desde Chibluco; en medio, El Fraile.

viernes, 15 de septiembre de 2017

La travesía de los Batanes

Dientes de los Batanes; septentrional, central, cima principal y, hacia la derecha, cresta hasta el collado de Labaza.

los Dientes en invierno.


...y desde el valle.

Los Dientes de los Batanes son bien visibles desde el valle de Tena, en el entorno del pantano de Bubal. Atractivos y desafiantes, conforman una recortada cresta ornada con brechas de perfil vertical… realmente vertical y todavía más impresionante desde cerca; sin embargo, solo la escalada de uno de estos espolones, el plantado en el Diente Central frente al Diente Principal, plantea dificultades reales; tan reales que deviene muy complicado el trazado elegante de una travesía decidida a mantenerse tenazmente sobre la la cresta. Se impone, pues, un rodeo del Diente Central por el Este hasta alcanzar su vía normal, por donde también habrá de efectuarse el descenso. A despecho de esta solución, existe alguna alternativa en la mentada cara oriental, incluso próxima al imponente espolón; sin embargo todas ellas presagian una notable dificultad en franca discordia con el nivel medio de esta ascensión.


el temible aspecto del espolón, fotografiado en pleno descenso de la cima principal.

...no se advierten muchas debilidades francas en esta pared cuajada de extraplomos...

...y tan poco dispuesta a conceder facilidades.; quizá por esta canal...


El Diente Central es, por lo demás, una de las cimas más agrestes y de las que oponen mayores dificultades entre todas las cimas que conozco en los Pirineos, si bien su cara de mayor desnivel, la que mira hacia Tena, apenas sobrepasa el centenar de metros.


cara occidental del Diente Central; sea cual sea la vía escogida, nos enseñará..., eso, los dientes.


Pero tornemos a la travesía prometida: los Dientes tienen una estructura de trípode, cuya extremidad SE es poco relevante y, también, la más alejada de Panticosa. Así, el itinerario de referencia se inicia en el collado de Labaza, asciende al Diente principal por la cresta SO, el cual alcanza tras atravesar una brecha marcada. Desde la cumbre, se desciende por la cresta orientada al NO, en dirección al Diente Central, el cual se conquista por su vía normal; un poco más allá, nos espera la última cumbre, la más anodina y que se puede alcanzar en invierno sin descalzar los esquís (por el extremo opuesto, claro). El Diente Central está delimitado por dos profundas brechas de perfil vertical; una al Sur, ya mentada, sobre la que se alza una pared inaccesible al menos para mí: solo he ascendido unos pocos metros, sin osar siquiera un osado asalto de incierto desenlace; en la brecha septentrional se inicia la vía normal de esta cima (AD+), que he visitado tres o cuatro veces.


tramo inicial, desde el collado de Labaza (derecha) al Diente principal (izquierda).


Al collado de Labaza se puede llegar desde el Balneario de Panticosa por el camino clásico de los ibones de Brazato cuyas primeras lazadas comparte; cuando el sendero desaparece, poco después de cruzar la tubería de servicio hidroeléctrico que proviene de los Brazatos, es preciso desviarse hacia el Este intentando seguir cualquiera de las muchas líneas de hitos; en todo caso, será inevitable deambular por caóticos campos de grandes bloques hasta dominar la cuenca del ibón de Labaza. En la actualidad también se puede llegar más directamente hasta este punto desde el nuevo refugio de Bachimaña bordeando el lago, pero el terreno es así mismo bastante incómodo. Bien; los Dientes están ya a la vista y el collado de Labaza, punto de ataque, justo a la derecha del recortado cresterío.


ibón del ¡Serrato!, curioso ejemplo del entramado toponímico de la zona.

desde la cima principal, los Dientes lanzan una cresta que apunta al Vignemale. 


Es de advertir que el collado, cresta y picos de Labaza aparecen frecuentemente como Lavaza; además existe cierta confusión respecto al topónimo Xuans y los diversos ibones, charcas, collados e incluso cimas que lo ostentan…, que O Peñón es más conocido como Serrato y que la denominación que vengo utilizando para el Diente Central es frecuentemente reservada para la cima principal, que domina en menos de diez metros la de su agreste vecino al NO.


El Diente Principal desde la cumbre del Central.

una perspectiva de la cresta de Labaza y cuenca de Brazato; al fondo la Sierra de Tendenera.


Desde el collado de Labaza, el primer tramo es aéreo sobre bloques inestables (IIIº/IVº-). Es posible evitarlos por una canal paralela a la cresta, con mucha piedra suelta; el segundo tramo, delimitado por dos pequeñas brechas, está precedido de una proa vertical con bastantes presas, pero parece poco recomendable colgarse de los bloques; mejor seguir por la chimenea o canal paralela, muy tumbada y donde la técnica de oposición permite un ascenso seguro; más arriba nos incorporaremos de nuevo a la cresta, cuyo filo anteriormente se presentaba muy recortado y complicado de seguir. Llegamos así frente al último torreón, que constituye el punto culminante de los Dientes; aún queda el cruce de una marcada brecha, cuyo umbral se puede alcanzar por una practicable media ladera (IIIº) en la vertiente NO, o bien mediante un corto pero impresionante rápel. La roca desde aquí es mucho más sólida, aunque tapizada de liquen; por lo demás, a este punto se puede también acceder caminando sobre una desagradable pedrera, al precio de un amplio rodeo por el Este. Una fácil cornisa asciende hasta la mitad del lado opuesto de la brecha; no existe, pues, el menor problema para encaramarse a ella y salir con un breve paso de IIIº- a las pendientes aún más fáciles que conducen hasta la cima, la cual que se alcanza finalmente andando.


el Diente Principal desde las proximidades de su brecha norte. Desde ese punto de vista, la vía transcurre prácticamente por la vertical de la cumbre hasta la brecha.

vertiente oriental del diente Central; pueden observarse algunas líneas potenciales de ascensión.

la canal de la derecha no deja de ser una variante del la vía normal (Salida de IVº+)

Desde la cima principal se crestea hasta encontrar un paso por el que descender en la vertiente oriental; descartamos una primera chimenea muy descompuesta y poco después podremos destrepar tranquilamente hasta una plataforma amplia de la que se sale por su esquina NE con mayor facilidad de la aparente; llegamos así al suelo de la brecha Sur del Diente Central, bajo su difícil espolón. Toca el rodeo anticipado, aunque muy pronto atravesaremos una chimenea por la que parece factible alcanzar la cima, apenas sin desviarnos de la cresta. De otro modo, alcanzaremos la brecha norte e, inmediatamente, la vía normal del Diente, que debuta con un paso de IIIº+ (más bien parece IVº-); se alcanza así una rampa inclinada (IIIº) surcada por algunas fisuras que facilitan un ascenso algo delicado. Pronto, se llega al filo de la cresta, desde donde la continuación apenas opone obstáculos (IIº); apenas quedan unos metros hasta hollar la cumbre. Aunque, durante el regreso, el descenso de esta rampa pueda parecer impresionante, es más fácil de lo que aparenta; la chimenea inicial puede resolverse mediante un corto rápel de doce metros, si bien también resulta factible destreparla.



vista más general de la vertiente este; la vía normal recorre la cara en sombra a la derecha.

tras superar la chimenea inicial, la vía normal atraviesa la placa inclinada y alcanza la cresta, ya fácil.

Ya solo resta el último Diente, apenas prominente sobre el umbral de la brecha; conviene evitar las rocas aparentemente fáciles más al este, muy descompuestas, y atacar directamente la pared vertical por el centro, ligeramente hacia la izquierda (IVº+, IVº); una decena de metros metros (IIIº) e, inmediatamente, fácil. Liquen y escasa adherencia inicial, aun con roca seca. La presencia de resbaladizo liquen es un obstáculo típico de esta travesía y puede complicar su tránsito en sumo grado con roca húmeda, en particular en esta segunda mitad de la excursión.


un vistazo de despedida, la magnífica cara oeste del Diente Central.




martes, 1 de agosto de 2017

Infierno, marmolera norte.


en verde, el proyecto inicial; en naranja la vía reseñada.

Tras la exploración de las marmoleras suroeste y oeste, que tan peculiar perspectiva brindan al pico del Infierno desde Sallent, quedaba pendiente una visita detallada a la marmolera restante, la norte. Hace ya bastantes años ascendí la vía normal de esta cara, si bien por la variante más próxima a los esquistos rojizos; en aquella ocasión apenas encontré indicios marmóreos, salvo algún que otro bloque arrastrado por el glaciar en las ya entonces vastas morrenas descubiertas por el retroceso del hielo. Por cierto, hace dos años ya expresé mis reservas sobre el estado del glaciar, presunción que, desgraciadamente se confirma: solo queda un helero residual con algunas grietas colmatadas. Muy pronto, ni siquiera eso.

Arnales e Infierno desde Bachimaña.

el desagüe de los Azules serpentea hacia Bachimaña.

Azul Superior.

Sin embargo, la presencia de mármol en esta vertiente ha superado con creces mis conjeturas. Toda la zona inferior presenta roca cristalizada, fruto del metamorfismo por contacto, de lo que supongo un mármol muy puro; en la mitad superior, por el contrario, aunque se conservan vestigios que sugieren la formación de la roca bajo una gran presión, el mineral tiende a parecerse cada vez más al calcáreo sedimentario grisáceo común. Sea como fuere, desde un punto de vista deportivo, el resultado es una adherencia excepcional que facilita sumamente la escalada; además, en el tercio inferior de la pared, la roca se muestra particularmente sólida, lo que no sucede en la zona superior, frágil y descompuesta.

la Quijada de Pondiellos hace honor a su nombre.

Así pues, el último sábado de julio emprendo la marcha desde el Balneario. Me llevará más de cuatro horas llegar al pie de la pared tras atravesar los caóticos domos de las morrenas (pesan tanto los años como los casi diez kilos de la mochila, ¿verdad?). Los últimos metros son delicados, por un piso resbaladizo aun a pesar de la escasa pendiente; la adherencia en esta zona varía en extremo, entre la excelencia y un penoso tránsito. Abundan aquí unas láminas que semejan barro fosilizado y son muy deslizantes.

corredor norte del Infierno.

la marmolera norte en todo su esplendor; por el centro discurría el proyecto inicial y por la derecha el realizado.

Pero todo cambia en cuanto emprendo el asalto a la pared: ¡magnífico! Es un verdadero placer deambular de un lado a otro, tanto que olvido mi proyecto inicial que versaba sobre una debilidad evidente en el centro de la muralla. Al fin y al cabo, he venido para reconocer la marmolera; ¿qué sentido tiene entonces encerrarme en una vía, la cual, además, aprovecha una veta de mineral oscuro? De forma sorprendente, se puede circular un poco por cualquier parte (IIIº) con notable facilidad; incluso es factible aprovechar cornisas y viras diagonales para avanzar en zig-zag todavía con menos obstáculos, en tanto que también es viable, de forma opcional y voluntaria, ensayar algún paso de IVº, algo que apetece en este terreno tan agradable, firme y seguro. Casi sin darme cuenta he superado más de la mitad de la pared, la más enhiesta, pero constato que paulatinamente la calidad de la roca va empeorando, cada vez más frágil y descompuesta. Decido acercarme a los esquistos bermejos por donde discurre la vía normal de la cara norte y la garantía de un terreno fácil que ya conozco; efectivamente, terminaré saliendo a la cresta por los esquistos, muy cerca de la antecima occidental del Infierno: las ascensiones en solitario exigen extremar las medidas de prudencia y seguridad (sí, soy perfectamente consciente de que los cánones ordenan no salir solo a la montaña).

la antecima oriental.

Paradójicamente, cuando la pared pierde algo de una verticalidad que jamás es acusada, la ascensión tiende a complicarse, no tanto por la dificultad sino por el tamaño y disposición de las presas, su fragilidad y el avance en adherencia que puede tornarse precario en cualquier momento. Realmente no parece que exista mucho problema en salir a la cresta por cualquier punto, o aprovechar alguna de las vetas de mineral oscuro que la atraviesan, pero los estratos se presentan bastante lisos y cualquier oquedad está tapizada de piedrecillas desprendidas, lo que no supone el mejor augurio precisamente; en suma, un terreno desagradable y expuesto, tan poco propicio para la aseguración como susceptible de albergar trampas de azaroso desenlace... sin descartar que se pueda superar con suma facilidad.

perspectiva desde la cumbre hacia el norte (Zarre, Gran Facha...)

la marmolera suroeste y la vira por la que ascendí hace dos años.

la cresta y la antecima occidental.

el extinto glaciar del Infierno y la Aguja Bicolor.

Garmo Negro y Algas.

En todo caso, ya he encontrado lo que buscaba, mármol, y lo he apreciado en abundancia y magnífico, tanto para satisfacer mi curiosidad como para disfrutar de una de las escaladas más satisfactorias y agradables que recuerdo, sobre, quizás, la roca de mayor calidad que conozco. De nuevo me resulta delicado valorar la dificultad de la ascensión, aunque creo que podría establecerse como Algo Difícil Superior (AD+), aun a pesar de no existir ningún paso de IVº obligatorio. El ambiente y la necesaria experiencia para afrontar esta ascensión pesan lo suyo.

https://es.wikiloc.com/wikiloc/spatialArtifacts.do?event=setCurrentSpatialArtifact&id=18930035
(descenso incompleto)

los ibones de Pondiellos desde el collado homónimo.