Vías Pirineos de dificultad media, [escalada PD, AD, D (IIº/IVº, máx. Vº)]. Vivencias de montaña. Rincones desconocidos o escasamente divulgados. Y alguna que otra reflexión

lunes, 1 de febrero de 2021

Infierno, marmolera oeste II

vía descrita en este blog, "La tercera marmolera: Infierno occidental cara oeste", setiembre 2015

croquis Altitude en Pyrénées, 1977, página 390
(Source gallica.bnf.fr / BnF)

Durante mis exploraciones a las marmoleras del Infierno (Quijada de Pondiellos) y particular idilio con estas fabulosas placas, en el verano de 2015 ascendí por la marmolera occidental, la más visible desde Sallent. Supe entonces de la existencia de una vía, a cargo de Ursi y Carmelo Royo, de la cual ignoraba todo salvo una vaga alusión a un paso de Vº. Merced a la intervención de Alberto Martínez Embid, he tenido ahora ocasión de conocer un croquis de la vía, reflejado en Pyrénées, órgano oficial del Musée pyrénéen du Chateau-fort de Lourdes.

Decía en aquella ocasión (La tercera marmolera: Infierno occidental cara oeste,  setiembre 2015)

"...enseguida alcanzo un rellano casi plano que se atraviesa andando y desde el que puedo estudiar sosegadamente la continuación de la escalada, ya que la pared se empina enfrente de mí formando un pequeño circo ... En cuanto a la atractiva y probablemente más difícil continuación por el eje central de la placa, se adivina allí mucha humedad, pues no deja de constituir el desagüe natural de la vertiente, con el grave inconveniente suplementario de canalizar también cualquier potencial desprendimiento de piedras ... La máxima inclinación de la pared coincide con un cambio en la naturaleza de la roca, ahora similar a la de la marmolera suroeste, con notable mejoría de la adherencia y con mayor presencia de presas, si bien no diviso apenas ningún potencial emplazamiento para ningún tipo de seguro, salvo que se disponga de los históricos clavos extraplanos, concretamente las pitonisas de acero duro… ¿dónde quedaron las mazas de la época gloriosa del alpinismo? Pero es ahora cuando echaremos de menos esa seguridad imposible: continuidad de pasos de IIIº con algún que otro IVº-, hasta que desaparece el impulso vertical y la dificultad disminuye: en adelante, solo IIº con algún esporádico y breve IIIº- intercalado y eludible sin gran contratiempo, sobre una roca ya característica del típico calcáreo gris claro; bastante roto, con numerosas presas y considerable adherencia, mas no demasiado fiable. Finalizo la ascensión de la placa directamente, muy a la izquierda de las líneas oscuras que dibujan las vetas que me han servido de guía en la parte más difícil de la ascensión"

Lo cierto es que ni en el principio de la vía, inicialmente andando, ni en su mitad final, más larga de lo que aparenta, aprecié en modo alguno la dificultad que indica el croquis de Altitude. ¿Estaba aquel día en estado de gracia? No lo creo. Pienso que solo unos pocos metros en el centro del embudo, precisamente los que mi vía esquiva, pueden alcanzar el Vº del croquis; eso sí, será un tramo de superación delicada y, potencialmente, en malas condiciones. Sin embargo, apenas suponen una mínima parte de la ascensión. Por debajo, nada. Insisto en que se gana altura en gran parte andando, aunque con precaución debido al pulido extremo de la roca. Y, por encima, no mucho más. Ascensión cómoda y relajada, donde se podía elegir el itinerario sin ninguna clase de contratiempo a todo lo largo y ancho de la marmolera; sin embargo, esta finalización se hace muy larga y un tanto pesada por su monotonía y carencia de interés.


zona inferior de la placa; muy fácil

zona inferior y margen izquierdo de la placa.

...y margen derecho. Zona inferior apenas inclinada

la marmolera oeste desde la cresta noroeste de Garmo Negro. Aquí se aprecia mejor la inclinación media de la pared, muy plana abajo y con solo un resalte intermedio más empinado.

La evaluación de la dificultad de una vía es siempre una cuestión delicada de arriesgada solución. Si ya es desafortunada la sobrevaloración, aún es peor el vicio contrario, pues puede alentar a peligrosas incursiones, dada  la presunta facilidad del itinerario reseñado. Por lo demás, ¡qué fácil es equivocarse!, sea por nuestro ánimo cambiante, por la suerte de acertar con el paso correcto o por cualquiera de las mil y una razones restantes que nos pueden nublar el juicio y conducirnos a una precisión errónea. Lo cierto es que cuando indico un cierto grado de dificultad desearía que se me leyese con la máxima prudencia, aunque finalmente tampoco sean tantas ni tan relevantes las inexactitudes cometidas. En fin, la cuestión no tiene remedio conocido, salvo la confrontación de numerosos evaluadores y no es este el caso. No queda sino pedir perdón de antemano y aconsejar a todo pireneísta que afronte siempre su excursión preparado para resolver cualquier sorpresa, algo que más temprano que tarde encontrará.

Por supuesto, todo lo escrito no solamente es válido para esta vía, sino para todas las reseñadas en este blog y, en particular, para las marmoleras del Infierno.


zona inferior de la marmolera, desde el Garmo de las Albas.


Infierno, antecima occcidental, con la marmolera suroeste a la derecha y la occidental a la izquierda (solo visible la zona superior)

domingo, 20 de septiembre de 2020

El glaciar rocoso de Argualas

 el Glaciar rocoso de Argualas, bajo el pico de Algas...

el glaciar en detalle...

Algún extraño antojo, similar al que derivó en mis fructíferos amoríos con las marmoleras del Infierno, hizo que mi atención quedara seducida por el glaciar rocoso de Argualas, ubicado en una estrecha cuenca orientada al norte, bajo los picos de Algas y Garmo Negro. 

Garmo Negro y Algas, con sus respectivas crestas orientadas al norte, que encierran al glaciar rocoso y proponen interesantes vías de ascensión para completar la visita.


Pero, ¿qué es eso de un glaciar rocoso? Pues resulta que existen glaciares “blancos”, “negros” y... ¡rocosos! Con los primeros estamos familiarizados y son los más típicos: un extenso campo de hielo —ya más bien bien chiquito en nuestros queridos Pirineos—, casi todo el año cubierto de nieve y que se desplaza por su propio peso, lo cual forma fantásticas —y antaño peligrosas— grietas. ¿Quién no ha visto y pisado uno?... pues también es verdad que cada estío resulta más difícil, ¿no? En fin, que, a veces, las piedras que caen encima del hielo lo hacen en tal cantidad que terminan por ocultarlo: ya tenemos un glaciar negro. Pero un glaciar rocoso es otra cosa, ¿vale? Realmente, suelen formarse a partir de un glaciar negro que evoluciona a rocoso cuando su núcleo acaba por convertirse en una masa de clastos (léase pedruscos) de todo tipo y condición, junto con gravas y arena, todo ello cementado con hielo. Se consideran activos cuando existe desplazamiento de la masa, como en cualquier otro glaciar; de otra forma, se trataría de fósiles relictos o camino de transformarse en una acumulación de piedras de lo más rústico. 


la Gran Railliere bajo el Midi d' Ossau. Se aprecian los surcos lobulados y la huella del arrastre. Arriba, justo debajo de la niebla puede apreciarse el refugio de Pombie.

Por cierto, uno de los casos más sobresalientes es el que aparece en el Midi d' Ossau: quienes han tenido la suerte de tentar el Midi por su vía normal desde el refugio de Pombie, recordarán haber atravesado un enojoso caos de rocas, la Gran Railliere, próximo al refugio. Pues bien, tal aglomeración pétrea divisada a vista de dron —léase por los antiguos “a vista de pájaro”— dibuja unos curiosos arcos lobulados que lo atraviesan de lado a lado con riguroso paralelismo. Parece evidente que tales formaciones responden a la migración del roquedo camino del fondo del valle como si de un fluido se tratare. Por supuesto, aquí ya no queda hielo ni glaciar que se precie, aunque quizá lo hubiera no hace tantos años, en la Pequeña Edad del Hielo. Esto último viene a cuento porque se aventura la posibilidad de que el glaciar rocoso de las Argualas se formase precisamente entonces, secuela de un primigenio glaciar negro. 


 ibones de Pondiellos, al fondo la cresta noroeste de Garmo Negro y, más allá, el Midi

curioso vivac próximo al collado de Pondiellos.

travesía bajo la mole de Garmo Negro, camino de su cresta noroeste.


Sin embargo, todo lo relativo a los glaciares rocosos tan solo ha sido estudiado muy recientemente, a partir de los años ochenta del siglo pasado, así que hipótesis y preguntas abundan mas que las respuestas. 


la caminata se hace algo larga, en ocasiones sobre piso inestable.

el majestuoso Infierno con su marmolera suroeste nos escolta.


¿Queremos contemplar de cerca el glaciar rocoso de Argualas? No será empresa fácil. Para acceder hasta él, deberíamos partir de Sallent de Gállego, desviándonos desde el barranco de Pondiellos hacia el ibón de la Sartén o de las Albas. Ello presenta algunos inconvenientes: el camino es largo y se parte desde un punto a baja altitud; en los alrededores de Sallent, el sendero es perdedor, empantanado y enmarañado de zarzas, y, por último, mucho más importante y decisivo, así solo conseguiremos pisarlo, pero no “verlo”. El espectáculo, como en la Gran Railliere, solo es posible desde lo alto. En consecuencia, la mejor opción pasa por partir del Balneario de Panticosa, cruzar el collado de Pondiellos y descender más allá de los ibones, hasta alcanzar la cresta noroeste del Garmo Negro. La imágenes que ilustran este artículo han sido tomadas desde una punta, prolongación de dicha cresta, denominada Garmo de las Albas (2.754 m). Tuve mucha fortuna por encontrar un punto de vista ideal. 



ibón de la Sartén o de las Albas, al pie del glaciar.

cabecera del barranco de Pondiellos desde el Garmo de las Albas.


Bien, el glaciar rocoso de Argualas ha sido muy estudiado en la última década del siglo XX, estableciéndose su desplazamiento en una media anual en su eje axial en torno a 32 centímetros durante ese periodo, cuando también sufrió una pérdida de grosor de hasta 10 centímetros anuales en la raíz y 5 en el frente. Para establecer estos movimientos, así como para un mejor conocimiento de la dinámica glaciar, se instalaron varillas de auscultación topográfica, complementadas con otras técnicas como el sondeo eléctrico y los registros térmicos. El glaciar tiene una longitud de 750 metros y un ancho de 400, ocupando una superficie de 35 hectáreas, con su cabecera por encima de los 2.700 metros de altitud; presenta una estructura interna en tres capas: en la base, un cuerpo sedimentario descongelado que varía entre 2 y 4 metros de espesor y que desaparece en el frente; por encima, un estrato helado de 10 a 20 metros de espesor, sobre la cual reposa la lámina activa superior, también entre 2 y 4 metros. En total, un máximo de 23 metros. El adelgazamiento del cuerpo glaciar se debe esencialmente a la fusión, con una mínima pérdida derivada del estiramiento en el sector central, en tanto que en el frente, que forma un talud de 40º, apenas hay reducción de grosor; en todo caso, la dinámica del glaciar es sumamente compleja. Como dato curioso, cabe aducir que estos glaciares resisten el calentamiento global mejor que los blancos, pues el espesor de la capa superior supone un buen aislante que compensa la mayor absorción del calor solar por parte de la roca.

por el desagüe de los ibones asoma el macizo del Balaitús

perfil de la cresta noroeste de Garmo Negro.


¿Entonces, cuál es su futuro? Pues tan sombrío como el de cualquier otro glaciar pirenaico, situándose nuestro ejemplar por debajo de la isoterma anual -2º, incluso de la de 0º, límite altitudinal bajo el cual no se dan las condiciones óptimas para su conservación. Los glaciares se forman por una elevada innivación, en un entorno climático muy frío. Cuando se reduce la aportación de nieve y los desprendimientos pétreos son abundantes, aparecen los glaciares negros; si la acumulación de derrubios supera la capacidad de generar hielo, el desplazamiento ladera abajo se reduce y el glaciar deviene rocoso. Hoy por hoy, nieva poco y el calentamiento global es un hecho constatado. Así que... ¡adiós glaciar! Más temprano que tarde desaparecerá. Eso, sí: dispondrá de abundantes lápidas para su tumba, pues las crestas adyacentes se muestran muy bien dispuestas a aportar todos los cantos necesarios... incluso algunos más.


de Garmo Negro se desprende una atractiva cresta, con un par de segmentos muy afilados y otras dos secciones aéreas. El problema no estriba en la dificultad técnica, sino en la calidad de la roca.


En épocas geológicas pretéritas el glaciarismo estuvo relativamente más desarrollado en los Pirineos que en otras montañas ubicadas mas al norte, precisamente a causa de una elevadísima innivación, mientras que en latitudes más elevadas el propio frío y el océano congelado la moderaban. Pero también ha habido épocas muy recientes en las que no quedó rastro de hielo en la cordillera: al parecer, ni Anibal ni sus elefantes tuvieron el menor problema con la nieve en su incursión contra Roma. Por el contrario, a partir del siglo XVII toda Europa sufrió un severo enfriamiento climático, responsable de que nosotros hayamos conocido el hielo que aún permanece en los Pirineos. De momento, lo único que perdura desde los albores históricos es la capacidad del circo Algas-Garmo Negro para proveer de clastos al glaciar. Munición no faltará, desde luego, lo que, por lo demás, supone un grave inconveniente para redondear nuestra incursión por este curioso glaciar con la ascensión a cualquiera de las dos cimas que lo escoltan: resulta especialmente atractiva la cresta noroeste de Garmo Negro, de escasa dificultad técnica, pero sumamente delicada por la calidad de la roca. La gemela en el Algas aún tiene peor aspecto. En cambio, de haber elegido Sallent como punto de partida, podríamos rodear por el oeste la cresta que desciende del Algas y alcanzar la cumbre sin problemas; además, podremos pisar otro muy pequeño glaciar rocoso, apenas una lenteja, bajo el pico de Cerrez. Claro, que en tal caso, también tendremos que regresar por el mismo camino.



En fin, la esencia de nuestros montes todavía guarda sus pequeños e íntimos secretos, que de vez en cuando nos brinda para satisfacer nuestro ansioso apetito de novedades.






lunes, 24 de agosto de 2020

Infierno. Marmolera suroeste II

en verde, la vía original de 2015; en rojo, la actual, descrita en esta entrada.


¿Qué hago aquí, de nuevo en la marmolera suroeste del Infierno? Me he contestado con varias excusas de todo colo y fundamentor; quizá la más convincente de ellas pase por rememorar viejas sensaciones, propias de la que fue mi primera cita seria con las marmoleras infernales. Desde luego, allí, hace un lustro, nació mi querencia por estas losas luminosas, fervor que me llevaría a reconocer a fondo todas las marmoleras que ciñen esta peculiar montaña. 


rumbo al collado de Pondiellos; al fondo, Tendenera.

Y de esta marmolera, ¿qué? Pues he ensayado una variante, el filón diagonal inferior, ya de por sí de trazado algo menos elegante que el superior. Entrada directa, despreciando la primera sección, sin duda de menor interés. Encuentro una roca de gran calidad, pero no de tan excelente adherencia como recordaba; además, la roca oscura tiene las presas redondeadas y a veces húmedas; no me encuentro demasiado cómodo y opto por ascender hacia el familiar filón superior, el cual recorreré en gran parte, desviándome después un poco más arriba de la ya desdibujada vira, hasta alcanzar después directamente la cresta cimera, más o menos tal como queda reflejado en el croquis.
 
la marmolera suroeste, casi al alcance de la mano. Todavía imponente...


...pero pronto se humaniza y aparenta algo más accesible; tampoco conviene llamarse a engaño.

Pero tornemos al principio: salida desde el Balneario de Panticosa y llegada al collado de Pondiellos en poco más de tres horas, un horario ya desacostumbradamente bueno para mí, muy a pesar de que veo cómo me adelantan sin cesar andarines con menos años... y menos peso en la mochila, quienes aún cargan con ella. Hoy, por cierto, el monte está lleno a rebosar y el camino hacia el Garmo Negro es un rosario incluso en zapatillas de ascensionistas ilusionados; al menos, eso se deduce de sus comentarios apresurados. 


 ibones de Pondiellos, ya deshelados. No hay que intentar conservar la altura del collado, sino que es preferible descender hasta casi la orilla del primer ibón.

Amparado por el dictado de viejas experiencias, desciendo directamente desde el collado hacia los ibones de Pondiellos, aunque no preciso alcanzar su orilla. Sin la pretensión de recuperar altura, rodeo el espolón del Infierno y solo cuando tengo la marmolera suroeste a la vista, emprendo una media ladera ligeramente en ascenso. Sin mayor circunstancia, llego al pie de la marmolera una hora más tarde, todavía 200 metros por debajo de la cima. Un nevero helado residual, poco visible, ciñe casi todo el pie de la placa, pero lo puedo sortear sin problema. Me admira el aspecto impresionante de esta cara, la cual augura una dificultad muy superior a la real desde casi todos los puntos de vista, excepto desde donde estoy; apariencia sobrecogedora que, desde luego, también comparten quienes recorren la cresta cimera, algunos con el estómago encogido. 


Garmo Negro y Algas desde la cumbre del Infierno.

Me dirijo hacia una gran roca oscura, excelente referencia, para tomar pie en el marcado filón diagonal inferior. En total, será poco más de una hora el tiempo requerido para conquistar la cumbre, también bastante concurrida en esta ocasión. La marmolera es franca y permite muchas combinaciones, sobre una roca de gran adherencia y notablemente segura. Aunque hay que contar con esporádicos pasos de III, las complicaciones nunca abruman y la escalada, siempre elemental, es cómoda y placentera. Sin embargo, abundando en todos los aspectos ya citados en https://rondapyrene.blogspot.com/2015/06/infierno-marmolera-suroeste.html sería muy aventurado emprender esta ascensión sin una firme experiencia montañera. La pared queda muy, muy, lejos de la vertical, desde luego; pero, aunque permite circular por ella con facilidad, también es suficientemente enhiesta como para castigar sin enmienda cualquier error; por lo demás, es prudente mantenerse siempre próximos a las líneas del relieve que prometan continuidad de las presas, sea por fisuras o por cualquiera de los filones más o menos oscuros y de todos los tamaños que surcan la marmolera por doquier.


Arnales, collado Saretas y pico de Pondiellos, desde la cima del Infierno.

la cresta nordeste del Infierno; aguja Bicolor y Pitón Marrón (bautizos de Jean Arlaud).

la cresta de Arnales, desde la cima (izquierda), a la antecima sur.



sábado, 8 de agosto de 2020

Arnales, del esplendor al ocaso.

Érase un tres mil con su antecima sur, también de tres mil metros. La fiebre de la altura propició más visitas de las que le hubieran correspondido por su empaque, efectuadas casi siempre por su más que dócil vía normal, desde el collado que separa a nuestro protagonista, el pico de Arnales, del más afamado pico del Infierno (antaño, Quijada de Pondiellos). Merced a que su antecima también gozaba del pasmoso apelativo tresmilero, muchos se aventuraban a reconocer la escueta y aérea sección que separa ambas puntas. Incluso no faltaron quienes se decidieron a atacar la, de por sí, interesante cresta que nace en el collado Sarrettes.


Pero, resulta que sucesivas mediciones despojaron a la antecima de su corona, con lo cual también se desvaneció gran parte de su aliciente; tampoco se libró del revés la cima principal, que perdió la cota 3006, luego la de los 3002 y recientemente aparece reflejada en los mapas del IGN con "solo" 2996 metros. Curiosamente, una punta irrelevante en la cresta vecina, sacralizada como “tres mil fantasma”, ha conseguido atraer muchos invitados. Sic trasit gloria mundi.
cresta oriental de Arnales, tramo intermedio.
Entretanto, ¿qué ha cambiado en la naturaleza? ¡Nada! Bueno, algo sí; se ha caído alguna que otra piedra, pues, desafortunadamente, el airoso espolón que nace en el collado Sarrettes y la gallarda cresta que lo escolta no se caracterizan por la solidez de la roca; detalle a tener muy en cuenta, mientras que la dificultad técnica es realmente baja... aunque, quizá no tanto como lo pregonan ciertas reseñas. Puedo admitir la valoración de PD+, en tanto que apenas si se tropieza con algún que otro metro de IIIº, pero la exposición, el carácter aéreo de gran parte del recorrido y la calidad mediocre de la roca entran en franca contradicción con un nivel de dificultad inferior. Por más que tales circunstancias no se debieran tener en cuenta a la hora de valorar la dificultad, he de señalar que será frecuente realizar pasos de mayor complejidad técnica si deseamos resolverlos con seguridad. Por supuesto, nada nos librará de tantear cada presa y cada apoyo.ibones de Pondiellos.

vista de la primera sección de la cresta, hasta la antecima.

perfil íntegro de la cresta.

Desde el collado Sarrettes se ataca directamente el espolón, que pronto decae momnetáneamente en su impulso vertical para, enseguida, tornar a erguirse notablemente y oponer un corto muro, tan erecto como obligado, creo. Más arriba todo se vuelve más fácil, aunque siempre en un terreno muy exigente en cuanto a la atención requerida. Sucesivos resaltes, alguna pequeña brecha, casi siempre por el filo de la cresta y un torreón final, en esta ocasión de buena roca, hasta la antecima sur, la cual desprende una marcada arista en dirección sureste. La cresta hasta la cima principal es sinuosa y recortada, pero no presenta ningún obstáculo digno de reseñar. En total, supone en torno a una hora de escalada.
De la cima se desprende otra más que interesante cresta, a lomos de la cuenca de Bachimaña, que desciende hasta el mismísimo ibón de Arnales. Tan solo he recorrido su tramo central; se trata de un largo itinerario que presenta varios pasos de aspecto conflictivo junto a holgados tramos aparentemente muy pasaderos. Sea como fuere, este cresterío junto con el reseñado suponen dos vías de elevado interés para justificar una ascensión que únicamente desde el Infierno semeja de escaso provecho. Por cierto, también es factible llegar al pico del infierno desde el collado Sarrettes, sumando a lo ya citado el paso de la brecha:

¿Hablamos de sensaciones? Tengo que reconocer que superada la mitad de la ascensión, no me hubiera hecho ninguna gracia verme obligado a retroceder por donde había subido. Sobre todo, porque destrepar una roca tan vertical e inestable es sumamente peligroso. Sin embargo, dado que la información que poseía no hablaba de ningún obstáculo serio y en ningún momento me sentí apurado, el trayecto resultó placentero, mas pienso que no estamos ante una vía demasiado recomendable. De hecho, no encontraremos por aquí nada similar a las multitudes que suben a Garmo Negro, ni siquiera la proximidad de quienes pretenden conquistar el pico del Infierno por su cara sur.

Aun siendo más duro, recomiendo el ascenso por la cuenca de Arnales, efectuando el retorno a través del collado de Pondiellos, algo más corto y cómodo. Track: 

https://es.wikiloc.com/wikiloc/spatialArtifacts.do?event=setCurrentSpatialArtifact&id=54194781

miércoles, 15 de julio de 2020

El circo secreto del Aspe. La Llena del Bozo

el Paso del Aspe, una vez franqueado.
el Paso del Aspe, una vez franqueado.



¿Escondido, secreto...? Nada de eso. Por el contrario, el circo del Aspe es muy visible, omnipresente desde la carretera que da acceso al puerto de Somport por la vertiente francesa. Pero tanto españoles como galos apenas suelen limitar su visita a los encantadores bosques de las Hayas y de Sansanet. Entonces, ¿cuál es el problema; qué es lo que impide la invasión turística, tan afín a escrutar cualquier rincón que se precie? Pues resulta que tan privilegiado paraje dispone de un buen cerrojo, en este caso conocido como Paso de Aspe. Ya sabemos que cuando al escenario le asignan nombre propio, es que de verdad tiene algo que lo distingue. En este caso, ni siquiera es cómodo llegar y aún menos atravesarlo; para la mayoría, la única opción de accedeer al Circo de Aspe pasa por el GR que transcurre entre el refugio de Lizara y Candanchú, pero en tal caso, solo se ve desde lo alto; un poco más cerca, eso sí, que desde las majestuosas cimas que lo circundan: el Aspe y sus dos vecinos, la Llena del Bozo (originariamente Liena de Elbozo) y Llena de la Garganta (antaño Liena de la Chaminera), topónimos que doy definitivamente por perdidos.

avanzando por el Circo. La Llena de la Garganta.

el Paso Nazapal y el curioso plegamiento sobre el que cabalga el GR.

recién nacida, la Gave de Aspe corre hacia el Atlántico. Aún le falta mucho, ¿no?

justo por esa terraza sobre el plegamiento discurre el GR...

...protegido casi hasta el absurdo, al menos en condiciones normales.

Aspe y Llena de la Garganta

espolón NE de la Llena del Bozo, mucho más herboso de lo que aquí aparenta.

Al Paso del Aspe se llega desde Causiat, en la cabecera del bosque de Sansanet o desde el circuito de fondo de Candanchú. Tras atravesar en suave descenso el hayedo, nos alzamos, rodeando alguna que otra cárcava, hacia el torrente que cae en cascada por la Chorrota. Sí, sí; por ahí hay que colarse, incluso cruzando el cauce en dos ocasiones. Un par de pasos apenas complicados de escalada entre los bloques y, algo más arriba, el ascenso por una ladera tumbada de yerba y rocas resbaladizas. Solo se requiere un poco de atención. Enseguida nos encontraremos en un plácido vallejo, surcado por la recién nacida Gave de Aspe. En ambas márgenes, yerba alta... húmeda las más de las veces... muy húmeda, incluso. De hecho, en mi última incursión, descubrí un nuevo uso para los bastones: sacudir previo al paso la vegetación para que perdiera algo de agua, irremediablemente predestinada a mis pantalones... remedio harto insuficiente, para mi tormento.


el valle de Aspe, siempre sumido en la niebla.


Si continuamos el ascenso por el fondo del valle, o bien por su ladera soleada en un vano intento de secar el atuendo, tropezaremos más arriba con la glera, ¡por fin algo seco!, oportunidad para descubrir las marcas características del GR, de claro y aconsejable trazado entre tanto derrubio. Dejaremos, pues, de lado los engorrosos accesos al collado entre el Aspe y la Llena de la Garganta, o al paso Nazapal, salvo que persigamos el ascenso a esas cumbres. Por el contrario, para alcanzar la Llena del Bozo basta seguir el sendero del GR hasta el collado de Esper y, desde allí, conquistar la cumbre sin dificultad por la cresta. Bonita, lógica y reconfortante ascensión de poco más de cuatro horas.

el espolón NE tiene desde aquí una vista fantástica.

collado de Esper.

edelweis.

ya cerca de la cima.

y ya casi arriba del todo. Aspe y Llena de la Garganta.

la niebla, compañera habitual del valle del Aspe.

el Circo, desde el GR.

desde esta perspectiva, el espolón carece de interés. Sin embargo, era mi objetivo inicial.

Llena de la Garganta y Llena del Bozo.

Para el retorno a Candanchú queda abierta una alternativa al paso del Aspe, con doble opción: bien seguir el GR, remontando unos 200 metros y mediante un largo rodeo que nos conducirá a la Estación a través de la pista del telesilla de la Tuca Blanca y el collado del Pastor; bien, más directamente, a través de los Lomeros de Esper. Esta última solución podría ser muy rápida y recomendable, a condición de conocer el terreno, ya que su única salida, en un paraje flanqueado por cortados inaccesibles, es por la conocida por los esquiadores como “diagonal de Esper” en el descenso de travesía libre de la Tuca Blanca por un itinerario no balizado ni preparado. Obviamente, esta opción también es válida en ascenso, pero nos perderemos el Paso del Aspe y el fondo del valle.

el valle de Aspe desde el GR, encima de los Lomeros de Esper.

Track de la ruta en: https://es.wikiloc.com/wikiloc/spatialArtifacts.do

ANEXO: El Paso de Aspe: 

Un estrecho sendero nos aproxima hacia el visible estrechamiento; se rodea una cárcava muy pendiente y se desciende hasta el cauce de inmediato. Hay que cruzarlo, lo que no suele suponer el menor problema (atención a posibles crecidas en un hipotético regreso). En seguida, nos colamos entre dos bloques por una estrecha separación (¿IIIº-?), con excelentes presas. Un poco más arriba, hay que superar una corta pared vertical con buenas y abundantes presas (¿IIIº-?), para desembocar en una badina, debajo de una hermosa cascada. Se cruza de nuevo el torrente. Es posible llegar hasta aquí por la otra margen (derecha), sin cruzar el riachuelo, pero en tal caso se requiere una progresión ya muy complicada sobre roca húmeda; por el contrario, los pasos indicados (máximo de IIIº-) están al alcance de todo el mundo y carecen de exposición.

Por encima queda la superación de una ladera tumbada de yerba y roca resbaladiza, lo cual es posible por diferentes puntos. Quizá la solución más segura estriba en utilizar una canal próxima a la pared que delimita el Paso, despreciando el más dudoso trajinar de piedra y yerba, siempre menos fiable. Se desemboca en un apacible vallejo.