Vías Pirineos de dificultad media, [escalada PD, AD, D (IIº/IVº, máx. Vº)]. Vivencias de montaña. Rincones desconocidos o escasamente divulgados. Y alguna que otra reflexión

jueves, 9 de abril de 2015

Canal Estrecha o del Cuarté (Partacua, Telera)

camino de la Rinconada de Lana Mayor; refugio con radioteléfono. Al fondo, Argualas
En el extremo occidental de la Sierra de la Partacua, sobre los manantiales del Goluso, se alzan la Pala d’os Rayos y Peña Retona. Ente ambas cumbres se desliza un angosto corredor conocido como Canal Estrecha —o del Cuarté, en memoria de su ensanchamiento central—. Es un corredor de moderada inclinación, que recibe muy pocas visitas por su alejamiento de cualquier punto accesible con vehículo, ya que en invierno la pista deviene intransitable incluso para aquellos privilegiados, vasallos de la comodidad, que dispongan de un todoterreno y de la correspondiente autorización para circular. Sin embargo, el aislamiento de la zona constituye un encantador aliciente que nos distancia del bullicio jaranero que invade Telera con prodigalidad: recién finalizada esta Semana Santa, dominada por un sol omnipresente, cualquier huella de presencia humana se desvanecía según me internaba en tan apartado rincón.

la Canal Estrecha ya muy avanzada la primavera
aquí, a la izquierda, se aprecia bien la falsa entrada 
nueva perspectiva del corredor; gran cornisa en la salida de la vía Anaconda
La Canal Estrecha presume de nieve dura y persistente que llega incluso a soportar los rigores estivales. Para acceder al final de la pista, cuando pierde su dirección hacia Poniente y dobla al Norte, precisaremos unas dos horas desde Lacuniacha y otra más suplementaria para encaramarnos al cono de deyección que se abre bajo el corredor (sí, ya sé que no soy muy rápido); cuando la ladera goza de buena innivación, conviene abandonar la pista un poco antes para trazar una media ladera ascendente; de otra forma, varias barreras pedregosas interrumpen la continuidad de la nieve obligando a penosos descalzados de crampones. Pero, de ser factible el recurso al alcorce en diagonal, arribaremos a la canal por su margen derecha, sin disponer de una visión previa de conjunto; es probable, en tal caso, colarnos por una falsa entrada que no lleva a ninguna parte; eso fue lo que aconteció en mi primer intento a este corredor y me consta que no he sido el único en tomar el camino erróneo. Aunque sería posible una travesía para recuperar la buena dirección, ello implica alguna maniobra de rápel y la consabida pérdida de tiempo, algo de lo que no se suele disponer durante el asalto a un objetivo tan apartado (que sí, que ya lo he dicho antes; soy lento, de caminar pausado). Además, durante la excursión me granjeé unas increíbles rozaduras en ambos talones que requirieron varias semanas para su recuperación, secuela ineludible de la bota rígida y, supongo, contribución también de los diez y ocho kilómetros de pista (ida y vuelta), ya que el desenlace de esta nueva visita se ha resuelto con idéntico epílogo: unos pies malparados.

en la zona baja, apenas superado el cono de deyección
Bien, ya he insistido en lo de la nieve dura: tantos días de anticiclón habían dejado el corredor con la consistencia de una piedra, pero la superficie irregular me permite una relativa comodidad para emplazar los crampones, que apenas arañan el hielo. Permanezco fiel a la técnica francesa “todas puntas”, lo que en estas condiciones y con una inclinación moderada que no rebasa los 40º es una bendición (sobre todo para mis gemelos); de hecho y aunque llevo un piolet auxiliar, no lo utilizaré durante el ascenso. La pendiente se incrementa insensiblemente hasta el Cuarté, donde cede un tanto, para recuperar su impulso posteriormente. Pero, ¿por dónde sigue?; si no supiéramos que existe, dudaríamos de la salida: está ahí, a la izquierda (¿por dónde si no?). El corredor se estrecha mucho, se empina y traza una diagonal hacia la derecha; después se arquea un poco más y, de inmediato, nuevo quiebro, esta vez en dirección contraria, apuntando hacia la salida, ya próxima. Realmente encajonado y sembrado de metralla que desprenden las rocas superiores, semeja muy complicado el descenso con esquís, pero hay quien presume de haberlo realizado; bien es cierto que en otras ocasiones he visto mucha más nieve.

el bloque que puso la palabra fin
Pero hoy no tardaré en enfrentarme a un bloque descarnado y tapizado de verglas. Apenas un par de metros. Ni tiene mal aspecto ni da la impresión de oponer mucha dificultad, pero ando muy justo de tiempo y me brinda una inmejorable excusa para dar la vuelta. Además, mis talones no se quejan ya: más bien aúllan; por otra parte, conviene señalar que es casi obligado el descenso por el propio corredor, ya que otra alternativa nos obligaría a un larguísimo rodeo hasta el ibón de Bucuesa, para retornar por la Canal del Ganado (de cualquier forma, la visita al bucólico entorno del ibón es muy seductora).

un poquito más de cerca
Ahora sí, con los dos piolet, de espaldas a la pendiente y clavando las puntas del par de herramientas, desciendo con rapidez y seguridad en una hora hasta el cono terminal. Solo que todavía restan ciento veinte ingratos minutos hasta Lacuniacha.

domingo, 11 de enero de 2015

Canal del Burro a Peña Blanca (Partacua, Telera)

Este año será recordado como un espectacular ejemplo de la carencia de nieves, al menos en lo que se refiere a mediados de enero, por culpa de un interminable anticiclón. El aspecto de la montaña por debajo de los 2.500 metros es verdaderamente lamentable, tan penoso que obliga a trazar planes adaptados a las circunstancias, a la espera de que torne la nieve.

la Canal del Burro, bajo Peña Blanca, en mayo. Quedaba entonces más nieve que en este enero desabrido 
la Corona del Mallo, O Campanal y Peña Telera, dos días después de Reyes
La Canal del Burro es, quizás, la más accesible de todas las que surcan la cara norte de la Partacua; es también la menos conocida (a excepción de alguna perla rara, como el Barranco Chiflotaires) y escasamente frecuentada, motivo más que suficiente para ganarse un hueco en este blog.

amanecer sobre la Partacua. De Peña Blanca a O Campanal.
La Canal no conduce a ningún objetivo concreto: se estrella bajo una mole de caliza blanca, desde donde se puede acceder a un collado justo al este de Peña Blanca “de abajo”. Su meta más inmediata sería esta cumbre, que algunos denominan Punta Queba, u otras cotas próximas como la Punta Cochaldo; no obstante, también constituye una apreciable alternativa para alcanzar Peña Blanca Alta y Corona del Mallo por su vertiente meridional, hasta culminar un interesante periplo y descender por la Canal de Cavechirizas.

Punta Cochaldo, a un paso.
No se trata de una verdadera canal, sino de una vaguada difusa, muy abierta, cuyo eje se sitúa precisamente en el punto de inflexión que describe la orientación general de la Partacua con la vertiente oriental de la Corona del Mallo. De lejos parece más difícil de lo que es; de cerca, su aspecto resulta engañosamente fácil, en especial la travesía de salida. En cualquier caso, la inclinación es siempre moderada; no creo que llegue a sobrepasar los 35 grados en ningún punto, por lo que exceptuando condiciones muy severas no opone dificultad reseñable. Tampoco tiene mucha exposición, salvo, tal vez, las rampas superiores que deben atravesarse en diagonal ascendente por encima de algunos pequeños cortados. Por cierto, cabe aquí indicar la posibilidad de una salida directa, hacia el oeste, bajo la mole de Peña Banca, pero los tres primeros metros pueden implicar cierto impedimento si la nieve no los cubre.

desde el collado, el valle de Tena a los pies. Al fondo, el Vignemale
Ha sido muy curiosa la experiencia que he vivido este comienzo de año en la Canal del Burro: los Reyes no han olvidado traer nieve, pero el viento se ha aplicado a disipar con suma virulencia el regalo: ¿acaso os habéis portado mal? Seguro que no; por eso la montaña brinda un escenario inusual en el que practicar un alpinismo excéntrico y técnicas domesticadas de dry-tooling, como, por ejemplo, evocar la vieja usanza de superar pendientes herbosas con la ayuda de los crampones. Y no, no es que en este caso hiciera falta recurrir a tales usos extremos, ¡qué va!, sino que fue la fórmula más cómoda para saltar de nevero a nevero sin descalzarme cada cuatro pasos. Por fortuna, toda la zona central de la Canal es de piso herboso, sin apenas piedra (vaya, puede que me libre de afilar los crampones antes de la próxima excursión).

el muro vertical que forma la cumbre, tras las terrazas que dominan un empinado escarpe
desde la cumbre, Peña Blanca Alta y Corona del Mallo;
 a la izquierda asoma Zarrambucho  (Cobacherizas, Cachivirizas, Cavichirizas... incluso ¡Clabicliriza!)...

y, más recientemente, Cavechirizas
Y es que, ya de lejos, la cosa pintaba fea en lo que a ascensión invernal se refiere. Muy fea. Sin embargo, aunque en mínimas cantidades, encontré de todo; desde el polvo más liviano al hielo vítreo transparente. De hecho, el habitualmente fácil acceso al collado estaba tapizado de pequeños neveros absolutamente helados entre bloques rocosos; pude pasar de roca en roca justo bajo la pared vertical de Peña Blanca utilizando como sólidas presas el borde rígido de las placas de hielo. En realidad, ningún problema. Tampoco hallé dificultad en el ataque final a la cima: se trata de superar un zócalo dislocado mediante una escalada elemental que conduce junto al muro de la cumbre, el cual se supera tranquilamente por la cresta. Poco más de diez minutos desde el collado. 

y, justo al fondo, el Moncayo. A la izquierda, la Peña Oroel; niebla en el valle del Ebro
el Gállego serpentea entre Biescas y Sabiñánigo, detrás de las lomas del Burrambalo
Y, de regreso, un espectáculo lamentablemente insólito: el vuelo de un quebrantahuesos curioso, sin duda preguntándose: ¿Qué se le habrá perdido a este tipo por aquí, sin un hueso a la vista que roer?


martes, 4 de noviembre de 2014

Pala Rayos, vertiente norte (Partacua, Telera)

Peña Retona y la Pala d'os Rayos
Será esta la crónica de varios desengaños, que me han llevado al abandono de otros tantos proyectos trazados sobre la vertiente norte de la Pala d'os Rayos, en el extremo occidental de la Partacua. Todo comenzó con una temprana visita invernal a la Canal Estrecha, que, por cierto, tampoco he tenido todavía ocasión de culminar.

Canal Estrecha o del Cuarté.
A la izquierda, falsa entrada, origen de muchas confusiones (también me pasó a mí)
Parece como si un insólito maleficio me acosara cuando intento abordar esta cumbre, cuya cara norte se exhibe audaz e inaccesible, tutelada por un imponente zócalo vertical. Fuera a causa de inoportunas incidencias o por otras razones de diversa índole, la retirada ha sido una constante en mis asaltos a la Pala Rayos, que solo he conseguido vencer en una ocasión mediante el recorrido de sus aristas occidental y oriental e, incluso, ello con alguna complicación más de las previstas. Sin embargo, las sucesivas renuncias me permitieron estudiar con detenimiento algunas líneas de ataque potenciales… ninguna de las cuales he conseguido llevar a feliz término.


De izquierda a derecha, el programa se inicia mediante una vía que aprovecha los primeros metros de la Canal Estrecha (itinerario azul), para abandonarla enseguida por su margen izquierda y ganar la cresta oeste por una escondida chimenea en diagonal (trazado verde en el croquis). Tal chimenea es muy evidente cuando el deshielo descubre la enhiesta cara nordeste de la Pala Rayos, pero se funde en la roca cuando la nieve desaparece por completo. Para alcanzar su pie bastaría con superar unos metros de rocas escarpadas aunque, en apariencia, fáciles. Sin embargo, un obstáculo precoz de esta vía se plantea ya en la propia Canal Estrecha, casi siempre cubierta por un nevero perenne. Tiene poca inclinación, por lo que, tal vez, se podría prescindir del piolet, mas nunca de los crampones aun en pleno estío; al precio de unos gramitos suplementarios en la mochila, quedaría resuelto este problema, con la ventaja de que las herramientas también harían factible un rápido —aunque tal vez imprudente— descenso por la Canal Estrecha. En todocaso, la salida de la chimenea contemplada desde la cresta oriental de la Pala Rayos es cualquier cosa menos estimulante. Y me temo que la ineludible pedriza descompuesta domine algo más que esta salida.

puede observarse en la pared de la derecha el corte oblicuo de la chimenea...
...y su inestable salida, poco acogedora
arista oriental de la Pala d'os Rayos
El segundo itinerario (naranja en el croquis) resulta algo más ambicioso. Obviamente, demasiado para mis aspiraciones, frustradas por una placa lisa casi a ras de suelo. A finales de la primavera, un nevero permitiría soslayar esta placa, tumbada pero muy lavada por la erosión. No obstante, la continuación parece muy aventurada y anticipa serios problemas, tanto debidos a la pésima calidad de la roca como a la accidentada y aérea cresta final.

aspecto general de la cara norte y de la entrada (nevero) a la vía propuesta
detalle de la entrada; placa lisa justo encima del nevero
y desde más cerca aún: la placa se apoya sobre un escueto muro (IVº)
perfil de la arista, engañosamente practicable.
itinerarios zona derecha de la pared
Situados ya en la zona derecha del zócalo, casi junto a la Canal del Ganado, se abre un colector que rasga la pared vertical (itinerario rojo) hasta la terraza intermedia. Se trata de una canal muy marcada con un pequeño tramo vertical presuntamente superable en oposición. Por desgracia, la roca está podrida, más de lo que cabe suponer, y esconde insidiosas trampas: solo he llegado a tantearla, pero, insospechadamente, me quedé con un trozo de piedra en la mano. Como alternativa, también se puede ascender por la Canal del Ganado (itinerario amarillo), aunque, en tal caso, es probable tropezar con idéntico inconveniente al de la Canal Estrecha, la persistencia de neveros que cubren todo su ancho; sin embargo, aquí existe la posibilidad de esquivar el problema: es factible trepar por las rocas fáciles de la margen izquierda, hasta que, justo antes de que un escarpe vertical cierre el paso, encontrar una cornisa ascendente que nos depositará cómodamente en la plataforma superior; sí, precisamente, en ese llano cubierto de excrementos que dan nombre a la Canal y que, también, le confieren un tufo inconfundible. Es de reseñar, por otra parte, que esta cornisa representa una opción muy interesante para el retorno de la cumbre, si bien en el sentido de descenso es menos evidente.

entrada a la chimenea
travesía Canal del Ganado a terraza intermedia; no por sencilla menos azarosa
la Canal del Ganado; a la derecha, primera canal, discurre la vía normal par alcanzar la arista oeste
La travesía desde la Canal a la terraza tampoco es muy estimulante: terreno escarpado sembrado de piedrecilla suelta. Al menos, la zona superior de la pared, por encima de zócalo y terraza, aparenta gozar de una roca aceptable. Para vencer su primer y más vertical escalón, puede intentarse la arista que delimita el centro de la pared (itinerario azul) o un canalillo central (rojo), el cual parece la solución más accesible. También podría optarse por seguir la chimenea inicial o la propia Canal del Ganado, pero no parecen discurrir por estos trazados tan desviados ya de la cumbre las vías más interesantes.

Pala d'os Rayos desde abajo...
...y desde arriba (Peña Retona)
En fin, los sucesivos chascos y frustraciones que he sufrido en esta pared devienen poco probable que profundice más en alguna de las opciones reseñadas, excepto la Canal Estrecha o del Cuarté, muy interesante en invierno. Cabe destacar que la Pala Rayos tampoco ofrece muchas concesiones para el retorno. Probablemente, caso de que la Canal Estrecha no sea practicable, la ruta mejor y más rápida pasa por un descenso directo al sur, para, seguidamente, circundar la cresta occidental hasta llegar a la Canal del Ganado, siempre un amplio rodeo en el que será inevitable recuperar algo de altura perdida en exceso, aunque no sea preciso bajar hasta el ibón de Bucuesa.

lunes, 14 de julio de 2014

Las Maladetas, ilustres vecinos


El obligado paréntesis a que estoy sometido en mi actividad deportiva y que, me temo, aún se ha de prolongar algunos meses, impone el recurso a antiguos escritos, como este, dedicado a las Maladetas. Las imágenes también son añejas...



La proximidad de un gran señor oscurece irremediablemente la fama de otras cimas que merecerían mejor suerte. Tal es el caso de las cumbres que rodean al Aneto, cuya sombra se proyecta incluso sobre la Maladeta, gigante bizarro al que la historia concedió durante algún tiempo el galardón de rey de los Pirineos... por desgracia, nuestra obsesión clasificatoria tiene en mejor concepto los designios del metro que los de la estética. Pero no vamos ahora a discutir los méritos indudables del Aneto, sino a reconocer otras excursiones posibles en sus inmediaciones y habitualmente relegadas al olvido durante una visita demasiado apresurada al macizo.


A despecho del impresionante catálogo de itinerarios de toda especie y dificultad que nos brinda el valle de Benasque, los amantes de los tres mil metros encontrarán en el cresterío de la Maladeta una cómoda oportunidad para allegar un buen racimo de cumbres a su haber. Claro que, si de sumar cotas superiores al límite mágico se trata, supongo que resultará muy frustrante ver cómo una y otra vez se añaden nuevas cotas, apenas relevantes, eso sí, al catálogo de los tres miles. Y todo ello, sin modificar siquiera unos criterios un tanto discutibles de clasificación: en las Maladetas abundan los bloques, piedras y piedrecillas, más o menos prominentes, que se ubican por encima de los tres mil metros; sin embargo, pocas cimas destacan por su individualización y carácter. 

Maladeta, Primer y Segundo Occidental
Maladeta Or. (Abadías) y Maldito
Maladetas y Cresta del Medio desde el Primer Occidental
punta Astorg; pico y collado Maldito
Los coleccionistas de “tresmiles” sabrán apreciar el recorrido que abarca desde el Diente de Alba al Primer Occidental (Pico Mir), carente de dificultades salvo un breve paso, calificado de IVº grado en la guía del CEC (Armengaud/Jolis) y en la más moderna de Angulo, entre el Segundo (Sayó) y Tercer Occidental (Cordier): se trata de un bloque absolutamente liso de granito muy claro y de unos tres metros de altura, superable mediante un paso de hombros... Pero si esta solución nos resulta desagradable o imposible, bastará una breve travesía para rodear el obstáculo sin el menor problema. Es esta una buena ocasión para llamar la atención sobre las graduaciones que podemos encontrar en algunas guías antiguas o mal informadas: cuidado con los pasos de IVº grado, especialmente si entre paréntesis se recomienda el recurso a un pitón, pues con facilidad queda enmascarada la necesidad de utilizar técnicas en escasa armonía con el concepto actual de escalada libre.

Astorg, Maldito y su gendarme Schmidt-endell
En nuestra visita a estos rincones, podemos conquistar, de paso, algunas puntas secundarias, santificadas exclusivamente por su altura. Pero este no es el caso del Pico de Alba, primer bastión del macizo por poniente, cuya ascensión gana mucho en interés por su cresta septentrional, apenas un poco más difícil que la vía normal que transcurre paralela y se alcanza desde Paderna... Es fácil también, y muy intereante, ascender al Pico Le Bondidier, por la cresta que lo une al cuello Cordier y que desde este lugar se presenta como un resalte intrascendente; en cambio, resulta problemática la continuación por la cresta de los Occidentales hasta la propia Maladeta, pero, afortunadamente, esta cima merece una atención exclusiva.

la Cresta del Medio, desde lejos...
... y desde más cerca: Maldito, Astorg y Medio
Cuando en la ruta normal al Aneto se alcanza cualquiera de los Portillones, la cresta del Medio atrae nuestra atención, recortada y desafiante. Merece realmente la pena y su ascensión puede iniciarse en el collado Maldito para superar el gendarme Schmidt-Endell e, inmediatamente, la cima del Maldito. Según las condiciones podemos encontrar algún paso de III e incluso pequeñas complicaciones derivadas de la presencia de hielo o nieve. Tampoco resulta fácil la travesía Maldito-Punta D’Astorg: algunos hitos indican el mejor camino, siempre en un terreno confuso que hace más que recomendable la presencia de una cuerda en nuestro ajuar; en cambio, desde la Punta D’Astorg no supone ningún problema alcanzar el Pico del Medio. Desde el cuello del Medio, el Pico de Coronas no exige sino cinco escasos minutos, pero su travesía completa de Oeste a Este prolongará nuestra excursión mucho más de lo aparente: si andamos cansados o con apremios de tiempo, es preferible regresar de nuevo al collado del Medio, para emprender desde allí un rápido descenso por el glaciar del Aneto hasta Aigualluts.

el glaciar de la Maladeta... hace unos añitos. De perfil, la Cresta de los Portillones
Queda para el final la joya del macizo: la propia Maladeta, para cuya ascensión recomiendo la cresta de los Portillones. Es una ruta magnífica, fascinante, con panoramas siempre cambiantes y rincones inapreciables, que puede recorrerse sin aseguramiento (aunque la prudencia puede aconsejarnos lo contrario) y que sólo supone algunos pasos aislados de III en los resaltes próximos a la cumbre: apenas un poco más que la vía de la rimaya o la normal desde el glaciar del Aneto (itinerario útil para el descenso). La cumbre está defendida por un auténtico caos de bloques que retrasarán el regreso tanto hacia el collado Maldito como al de la Rimaya; sin embargo, los impenitentes todavía no escarmentados por su bregar en un terreno tan complejo como carente de exposición aún podrán añadir a su palmarés el muy próximo Pico Abadías, cima suficientemente individualizada y que goza de un excelente panorama.

Maladeta, vertiente oriental

lunes, 26 de mayo de 2014

Pico y Diente de Soques


llegando al collado de Soques, presidido por la enhiesta corona del Diente
     El macizo de las Ferraturas se desarrolla entre el paso del Portalet y el circo de Arrémoulit; su máxima altura se alcanza en el pico de Soques (2.716 metros) y, muy próximo a él, se alza la osada silueta del Dent de Soques, ligeramente más bajo (2.692 metros) y con el aspecto de una pequeña muela asentada sobre la cresta. Esta cadena, cuya primera cima por el oeste sería el pico de Estrémère es poco conocida y aún  menos visitada, muy a pesar de algunos de los sorprendentes atractivos que exhibe, como la extraña arquitectura del Pic de L’Ouradé.

el Pico de Soques desde el collado homónimo
     Para conquistar tanto el pico de Soques como su apéndice, el Diente, es posible partir del aparcamiento del Caillou de Soques, ubicado en pleno descenso del Portalet. Un difuso sendero siempre próximo al Ruisseau de Soques se introduce en el hayedo para desembocar poco después en un amplio circo herboso, de cuyos escarpes se escapa por la derecha para deslizarnos en una vaguada abierta al collado de Soques (2.487 metros). Pero alcanzarlo exige superar una cuesta más larga de lo que aparenta. El rincón es muy hermoso y apacible en invierno.

Pico, collado y Diente de Soques, vertiente francesa
     Otra alternativa, en la que me voy a centrar, parte del embalse de La Sarra y se vale de un sendero balizado que nace poco antes del paso del Onso, donde toma, siempre próximo al barranco de Garmo Negro, dirección noroeste; después de dejar atrás el bosque, nos acogen unas suaves praderas cerradas al fondo por los recortados Dientes de Scie y el Pico de la Soba; a la derecha queda el pico de Arriel. Hemos de cruzar el torrente y virar a la izquierda, pleno oeste, donde ya se adivina el Pico de Soques; aunque existen otras opciones para ganar la divisoria fronteriza, la más cómoda y atractiva pasa por su arista noreste, con intención de franquear la cumbre en travesía. Alguna pendiente empinada y pequeños graderíos rocosos serán las únicas dificultades que opondrá el camino a la cumbre. Sin embargo, el descenso por la arista occidental hasta el collado de Soques es algo más accidentado, con algún que otro paso de IIº, antecedente de las complicaciones que surgirán a la hora de vencer al Diente.

los altivos Dientes de Scie
el pico de Soques por el sur; al fondo, poco más que un garbanzo, el Diente
     Ya en el collado de Soques, queda muy visible la cara oriental del Diente. Resulta obvio que será preciso recurrir a la escalada, exigua por lo demás. A pesar de todo, existe una vía de mínima dificultad a través de su cara noroeste, itinerario que será de gran utilidad para el descenso, si bien obliga a perder un poco más de altura de lo necesario para retornar a la cresta. En esta cara oriental, varias chimeneas, diedros y fisuras sugieren otras tantas opciones de ascenso; sin embargo, ninguna de ellas resulta muy atractiva, dada la desintegración de la roca en ciertos puntos. Tampoco la que yo escogí, ya muy próxima a la arista Sur tiene mejor desenlace: aunque tan apenas cuenta con un somero paso de IIIº, la chimenea deviene pronto en desagradable angostura terrosa de delicada superación. Pude constatar que las presuntas vías vecinas tampoco están libres de idénticos inconvenientes, en especial la salida de la marcada chimenea situada más hacia la derecha. También junto al propio collado parten otras posibles vías de mayor dificultad; quizá la mejor opción pase por recorrer la arista en su integridad.

el Diente desde el pico de Soques
cara oriental del Diente de Soques; a la izquierda, chimenea seguida.
La marcada canal que aparece más o menos en el centro tiene una desagradable salida terrosa.
el pico de Soques desde la cima del Diente
     El descenso típico del Diente discurre a través de la cara norte, si bien tengo entendido que también aquí será preciso usar las manos, aunque de forma muy comedida. Por mi parte, intenté abreviar el camino y bajé directamente hacia el sur, muy próximo a la arista; pronto, un muro vertical me cortó el paso, obligándome a improvisar un pequeño rápel (unos diez metros). La cuerda se atascó y hube de retroceder para recuperarla:
     —¿Va todo bien? —me preguntó con asombro un testigo, integrante de la casta de los escasos senderistas que rara vez frecuentan estos parajes, al contemplar tan atareado sube y baja, cual araña despistada.
     —Sí, hombre; cómo no. Esto solo son gajes del oficio —más o menos, le respondí algo así. El paso, en roca aceptable, es más fácil de lo que aparenta (IVº) y puede servir como directa e interesante alternativa para ganar la cumbre.
     Todavía ignoraba que la parte más interesante del proyecto, el retorno por el para mí inédito barranco de Balsaroleta me iba a deparar una dosis superlativa de naturaleza salvaje. Ya de por sí, el descenso a la cubeta superior del barranco se realiza a través de unas pendientes en extremo inclinadas y de piso inestable. Cuando por fin se alcanzan los llanos verdes bajo la silueta del Ferraturas, aún nos queda el incómodo recorrido del propio barranco, áspero y desprovisto de agradecidos hitos indicadores. Todo pinta bien al principio, pero enseguida nos sumergiremos en áridos escarpes que alternan la roca desnuda con hierba resbaladiza. Un terreno de cabras en el que no resulta fácil acertar con la ruta correcta que, poco a poco, nos acercará al camino de acceso a Respomuso. Algo antes de alcanzarlo y de internarnos en el arbolado, es preciso abandonar el barranco de Balsaroleta: tras cruzar el cauce en un punto quizá indicado por mojones, nos espera un entorno cubierto por frondosa vegetación donde, una vez más, resultará difícil moverse. Poco a poco, la espesura se aclara y el caminar se hace más cómodo, antes de llegar al llano Tornadizas donde se conecta con el camino hacia La Sarra.

praderas en lo alto del barranco de Balsaroleta.
     Puede parecer algo desatinado e imprudente recomendar semejante itinerario, pero… ¿acaso el auténtico sentido de la montaña se forja en la molicie de los caminos trillados?