Vías Pirineos de dificultad media, [escalada PD, AD, D (IIº/IVº, máx. Vº)]. Vivencias de montaña. Rincones desconocidos o escasamente divulgados. Y alguna que otra reflexión
Mostrando entradas con la etiqueta Infierno. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Infierno. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de febrero de 2021

Infierno, marmolera oeste II

vía descrita en este blog, "La tercera marmolera: Infierno occidental cara oeste", setiembre 2015

croquis Altitude en Pyrénées, 1977, página 390
(Source gallica.bnf.fr / BnF)

Durante mis exploraciones a las marmoleras del Infierno (Quijada de Pondiellos) y particular idilio con estas fabulosas placas, en el verano de 2015 ascendí por la marmolera occidental, la más visible desde Sallent. Supe entonces de la existencia de una vía, a cargo de Ursi y Carmelo Royo, de la cual ignoraba todo salvo una vaga alusión a un paso de Vº. Merced a la intervención de Alberto Martínez Embid, he tenido ahora ocasión de conocer un croquis de la vía, reflejado en Pyrénées, órgano oficial del Musée pyrénéen du Chateau-fort de Lourdes.

Decía en aquella ocasión (La tercera marmolera: Infierno occidental cara oeste,  setiembre 2015)

"...enseguida alcanzo un rellano casi plano que se atraviesa andando y desde el que puedo estudiar sosegadamente la continuación de la escalada, ya que la pared se empina enfrente de mí formando un pequeño circo ... En cuanto a la atractiva y probablemente más difícil continuación por el eje central de la placa, se adivina allí mucha humedad, pues no deja de constituir el desagüe natural de la vertiente, con el grave inconveniente suplementario de canalizar también cualquier potencial desprendimiento de piedras ... La máxima inclinación de la pared coincide con un cambio en la naturaleza de la roca, ahora similar a la de la marmolera suroeste, con notable mejoría de la adherencia y con mayor presencia de presas, si bien no diviso apenas ningún potencial emplazamiento para ningún tipo de seguro, salvo que se disponga de los históricos clavos extraplanos, concretamente las pitonisas de acero duro… ¿dónde quedaron las mazas de la época gloriosa del alpinismo? Pero es ahora cuando echaremos de menos esa seguridad imposible: continuidad de pasos de IIIº con algún que otro IVº-, hasta que desaparece el impulso vertical y la dificultad disminuye: en adelante, solo IIº con algún esporádico y breve IIIº- intercalado y eludible sin gran contratiempo, sobre una roca ya característica del típico calcáreo gris claro; bastante roto, con numerosas presas y considerable adherencia, mas no demasiado fiable. Finalizo la ascensión de la placa directamente, muy a la izquierda de las líneas oscuras que dibujan las vetas que me han servido de guía en la parte más difícil de la ascensión"

Lo cierto es que ni en el principio de la vía, inicialmente andando, ni en su mitad final, más larga de lo que aparenta, aprecié en modo alguno la dificultad que indica el croquis de Altitude. ¿Estaba aquel día en estado de gracia? No lo creo. Pienso que solo unos pocos metros en el centro del embudo, precisamente los que mi vía esquiva, pueden alcanzar el Vº del croquis; eso sí, será un tramo de superación delicada y, potencialmente, en malas condiciones. Sin embargo, apenas suponen una mínima parte de la ascensión. Por debajo, nada. Insisto en que se gana altura en gran parte andando, aunque con precaución debido al pulido extremo de la roca. Y, por encima, no mucho más. Ascensión cómoda y relajada, donde se podía elegir el itinerario sin ninguna clase de contratiempo a todo lo largo y ancho de la marmolera; sin embargo, esta finalización se hace muy larga y un tanto pesada por su monotonía y carencia de interés.


zona inferior de la placa; muy fácil

zona inferior y margen izquierdo de la placa.

...y margen derecho. Zona inferior apenas inclinada

la marmolera oeste desde la cresta noroeste de Garmo Negro. Aquí se aprecia mejor la inclinación media de la pared, muy plana abajo y con solo un resalte intermedio más empinado.

La evaluación de la dificultad de una vía es siempre una cuestión delicada de arriesgada solución. Si ya es desafortunada la sobrevaloración, aún es peor el vicio contrario, pues puede alentar a peligrosas incursiones, dada  la presunta facilidad del itinerario reseñado. Por lo demás, ¡qué fácil es equivocarse!, sea por nuestro ánimo cambiante, por la suerte de acertar con el paso correcto o por cualquiera de las mil y una razones restantes que nos pueden nublar el juicio y conducirnos a una precisión errónea. Lo cierto es que cuando indico un cierto grado de dificultad desearía que se me leyese con la máxima prudencia, aunque finalmente tampoco sean tantas ni tan relevantes las inexactitudes cometidas. En fin, la cuestión no tiene remedio conocido, salvo la confrontación de numerosos evaluadores y no es este el caso. No queda sino pedir perdón de antemano y aconsejar a todo pireneísta que afronte siempre su excursión preparado para resolver cualquier sorpresa, algo que más temprano que tarde encontrará.

Por supuesto, todo lo escrito no solamente es válido para esta vía, sino para todas las reseñadas en este blog y, en particular, para las marmoleras del Infierno.


zona inferior de la marmolera, desde el Garmo de las Albas.


Infierno, antecima occcidental, con la marmolera suroeste a la derecha y la occidental a la izquierda (solo visible la zona superior)

lunes, 24 de agosto de 2020

Infierno. Marmolera suroeste II

en verde, la vía original de 2015; en rojo, la actual, descrita en esta entrada.


¿Qué hago aquí, de nuevo en la marmolera suroeste del Infierno? Me he contestado con varias excusas de todo color y fundamento; quizá la más convincente de ellas pase por rememorar viejas sensaciones, propias de la que fue mi primera cita seria con las marmoleras infernales. Desde luego, allí, hace un lustro, nació mi querencia por estas losas luminosas, fervor que me llevaría a reconocer a fondo todas las marmoleras que ciñen esta peculiar montaña. 


rumbo al collado de Pondiellos; al fondo, Tendenera.

Y de esta marmolera, ¿qué? Pues he ensayado una variante, el filón diagonal inferior, ya de por sí de trazado algo menos elegante que el superior. Entrada directa, despreciando la primera sección, sin duda de menor interés. Encuentro una roca de gran calidad, pero no de tan excelente adherencia como recordaba; además, la roca oscura tiene las presas redondeadas y a veces húmedas; no me encuentro demasiado cómodo y opto por ascender hacia el familiar filón superior, el cual recorreré en gran parte, desviándome después un poco más arriba de la ya desdibujada vira, hasta alcanzar después directamente la cresta cimera, más o menos tal como queda reflejado en el croquis.
 
la marmolera suroeste, casi al alcance de la mano. Todavía imponente...


...pero pronto se humaniza y aparenta algo más accesible; tampoco conviene llamarse a engaño.

Pero tornemos al principio: salida desde el Balneario de Panticosa y llegada al collado de Pondiellos en poco más de tres horas, un horario ya desacostumbradamente bueno para mí, muy a pesar de que veo cómo me adelantan sin cesar andarines con menos años... y menos peso en la mochila, quienes aún cargan con ella. Hoy, por cierto, el monte está lleno a rebosar y el camino hacia el Garmo Negro es un rosario incluso en zapatillas de ascensionistas ilusionados; al menos, eso se deduce de sus comentarios apresurados. 


 ibones de Pondiellos, ya deshelados. No hay que intentar conservar la altura del collado, sino que es preferible descender hasta casi la orilla del primer ibón.

Amparado por el dictado de viejas experiencias, desciendo directamente desde el collado hacia los ibones de Pondiellos, aunque no preciso alcanzar su orilla. Sin la pretensión de recuperar altura, rodeo el espolón del Infierno y solo cuando tengo la marmolera suroeste a la vista, emprendo una media ladera ligeramente en ascenso. Sin mayor circunstancia, llego al pie de la marmolera una hora más tarde, todavía 200 metros por debajo de la cima. Un nevero helado residual, poco visible, ciñe casi todo el pie de la placa, pero lo puedo sortear sin problema. Me admira el aspecto impresionante de esta cara, la cual augura una dificultad muy superior a la real desde casi todos los puntos de vista, excepto desde donde estoy; apariencia sobrecogedora que, desde luego, también comparten quienes recorren la cresta cimera, algunos con el estómago encogido. 


Garmo Negro y Algas desde la cumbre del Infierno.

Me dirijo hacia una gran roca oscura, excelente referencia, para tomar pie en el marcado filón diagonal inferior. En total, será poco más de una hora el tiempo requerido para conquistar la cumbre, también bastante concurrida en esta ocasión. La marmolera es franca y permite muchas combinaciones, sobre una roca de gran adherencia y notablemente segura. Aunque hay que contar con esporádicos pasos de III, las complicaciones nunca abruman y la escalada, siempre elemental, es cómoda y placentera. Sin embargo, abundando en todos los aspectos ya citados en https://rondapyrene.blogspot.com/2015/06/infierno-marmolera-suroeste.html sería muy aventurado emprender esta ascensión sin una firme experiencia montañera. La pared queda muy, muy, lejos de la vertical, desde luego; pero, aunque permite circular por ella con facilidad, también es suficientemente enhiesta como para castigar sin enmienda cualquier error; por lo demás, es prudente mantenerse siempre próximos a las líneas del relieve que prometan continuidad de las presas, sea por fisuras o por cualquiera de los filones más o menos oscuros y de todos los tamaños que surcan la marmolera por doquier.


Arnales, collado Saretas y pico de Pondiellos, desde la cima del Infierno.

la cresta nordeste del Infierno; aguja Bicolor y Pitón Marrón (bautizos de Jean Arlaud).

la cresta de Arnales, desde la cima (izquierda), a la antecima sur.



sábado, 8 de agosto de 2020

Arnales, del esplendor al ocaso.

Érase un tres mil con su antecima sur, también de tres mil metros. La fiebre de la altura propició más visitas de las que le hubieran correspondido por su empaque, efectuadas casi siempre por su más que dócil vía normal, desde el collado que separa a nuestro protagonista, el pico de Arnales, del más afamado pico del Infierno (antaño, Quijada de Pondiellos). Merced a que su antecima también gozaba del pasmoso apelativo tresmilero, muchos se aventuraban a reconocer la escueta y aérea sección que separa ambas puntas. Incluso no faltaron quienes se decidieron a atacar la, de por sí, interesante cresta que nace en el collado Sarrettes.


Pero, resulta que sucesivas mediciones despojaron a la antecima de su corona, con lo cual también se desvaneció gran parte de su aliciente; tampoco se libró del revés la cima principal, que perdió la cota 3006, luego la de los 3002 y recientemente aparece reflejada en los mapas del IGN con "solo" 2996 metros. Curiosamente, una punta irrelevante en la cresta vecina, sacralizada como “tres mil fantasma”, ha conseguido atraer muchos invitados. Sic trasit gloria mundi.
cresta oriental de Arnales, tramo intermedio.
Entretanto, ¿qué ha cambiado en la naturaleza? ¡Nada! Bueno, algo sí; se ha caído alguna que otra piedra, pues, desafortunadamente, el airoso espolón que nace en el collado Sarrettes y la gallarda cresta que lo escolta no se caracterizan por la solidez de la roca; detalle a tener muy en cuenta, mientras que la dificultad técnica es realmente baja... aunque, quizá no tanto como lo pregonan ciertas reseñas. Puedo admitir la valoración de PD+, en tanto que apenas si se tropieza con algún que otro metro de IIIº, pero la exposición, el carácter aéreo de gran parte del recorrido y la calidad mediocre de la roca entran en franca contradicción con un nivel de dificultad inferior. Por más que tales circunstancias no se debieran tener en cuenta a la hora de valorar la dificultad, he de señalar que será frecuente realizar pasos de mayor complejidad técnica si deseamos resolverlos con seguridad. Por supuesto, nada nos librará de tantear cada presa y cada apoyo.ibones de Pondiellos.

vista de la primera sección de la cresta, hasta la antecima.

perfil íntegro de la cresta.

Desde el collado Sarrettes se ataca directamente el espolón, que pronto decae momnetáneamente en su impulso vertical para, enseguida, tornar a erguirse notablemente y oponer un corto muro, tan erecto como obligado, creo. Más arriba todo se vuelve más fácil, aunque siempre en un terreno muy exigente en cuanto a la atención requerida. Sucesivos resaltes, alguna pequeña brecha, casi siempre por el filo de la cresta y un torreón final, en esta ocasión de buena roca, hasta la antecima sur, la cual desprende una marcada arista en dirección sureste. La cresta hasta la cima principal es sinuosa y recortada, pero no presenta ningún obstáculo digno de reseñar. En total, supone en torno a una hora de escalada.
De la cima se desprende otra más que interesante cresta, a lomos de la cuenca de Bachimaña, que desciende hasta el mismísimo ibón de Arnales. Tan solo he recorrido su tramo central; se trata de un largo itinerario que presenta varios pasos de aspecto conflictivo junto a holgados tramos aparentemente muy pasaderos. Sea como fuere, este cresterío junto con el reseñado suponen dos vías de elevado interés para justificar una ascensión que únicamente desde el Infierno semeja de escaso provecho. Por cierto, también es factible llegar al pico del infierno desde el collado Sarrettes, sumando a lo ya citado el paso de la brecha:

¿Hablamos de sensaciones? Tengo que reconocer que superada la mitad de la ascensión, no me hubiera hecho ninguna gracia verme obligado a retroceder por donde había subido. Sobre todo, porque destrepar una roca tan vertical e inestable es sumamente peligroso. Sin embargo, dado que la información que poseía no hablaba de ningún obstáculo serio y en ningún momento me sentí apurado, el trayecto resultó placentero, mas pienso que no estamos ante una vía demasiado recomendable. De hecho, no encontraremos por aquí nada similar a las multitudes que suben a Garmo Negro, ni siquiera la proximidad de quienes pretenden conquistar el pico del Infierno por su cara sur.

Aun siendo más duro, recomiendo el ascenso por la cuenca de Arnales, efectuando el retorno a través del collado de Pondiellos, algo más corto y cómodo. Track: 

https://es.wikiloc.com/wikiloc/spatialArtifacts.do?event=setCurrentSpatialArtifact&id=54194781

martes, 23 de julio de 2019

Infierno Oriental, cresta norte.


cresta norte desde el glaciar: "pitón Marrón", Aguja Bicolor y, a la derecha, Infierno oriental y corredor norte.

Alcanzar la antecima oriental del Infierno por su cresta norte era un buen proyecto para culminar mi ya largo idilio con esta bellísima montaña. Pero no pudo ser. Este enredo no ha acabado en divorcio, ni mucho menos; será solo un paréntesis, quizá breve, mientras mantenga fuerzas para continuar el asedio a la anteriormente conocida como Quijada de Pondiellos.

aspecto general de la vertiente norte, desde el "pitón Marrón"a la marmolera.

el "pitón Marrón" y la pedrera que lo defiende, restos morrénicos del extinto glaciar, ya prácticamente nevero.

 
el "pitón Marrón" y la Aguja Bicolor; entre ambos la gran brecha.

No pudo ser… De hecho, tampoco es probable un nuevo intento, a pesar de que se trata de una ascensión interesante, pero la aproximación pesa lo suyo y la roca no es, desde luego, un aliciente. En fin, tras seis larguísimas horas de ascensión, tan solo pude alcanzar la primera aguja, el “pitón Marrón” (2884 m.), separada de la nombrada inicialmente  por Jean Arlaud como “pitón Blanco-Marrón” y enseguida bautizada como “Aguja Bicolor”; entre ambas, una profunda y difícil brecha. Buen punto, pues, para darme la vuelta, ya que continuar hasta la cima implicaba en torno a dos horas suplementarias, tiempo del que ya carecía. ¿Seis horas? Pues sí. Pesa la mochila, pesan los años y… obviamente, no era mi día, como en todo caso así lo demuestra tan desaforado horario. 

Bachimaña.

De cualquier forma, se trata de una ascensión bastante larga, tanto por la aproximación como en sí misma. No existen muchos datos a la hora de planificar la ascensión, a pesar de que algunos mojones, aquí y allá, hablan de conquistas recientes, favorecidas por la proximidad del refugio de Bachimaña. Históricamente, sabemos que Bourrel anduvo sobre estas piedras y que, más tarde, el grupo de Jean Arlaud, del que también formaba parte Bourrel, intentó el descenso por la arista sin poder culminar el recorrido íntegro de la cresta. Citaba Arlaud un recorrido de pesadilla sobre una arista extremadamente descompuesta que se desmoronaba a cada paso. No le faltaba razón; pues si bien en los puntos más comprometidos la roca mejora ostensiblemente, la pedrera se muestra intransitable y peligrosa cuando existe un mínimo de exposición. Y el resto de la cresta no permite la menor relajación. 

el Infierno oriental y su cresta norte, desde el "pitón Marrón"; al fondo se perfila la cresta este o de Anales, con su también algo complicada brecha (https://rondapyrene.blogspot.com/2018/09/infierno-arista-oriental.html)

la Aguja Bicolor, desde el "pitón Marrón". Se aprecia una posible vía casi por el centro; quizá también se pueda rodear por la vertiente oriental, de acuerdo con la referencia de Arlaud, aunque esto no parece muy evidente.

Así pues, parece que la brecha en cuestión es la dificultad más seria del recorrido, puesto que acceder al “pitón Marrón” no entraña apenas dificultad, salvo la pelea infernal con la pedrera. A pesar de su aspecto amazacotado se trata, en realidad, de una fina arista que únicamente exige una trepada elemental, renunciando, por supuesto, a las zonas de pedregal suelto. En cuanto a la brecha, quizá sea posible prescindir del rápel, merced a accesible una terracilla en la vertiente oriental; sin embargo, lo más probable es que el recurso a la cuerda sea inevitable. Tampoco será fácil ascender por el lado contrario, si bien se adivina una vía de no excesiva dificultad. Más allá no parece existir ningún obstáculo reseñable, pero la roca se presenta en sumo estado de descomposición, tal y como indicara Arlaud.

 
la Aguja Bicolor y el "pitón Marrón" desde Arnales.

el "pitón Marrón" y la Aguja Bicolor, desde el glaciar.

Respecto del acceso al “pitón Marrón”, seguí hasta muy arriba el GR11, desviándome en las morrenas del extinto glaciar, las cuales atravesé de derecha a izquierda hasta llegar bajo la base de la aguja; en cuanto pude, emprendí el acceso directo hacia su cumbre por la roca más firme. También se podría llegar más directamente desde el ibón Azul Superior, aunque ello exigiría rodear algunos afloramientos rocosos; en definitiva, probablemente, sin ningún beneficio. Esta aproximación es bastante enojosa, sobre un terreno poco estable, pero en general se puede transitar por zonas con poca inclinación donde el cantizal aguanta sin desplomarse bajo las botas. Pero ello no será siempre viable, lo que también explica, siquiera en mínima parte el tiempo empleado: dos horas ya para alcanzar Bachimaña desde el Balneario de Panticosa, una y media más hasta el Azul Superior y las restantes hasta culminar la oscura aguja. Todo un record, ¿no? Pero así son las cosas. Y así quedan reflejadas por si alguien quisiera completar esta, a pesar de todo, interesante cresta. Por mi parte, insisto: no creo que yo lo vuelva a intentar…

despedida. No pasé más allá del "pitón Marrón"... En el glaciar ¿nevero? ya no se aprecian grietas de tracción.

la marmolera norte, escenario de tres de mis nueve vías al Infierno.


martes, 25 de septiembre de 2018

Infierno, arista oriental (Arnales)

la cresta oriental del Infierno; de izquierda a derecha, cima oriental, brecha, Aguja de Arnales y collado de Arnales.

El asalto al pico del Infierno por la cresta que proviene del collado de Arnales supone una opción rápida e interesante, cuyo único obstáculo reseñable estriba en el cruce de la angosta brechita ubicada de tal forma que divide la cresta en dos mitades bien diferenciadas. El primer sector, entre el collado y ese presunto tres mil fantasma ya conocido como Aguja de Arnales, es una arista sumamente estrecha que se cabalga justo por el filo, lo que puede entrañar algún problema en caso de fuerte vendaval; el acceso desde el collado implica unos metros de mínima dificultad (III-), eludibles entrando directamente un poco más allá. Pero, ¿por qué molestarse?; es una agradable trepada sobre roca fiable. Enseguida nos espera un inmenso paseo de primer grado, cuando no simplemente andando; muy agradable y cómoda progresión, salvo que el viento se obstine en amenizar la jornada. En tal caso, nos sacudirá de lo lindo, pues no parece que existan muchas opciones para resguardarse un poco por debajo del borde la cresta. Miau, miaau: tal vez sea preciso gatear algunos metros que, de otra forma, se recorrerían simplemente andando. 


primeras luces sobre las Argualas y Garmo Negro.

Tendenera: Ripera, Forato, Sabocos...

espolón sur de Garmo Negro; al fondo, Argualas.

Al otro lado de la brecha, la cresta es amplia, sin ningún obstáculo hasta la cima, a la que se llega casi sin darnos cuenta. En esta ocasión, por desgracia, no tuve oportunidad de divisar el espléndido panorama que brinda la cuenca de los lagos Azules, ni tampoco de contemplar el estado del glaciar, justo en la entrada del otoño. Pero si la niebla me escamoteó el panorama, al menos el viento no quiso complicarme la vida en lo que fue mi novena vía al pico del Infierno.


los sugerentes ibones de Pondiellos.

el tan olvidado como interesante pico de Pondiellos; tanto la cresta sur como la occidental son un regalo.

la imponente silueta de Garmo Negro se apodera del paisaje. Y las nubes, del entorno.

Antes de entrar en detalle sobre los pormenores del paso de la brecha, queda por indicar que el descenso de la cima oriental del Infierno debe hacerse pasando por el colladito que forman las cimas central y oriental, y por la margen derecha del corredor sur, nunca por la izquierda, a pesar de que algunas trazas parecen sugerir tal posibilidad. Se trata de una insinuación taimada que esta fascinante montaña sugiere, quizá como desquite por nuestra victoria. 

inquietante salida del corredor norte...

...y un vistazo del mismo. ¿El glaciar? Pues casi no se dejó ver en todo el día

cima central del Infierno. Esa pareja fue la única señal humana en toda la excursión.

En fin, veamos lo que la brecha da de sí. Existen bastantes referencias en la Red, pero no se detalla la singularidad del paso, que casi siempre se solventa mediante rápel, por más que en muchos casos se haya buscado con insistencia la posibilidad de destreparlo. Apenas circulan fotografías suficientemente expresivas (que tampoco yo llegué a hacer), ni los vídeos aclaran cuál es la fórmula para superar la brecha. Sin embargo, efectivamente, la cuerda no es estrictamente necesaria; en todo caso, no quisiera que este texto suponga en modo alguno una invitación a la temeridad: ¡que no falte esa cuerda en la mochila! Por si acaso.


la famosa brecha. ¿Y eso de la derecha es un "tres mil"? Desde luego, tiene mucho de fantasma.

Desde la cumbre de la aguja, el descenso se inicia bordeando en plena cara sur el fino espolón que delimita la brecha (II); todo se complica un poco más tras atravesar al otro lado del espolón, introduciéndonos propiamente en el ámbito de la brecha. Es ahora cuando avistamos su fondo, antes oculto, y se constata que no será fácil acceder al umbral (III); para ello utilizaremos una cornisa descendente y escalonada, siempre con la ayuda de excelentes presas. El piso de la brecha está ocupado por un gran dado apaisado, anclado en medio del umbral y separado de las paredes por un estrecho pasillo a cada lado. Pero la cornisa desaparece antes de que podamos descolgarnos sobre el dado y para ello solo existe una presa, útil aunque mal dispuesta. Será preciso confiarse a tal presa y separar el cuerpo lo suficiente de la pared para hacer pie en la extremidad del dado mediante una zancada decidida (en sentido inverso, tampoco existen demasiadas facilidades para alcanzar la cornisa). En el otro costado de la brecha, que aquí, en el fondo, no mide mucho más de un metro de ancho, el muro extraploma ligeramente, aunque queda muy cerca y lo que podía ser más complicado está por debajo de nuestros pies (no hay por qué bajar del dado), Así, no es ningún problema tantear el muro y advertir numerosas presas "buzón" sobre las que es muy fácil encaramarse un poco, lo suficiente para realizar una travesía horizontal a la izquierda de un par de metros, también gracias a buenas presas (III+), hasta alcanzar el pie de un diedro apenas marcado; seguidamente, debemos ascender por el diedro, que un poco más arriba se va tumbando (III y enseguida II) hasta salir al curioso tinglado de rápel instalado. Pocos metros y nunca difíciles, sí, pero también impresionantes cuando se atisba desde lo alto el posible descenso en cualquiera de los dos sentidos. No es en absoluto de extrañar el recelo que suscita este paso hasta el punto de que suele resolverse mediante rápel. Por cierto, en el flanco oriental ha desaparecido el tinglado que casi todas las referencias señalan; por lo demás, siempre es una garantía reemplazar el material existente por otro de confianza. 


la brecha en toda su omnipotencia; de cerca no se deja fotografiar bien.
En naranja el itinerario aproximado para superarla.

Globalmente, el paso está bien valorado en III+, pues el insignificante malabarismo en torno a la roca del umbral no justifica mayor graduación. Pero lo que falta en dificultad, sobra en espectacularidad; en sentido descenso partiendo de la cima del Infierno, la apariencia de la brecha todavía es más sobrecogedora y más intrincado adivinar el punto exacto para abordar un descenso que se realiza con garantías gracias a su accesible dificultad y donde es de gran ayuda saber de antemano que es factible. Por otra parte, no creo que exista en la vertiente norte alguna alternativa, aunque la niebla me impidió cualquier confirmación a este respecto. 


Pondiellos y Garmo Negro.

la cresta sureste del pico de Pondiellos, interesantísima escalada.
(https://rondapyrene.blogspot.com/2016/08/pondiellos-cresta-sur.html)

Como alternativa para el retorno al Balneario, puede optarse por el collado Sarette y la cuenca del ibón de Arnales. Añadiremos nuevas perspectivas al recorrido, si es que hemos venido por el collado de Pondiellos. Pero mejor no contar con un sendero, del que no encontraremos el menor rastro, ni tampoco apenas hitos orientadores; iluso de mí, pensaba que la proximidad del nuevo refugio de Bachimaña habría incrementado notablemente las visitas a esta zona, con el consabido rastro más o menos marcado. Pues nada de eso.


el ibón de Arnales.