Vías Pirineos de dificultad media, [escalada PD, AD, D (IIº/IVº, máx. Vº)]. Vivencias de montaña. Rincones desconocidos o escasamente divulgados. Y alguna que otra reflexión

domingo, 24 de marzo de 2013

Billare, destino incierto.

Después de atravesar el Somport, el hermoso y verde valle de Aspe da acceso al de Lescun, famoso enclave pirenaico al fondo del cual las archiconocidas agujas de Ansabere desafían al cielo con descaro. Su altiva silueta, a la que durante mucho tiempo se otorgó el título de inaccesible, se presenta desde Francia enmascarada por otra hermosa montaña, de gran porte y abruptas laderas: es el Billare, cumbre bicéfala cuya pared NE está suspendida sobre el Plateau de Sanchèse, 1.200 metros más abajo. Sin duda, un importante y escarpado desnivel, que en poco envidia a las más notables de nuestros Pirineos.

el Billere sobre Lescun

La compacta mole del Billare domina con inmensidad el horizonte de Lescun y el deseo de vencer a esta imponente montaña se hace imperioso, pero su aspecto poco tranquilizador y la ausencia de itinerarios evidentes son claras invitaciones a saber más... Hay quien, cuando indague en la letra impresa soluciones a las incógnitas que plantea con profusión el Billare, obtendrá probablemente respuestas poco estimulantes. Otros tal vez opten por atacar directamente sus paredes sin más preámbulo, iniciativa poco aconsejable pues estamos frente a una cima que sabe cómo defenderse y que incluye entre sus armas el recurso a la niebla, tan frecuente como desesperante en los confusos riscos superiores. Sería ilusorio, además, especular con la idea de que este pueda ser el único obstáculo.

Sea como fuere, el evidente y amplísimo corredor Este, que escinde en dos la montaña y se abre sobre el Plateau Sanchèse, perfectamente visible desde la villa de Lescun, atrae como un imán y sugiere una tentadora ruta de ascensión. A su izquierda se levantan el circo y las paredes Sur, compleja aglomeración de peñascos que —sólo desde la proximidad— rompen la monolítica faz del Billare. Parecen posibles allí diversas vías y existe al menos una de baja dificultad, desaconsejable por el riesgo de desprendimientos, un peligro muy real y que no se limita a esta vertiente. La cara Norte tampoco da facilidades, en tanto que hacia el Oeste encontraremos un poco atractivo (en verano) corredor y la vía normal, el mejor camino para retornar a la horizontalidad. 

la cara este del Billare y su gran corredor
Si nos dejamos seducir por los sugestivos alicientes del Couloir Este, podemos llegar hasta su base a través del bosque de Larrangus, partiendo de la pista que se dirige al Plateau Sanchèse, hermoso rincón accesible en vehículo con escasos riesgos para la carrocería —¿alguien puede dudar que tal nombre alude al “Llano del Sánchez”?—. Como poseo cierta afinidad con los roedores de biblioteca y bastante capacidad para ilusionarme gracias a las montañas de papel, tuve temprana consciencia de que el corredor se cierra en un sombrío embudo, L’Entonnoir, complicado de superar (Vº frío y húmedo) y, sobre todo, receptor de cualquier piedrecilla decidida a bajarse de la pared. Como opción viable, es posible alcanzar el gran couloir algo más a la izquierda y a un tercio de su base, mediante unas terrazas y corredores de perspectivas bastante amables; para llegar hasta su pie puede utilizarse el camino del lago de Lhurs, itinerario hermoso, complejo y... salvaje, desde que se abandona el sendero, prometedor prólogo del resto de la ascensión (pasos de IIIº hasta el corredor Este). La hermosa arista que delimita al corredor en su labio meridional no es sino una caótica masa de derrubios mal organizados: todo se cae y desde aquí parece imposible que los escombros desprendidos, aún sin ayuda de montañeros inquietos, no hayan colmado todavía el zócalo... Un poco de paciencia. Y un suspiro de alivio si hemos renunciado a L’Entonnoir o conseguido llegar hasta aquí tras vencerlo.

Ahora, el Billare es un tanto decepcionante. La escasa dificultad técnica que podíamos encontrar se desvanece, pero el carácter del terreno y su exposición mantienen la alerta. Tras alcanzar la Grande Brèche (2.141 m.) que separa el Grand del Petit Billare, es probable que renunciemos a este último, ya que el camino de regreso obliga a descender de nuevo a la brecha. Camino de la cima principal, se abre ante nosotros un atractivo y cómodo pasillo, junto a la punta de Larrangus, del que ha de salirse superando un pequeño resalte alineado a lo largo de toda su margen izquierda (a la derecha). Por desgracia, se comprueba pronto con inquietud la imposibilidad de superar tan nimio escalón, pues allí donde se apoye la mano, quedará adherido a ella un pedazo de monte. Obviamente, no es esta la vía correcta, que ha de buscarse en las placas ubicadas a la derecha del pasillo, enfrente del Petit Billare.

Hasta hoy, desconozco lugar tan descompuesto como este... Tal vez, si vuelvo algún día —lo dudo—, descubra que no era para tanto. He conocido otras experiencias así, mas, por el momento, no puedo aconsejar esta ruta para conquistar tan hermosa montaña. Tal vez el corredor NE, muy largo y difícil, al Petit Billare, o algunas vías en la cara NO, como el corredor occidental (F +), bien visible desde la normal, y un par de vías AD también al Petit Billare por esta cara… Sin embargo, el Petit implica una ascensión comprometida, tanto en sí misma como por el retorno, sea cual fuere la ruta elegida para ello. 

couloir NE al Petit Billare
El descenso de la cima principal transcurre atravesando la cúspide, algo enredada, en dirección al lago de Lhurs —también es factible el descenso directo hacia el lago, pero sobre terreno muy empinado y deslizante—. Cruzaremos una pequeña brecha y destreparemos más tarde una corta chimenea. Tras ella, el collado y trazas de un borroso sendero que desciende hacia los Cayolars d´Anaye. En este paraje se enlaza con el marcado camino del Plateau. Con buenas condiciones y visibilidad, esta vía normal no presenta ningún problema (solo una chimenea vertical de tres metros con enormes presas). Pero creo haber dicho que el Billare sabe defenderse. Y parece encontrar un refinado placer en hacerlo. Seguramente, en ello reside la causa de tan escasas visitas… siempre de incierto destino.




martes, 12 de marzo de 2013

Los corredores, ¿fáciles?, de Telera.

La vertiente norte de la Partacua en verano es impracticable y desoladora por lo que se refiere a sus corredores colmados de deslizante material de derrubio; únicamente la canal de Cavichirizas (Cobacherizas, Cachivirizas, Cavechirizas, Ca-no-sé-qué…) puede ser una referencia válida, como vía normal a Peña Telera; por el contrario, en invierno estos mismos corredores se transforman en una maravillosa e insoslayable invitación.

la Partacua y Peña Telera
De todos ellos, los más accesibles teóricamente en el sector oriental de la Partacua serían la ya mencionada canal de Cavichirizas, la canal de Retos o de la Y, la de la Zeta y la de Pacines; en el sector occidental, la Canal del Burro. Claro que lo de fáciles solo puede citarse con permiso del estado del hielo o la nieve: en invierno, más que nunca, la montaña es la que establece las reglas. Y tales reglas, en forma de cornisa, pueden complicar notablemente incluso la conquista del más accesible de estos corredores, la canal de Cavichirizas. De todas formas, esto es poco frecuente; el problema de esta ruta reside en su prolongación natural, el famoso paso horizontal, bajo las paredes de Peña Parda, cuando el objetivo es Peña Telera. Se trata de un laaaarguísimo y expuesto paseo, muy peligroso en condiciones adversas que, cuando hay suerte, ofrece la opción de utilizar un nicho excavado a lo largo de toda la pared de Peña Parda a modo de rimaya. Aun así, todavía quedarían algunas rampas emocionantes; para descender de Telera, la mejor alternativa pasa por Peña Parda y su espolón sur, lo que impone un largo y fastidioso rodeo que, no obstante, suele ser más rápido que el paso horizontal. Al menos, eso es lo que pude constatar en el descenso de la Gran Diagonal, cuando coincidí con varias cordadas: las que optaron por el paso horizontal llegaron a la Forca con bastante retraso (y tengo entendido que con el vello erizado). 

 canal de Retos desde cima Capullo. Impresionante, ¿no?
En cuanto a la canal de Retos o Doble Y, es un hermoso corredor bastante empinado que impone un gran nicho o caverna, formado por un enorme bloque ya en las proximidades de la salida, como obstáculo más serio. Un ataque frontal para alcanzar la cavidad exige la superación de un muro cuya inclinación ronda los 60º, si bien suele ser factible el asalto lateral, con lo que los 60º se quedan en unos risueños 45º. El piso de la oquedad puede aparecer tapizado de verglas quebradizo; por encima, solo queda una amplia y monótona pala que no excede de 45º. Para el retorno suelen utilizarse dos rápeles, el primero hasta el nicho y un segundo instalado sobre anclajes fijados en su bóveda. Este corredor, perfectamente válido por sí mismo, constituye también una alternativa aceptable para el descenso de Telera. 

Punta Plana o Tríptico; a la izquierda, la canal de la Zeta
Más que como ascenso, la canal de la Zeta supone un práctico descenso de otras vías de mayor compromiso de la Partacua. Con su trazado sinuoso y estrecho que hurta el abismo y una inclinación moderada, siempre inferior a los 45º, nos brinda una magnífica solución que solo impresiona cuando se divisa desde lo alto. Normalmente, no precisa rápel para el descenso; todo dependerá del estado del hielo en la zona superior. Una esbelta agujilla calcárea, delgada como un lápiz, puede servir como referencia para reconocer el punto exacto en el que desemboca esta canal. En el margen derecho pueden observarse varias instalaciones de rápel (cordinos y parabolt); también suele quedar muy claro cómo unos están muy altos, inalcanzables, y otros bajo el hielo. Por fortuna, las instalaciones en setas talladas en el hielo son rápidas (más de lo que parece), prácticas y seguras.

Pacines: debe abordarse fuera del corredor, a la izquierda; abajo, las cascadas Silvia
Por último, la canal de Pacines encierra una trampa insidiosa en cuyas redes caí hace años, cuando la recorrí en descenso sin conocimiento previo, por culpa de ciertas guías que no advertían acerca de la necesidad de abandonar la propia canal en su tercio superior, para tomar una vía accesoria en la margen derecha. Y es que algunos autores no parecen haber transitado por alguno de los itinerarios que describen. Merece la pena evocar la experiencia: emprendí la bajada por una rampa de 50º, legado de una antigua cornisa, aunque muy pronto el corredor se estabilizó en una cómoda pendiente de poco más de 40º. Tras un par de sustos en los que el corredor parecía estrangularse, las falsas alarmas devinieron en un problema real, casi ya en la base del corredor: efectivamente, este quedó cortado por las cascadas Silvia, un resalte vertical para el que no contaba con una cuerda suficientemente larga. Ante la perspectiva de remontar toda la canal, con el horario previsto desbordado y cuando el sol vaticinaba potenciales desprendimientos, busqué y encontré una escapatoria por la margen izquierda, por la que descendí encadenando tres cortos rápeles de siete u ocho metros. ¡Había estado a punto de emprender esta excursión sin cuerda! En caso de necesidad, debe buscarse esta salida justo encima de las cascadas Silvia, en el margen izquierdo del corredor. Es de advertir que este corredor presenta con frecuencia una importante cornisa que suele ser franqueable por el margen izquierdo.

el espléndido trazo de la Gran Diagonal, ascensión más que recomendable.
En cualquier caso, la vertiente norte de la Partacua no ofrece ninguna opción realmente fácil; en condiciones adversas, cualquiera de los itinerarios descritos puede convertirse en un episodio de muy incierto desenlace. Y, a pesar de su menor aliciente, la opción de descender por el mismo camino de ida, que ya conocemos, es una posibilidad que nunca debiéramos menospreciar.

Consultar también La canal del Burro (al Este de la Corona del Mallo), en: 
http://rondapyrene.blogspot.com.es/2015/01/canal-del-burro-pena-blanca-partacua.html

En relación con el nombre de la Forca de Cavichirizas, es esta la denominación más plausible, de acuerdo con testimonios de personas originarias de Piedrafita; también podría ser Cavechirizas o, según alguna otra fuente, Clabicliriza (Ana María Escartín Santolaria).



sábado, 2 de marzo de 2013

La arista de Cap de Long

Los itinerarios que alcanzan la cumbre a través de una arista nos descubren la montaña más hermosa: la dificultad rara vez angustia ni tampoco distrae la contemplación de un paisaje maravilloso y siempre mutante, muy alejado de la monotonía en la que nos sumergen las vías de vertiente.

El macizo francés de Néouvielle alberga dos de las rutas más interesantes: la arista de los Trois Conseillers, de fama reconocida, que trepa hasta el Pic de Néouvielle desde la brecha abierta junto al Pic de les Trois Conseillers y la arista de Cap de Long, entre la cara norte y el glaciar de la vía normal del Pic Long. Tanto a la una como a la otra, se accede desde el embalse de Cap de Long, a cuya presa se puede llegar con vehículo tras atravesar la frontera por Bielsa.

el Pic Long, la arista de Cap de Long y el Maubic
La arista de Cap de Long es francamente accesible, relativamente corta y muy atractiva en cuanto a sus panorámicas. La marcha de aproximación nos llevará desde el ibón de Cap de Long, rodeado por el Sur, hasta el pico Maubic, al este del Long. Supone un paseo algo fastidioso, sobre todo durante el regreso, perdiéndose altura en varias ocasiones. Desde el Maubic, la arista se tiende horizontal durante unos metros, erizada de algunos bloques que no plantean problemas, hasta un pequeño y característico gendarme, aproximadamente en el centro del paseo horizontal. Es posible descender a la brecha que lo delimita para superar después un tramo delicado de hosco aspecto (III+), o bien instalar un corto rápel de siete u ocho metros que nos depositará en una terraza amplia en plena cara norte, la cual se prolonga hasta unos bloques al abrigo del resalte principal de la arista. Tanto si elegimos una u otra alternativa, el terreno plantea pocas dificultades e incluso puede superarse sin aseguramiento, a pesar de algún paso aislado de IIIº que entretiene el camino hacia la cumbre. 

el Long desde el Maubic
Pronto alcanzaremos una zona más abierta y confusa, siempre fácil, por la que progresaremos sobre una roca excelente conducidos por nuestro instinto. La cima, que advertimos próxima, nos atraerá como un imán y dictará el mejor itinerario sobre un terreno poco definido que las cordadas suelen superar en “ensamble”, a despecho de su exposición sobre los abismos de la vertiente norte. Sin contratiempos culminaremos una ascensión que puede calificarse de AD y que nunca apura, justo lo suficiente para evitar una relajación peligrosa. 

la cresta hacia el Badet y Maou, de fiero aspecto
En cuanto al regreso, es preciso alcanzar el collado abierto entre el Long y el Badet, guiados por una sucesión de hitos a través de la cara SO; desde allí podemos bajar por la vía normal con el auxilio de algún rápel hasta el glaciar, pues la regresión del hielo ha descubierto un tramo de roca muy lavada en un ambiente severo. Es más interesante y recomendable proseguir por la propia cresta hasta el Pic Badet o incluso hasta el Pic Maou. A despecho de su fiero aspecto, esta solución nos sorprenderá por su facilidad y rapidez; el descenso entre las dos últimas cimas es evidente y factible por varios puntos y apenas exige el uso de las manos en las proximidades del Badet, aunque en algún punto la roca se muestra muy descompuesta. Tanto por esta razón como por su escaso interés, apenas merece la pena culminar el Pic Maou, salvo que nuestro itinerario incluya la ascensión al Lentilla, Campbieil y Estaragne, para descender directamente a la carretera del embalse. Tal proyecto no resulta descabellado, pero discurre por cimas aborregadas y pedruscos hacinados de penoso caminar, sin otros alicientes que el paisaje o la altura del cresterío, siempre superior a los tres mil metros.

el Long, sobre el lago Tourrat
Es factible acampar en una zona acotada junto al lago, también represado, de Orédon. Probablemente, bien entrado julio, nuestro piolet viajará inútil en la mochila, salvo que utilizemos la vía normal, la cual puede exigir crampones; sin embargo, resulta un tanto temerario prescindir de estas herramientas. Y conviene evitar fines de semana o épocas de gran afluencia pues la carretera de acceso a la Reserva Natural de Néouvielle registra con frecuencia importantes problemas de tránsito, especialmente en sus catorce últimos y sinuosos kilómetros.