Vías Pirineos de dificultad media, [escalada PD, AD, D (IIº/IVº, máx. Vº)]. Vivencias de montaña. Rincones desconocidos o escasamente divulgados. Y alguna que otra reflexión

martes, 23 de agosto de 2016

Peña Oroel, cara norte. Vía Mayencos

atardecer sobre la Peña Oroel desde Jaca

En cierta ocasión le preguntaron a un ilustre alpinista de la época heroica por qué deseaba ascender al Everest. Él contestó simplemente: “Porque está ahí”.  La frase, de George Mallory, quizá el primer hombre que ascendió a la montaña más alta del mundo, hizo furor, tal vez porque expresa de forma contundente un sentimiento de conquista. La Peña Oroel, con su modesta altitud, también está ahí. Por eso la asciende cada verano un rosario de excursionistas, incluso en familia. Y la cara norte, con su imponente presencia, también está, bien visible desde Jaca. ¿Cómo no soñar con vencerla?

trazado aproximado de la vía Mayencos.

No hace mucho tiempo, toda la información que poseía sobre escaladas a la Peña Oroel se resumía en una difícil vía, la del espolón Montaner-Rabadá; además, la Peña ostenta una penosa fama de mediocridad en su roca; se trata de un conglomerado débilmente cementado y más limitado que el clásico habitual en Riglos. Por fortuna, el club jacetano Mayencos poseía la llave de una ascensión que recorre en diagonal la muralla hasta alcanzar por un marcado espolón la mismísima cruz. La vía “Mayencos” es una ascensión factible, de muy escasa exigencia técnica, que, sin embargo, requiere pie firme y atención constante, sobre todo para no perder las trazas de paso que, como un hilo de Ariadna, nos conducen a la cumbre.

primer resalte, con su cuerda fija...
...fácilmente superable por la izquierda.

Desde el merendero de Oroel, es preciso descender por la carretera unos doscientos metros para tomar una pista en fuerte cuesta durante otros tantos; cuando desaparece, encontraremos un sendero a la derecha, estrecho pero bien marcado, que es preciso seguir.  Algo más de media hora después se toma contacto con una roca, enmascarada por la vegetación, que ha de rodearse por la derecha. Prosiguiendo siempre por el sendero, un poco más arriba tropezaremos con el prime resalte; existe una cuerda fija que trepa por su parte más vertical. Qué absurdo, ¿no? ¿Se trata acaso de una prueba disuasoria para los indecisos? Sin embargo, a la izquierda una sencilla escalada permite coronar el resalte; entonces se divisa otra cuerda fija un poco más allá, a la derecha. Pero para alcanzarla hay que atravesar una delicada travesía por terreno inestable. Entonces se comprende que la cuerda fija no es tan mala idea.


la muralla pronto se empina, más de lo que parece desde lejos.
las vistas se amplían al salir del bosque: Jaca...
...mientras que la Peña se sigue empinando.
rampa y chimenea tumbada.Pueden observarse la sucesión de clavos con paño rojo

Siempre progresando hacia la derecha, siempre pendientes de no perder el sendero, con alguna que otra trepada elemental intercalada, se supera el arbolado todavía presente y se llega al pie de una chimenea tumbada, precedida por una rampa y máxima dificultad de la ruta. Hay cuatro clavijas plantadas, de cuyo uso se puede prescindir, ya que nada supera el IIIº. Hasta ahora y tampoco en adelante, apenas se puede hablar de gran exposición en sentido estricto: el sendero, aunque muy estrecho, es de buen piso y el precipicio se mantiene suficientemente alejado. Por supuesto, no está permitido resbalar… como en cualquier otro pico de nuestro querido Pirineo. También puede caer alguna que otra piedra… al menos yo escuché el sonido de una, y no era pequeña.

perspectiva hacia el este desde el espolón final...
...y hacia el tramo final; al principio, andando, y después un muro más fácil de lo que aparenta.
el flanco occidental se desmorona en vertical.

Nos internamos de nuevo en zona arbolada, pero flanqueados por enormes paredones verticales por arriba y abajo, inicialmente a través de un cómodo nicho, en dirección al ya visible espolón final. Aunque parece factible ascender directamente, es prudente seguir las débiles trazas de paso incluso en ligera bajada hasta el espolón, que se alcanza un poco por encima de su desplome en rigurosa vertical sobre el bosque. Precisamente cuando, a la derecha, el abismo se hace de verdad presente, nos esperan un par de muretes; el primero se supera fácilmente (Iº), en tanto que el segundo, todavía más sencillo, dispone de marcados escalones herbosos. Por encima, se continúa andando, dominados por el último muro, algo más largo, que nos espera justo debajo de la cruz. Este resalte (IIIº-), es más fácil de lo que aparenta. Hay quien en su valoración, no pasa de IIº, lo que no parece irrazonable en modo alguno; cuenta con dos clavos colocados. Estas clavijas, que jalonan aquí y allá el recorrido, están provistas de un paño rojo que sirve esencialmente para confirmar el recorrido; posiblemente perderán pronto el color, lo que devendrá en difícil identificación.

la cruz. Muy pronto se llenará de excursionistas.

Por fin, la cruz. En pleno agosto, si no hemos madrugado mucho (bastan un par de horas para la ascensión), tendremos amplia presencia de sorprendido y expectante público. No fue mi caso, para disgusto de mi vanidad. ¿Y qué importa eso?

vista al norte. Jaca y el valle del Aragón
perspectiva hacia el sur; al fondo, los mallos de Agüero.
la antecima occidental.
y la cumbre, con el perfil del tramo final del espolón.
la cara sur de la Peña de Oroel.
la verticalidad de la muralla es impresionante.
última mirada hacia la cubre que acabo de abandonar.
aparcamiento del merendero, punto inicial y final de la excursión.


En suma, una interesantísima ascensión, no excesivamente recomendable por su compromiso, pues no existe escapatoria salvo el retroceso o la culminación, y, sobre todo, porque requiere atención constante, a pesar de que casi siempre iremos caminando. Aunque las exigencias técnicas sean muy reducidas, las psicológicas están por encima de la exigua dificultad. Conviene llevar material, aunque no lleguemos a utilizarlo. Por último, a pesar de que pueda parecer lo contrario, la humedad no debería afectar seriamente ni a la adherencia ni a la firmeza del piso; al menos en menor medida de lo que acontece en el granito tapizado de líquenes.
Track: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=14467045

jueves, 4 de agosto de 2016

Pondiellos. Cresta sureste.

vía de ascenso. De izquierda a derecha, rampa inicial, torreón, gran brecha y gendarme aparentemente dificil.

Las montañas se ven primero desde abajo, ¿no? Pues desde el Balneario de Panticosa, la presencia del pico de Pondiellos impone y en nada desmerece la de sus vecinos, Argualas y Garmo Negro, cumbres harto concurridas que acogen una nutrida masa de excursionistas; tanto estos como quienes se dirigen hacia el collado de Pondiellos, en dirección al Infierno o Arnales, pasan junto a una espléndida cresta a la que, me temo, apenas dirigen una miradita de soslayo. Se trata de la olvidada cresta este o sureste del olvidado pico de Pondiellos, cuyo único pecado reside en esos pocos metros que le faltan para alcanzar la mítica cifra de 3.000. Claro que tampoco posee un aspecto muy sugestivo desde el norte, tan solo un accidente de escaso relieve en el vasto espinazo que aúna las Argualas con el Infierno. Pero, como queda dicho, la cosa cambia cuando se divisa el pico desde el Balneario; entonces, sí, entonces se presenta con sus mejores credenciales que suman a su talante alpino el atractivo y desafío de una poderosa línea que bien merece la pena recorrer.

Argualas, Garmo Negro, Pondiellos y Arnales desde la cuenca de Brazato.
Garmo Negro, con la Aguja de Panticosa (o de Pondiellos) y el cresterío de Pondiellos dede el Balneario.

Abundando en la fiebre de los “tresmil”, sorprende el exceso de popularidad de la antaño Aguja de Panticosa, bautizada así por Jean Arlaud, y hoy conocida como Aguja de Pondiellos: mero apéndice del Garmo Negro con excesivo protagonismo, aun a pesar de las vías difíciles que lo recorren, poco recomendables precisamente por los pésimos atributos del roquedo. Ni esta enhiesta aguja, ni el resto de las cumbres que dominan las Argualas se erigen sobre una roca medianamente sólida y agradable de escalar, lo que aporta mayor encanto al pico de Pondiellos, que se distingue justamente por lo contrario, pese a la presunta inestabilidad de algunos bloques.

el perfil de la cresta desde la cuenca de Arnales (oriente)...
...y desde la vertiente opuesta, oeste (Argualas).

La cresta sur del pico de Pondiellos es más larga de lo que aparenta; sin embargo, recorrerla es una auténtica delicia, aunque es preciso vigilar con una atención constante el equilibrio de los bloques, único pero que puede oponerse a la calidad de la roca, además de la omnipresente e inevitable abundancia de líquenes, que, combinados con la humedad, pueden suponer un serio problema. 

el temporal se cierne sobre el Balneario de Panticosa.
el ibonet inferior de Arnales; al fondo, Brazato.

En fin, mi idilio con esta cresta nació hace ya algún tiempo, legado de la búsqueda incesante de rincones incógnitos, algo curioso y paradógico en este caso, ya que entre sus numerosos alicientes, no se cuenta el de estar escondida. Quizá su mayor encanto resida justamente en eso: tan patente y tan ignorada. Ya se hace difícil encontrar en internet reseñas sobre el pico de Pondiellos, pero si se trata de localizar antecedentes o descripciones de su cresta sur, la frustración está garantizada.

tras la rampa inicial, nos espera una gran pedrera dominada por el torreón; al fondo Argualas  y Garmo Negro.
...pero después, la afilada cresta augura buenas emociones.

Bien, mi cortejo a la cresta del pico de Pondiellos se concretó en un primer ataque durante el mes de octubre de 2014, intento que culminó en la primera gran brecha, impresionado por el aspecto de lo que seguía y apurado por el tiempo disponible. Sin embargo, este sector inferior tiene poco interés. La erguida rampa inicial, plena de pequeños escombros, se salva casi sin usar las manos; por encima nos espera una gran pedrera que solo al final requiere escalada, sobre un difuso torreón, del que se desciende a una gran brecha mediante una zancada final (sin exposición) para alcanzar el umbral. Incorporarse directamente a esta brecha por la vertiente occidental parece muy engorroso; por el este, desde la cuenca de Arnales, se eleva una canal no muy larga y, creo, sin problemas.

en el centro, el sector horizontal.
toda la zona superior.
el ibón de Arnales y, abajo, la cubeta del Balneario.

Más allá de la brecha se extiende un sector sensiblemente horizontal erizado de pequeños dientes y fácilmente accesible desde varios puntos por la vertiente oriental. Uno de estos dientes, el incisivo más fiero y ubicado más al norte parece oponer un filo vertical que requeriría el descenso en rápel; no hay tal como se constata cuando se alcanza la cresta en sus proximidades, que es exactamente lo que hice en mi segundo intento, a finales de julio, con la evidente intención de librarme del rápel.

desde el torreón, a la izquierda, la gran brecha y el gendarme agudo, punto de reincorporación en mi segundo intento.
el pico de Arnales entre la niebla.
el torreón, justo delante de la gran brecha.

En esta ocasión, la predicción meteorológica era poco favorable, con nubosidad de evolución y posibles chubascos ya durante la mañana. Inmerso en la niebla ascendí hasta las inmediaciones de la brecha por la vertiente de Arnales. Ni llovía aún, ni el trueno se dejaba escuchar, así que me animé a explorar someramente la cresta; a la vista de su interés y de la excelencia del granito, tal exploración persistió más de lo debido, hasta el punto de que pronto resultó más fácil escapar por la cumbre que retroceder. Por suerte, recibí las primeras gotas acompañadas de pequeñas bolitas de granizo ya muy cerca de la culminación de la escalada, lo justo para constatar, como era previsible, la pérdida de adherencia que experimenta el granito con líquenes cuando se moja.


los ibones de Pondiellos, todavía helados, desde la cima.

La progresión por la cresta es relativamente sostenida, con numerosos pasos de IIIº; también hay que contar con algún que otro IVº , muy breves siempre, pero probablemente no eludibles. Conviene mantenerse próximos al filo, siendo más favorable la vertiente que mira a las Argualas; a partir de los cómodos accesos a la cresta, incluyendo la canal más elevada con una pequeña ventana, no parece existir ninguna escapatoria viable y la cresta es notoriamente extensa, tal y como confirmaremos al retornar a su vera desde el collado de Pondiellos. La vertiente oriental, sensiblemente vertical y lisa, no ostenta debilidades apreciables; la cara opuesta, por el contrario, es alta, confusa y muy accidentada, así como lo suficientemente empinada para no permitir un abandono satisfactorio.


vertiente occidental; destaca el torreón y la gran brecha.
la cara sur de la Quijada de Pondiellos o picos del Infierno (central y occidental).
los ibones de Pondiellos desde el collado homónimo.
la cresta desde la gran brecha hasta la cima.

Para una valoración global de dificultad, le asignaría un AD+. Si bien la zona horizontal intermedia, entre la gran brecha y el agudo gendarme solo aparentemente difícil, permite alcanzar la cresta por varios puntos, el recorrído íntegro, incluyendo el sector inicial a pesar de su escaso interés, parece ser al camino más rápido. Es también la solución de mayor elegancia. Entiendo, además, que el nuevo refugio de Brachimaña facilita sensiblemente el acceso, mediante una travesía sobre el ibón de Arnales.

Track ruta en Wikiloc:
http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=14207352

miércoles, 20 de julio de 2016

Ripera, cara sur. Tendenera.

vertiente sur del pico de Ripera o Mallo de las Blancas. Vía descrita.

La cara sur del pico de la Ripera o Mallo de las Blancas (2812 metros) es en extremo caótica, con un zócalo de bloques desprendidos, auténtico laberinto que podría resultar complicado de atravesar de no ser por unas amplias canales a la izquierda o un notable rosario de hitos (que conviene no perder) por el flanco oriental. Por encima, una zona ostensiblemente aérea aderezada por varias barreras y obstáculos entrelazados con canales de pedriza inestable y, por fin, una zona tumbada fácil de escalar hasta las últimas defensas, ya próximas a la cumbre.

Ripera desde el puerto de Yésero o del Sía
otra perspectiva del Ripera durante mi primer intento.
y, por fin, durante el ataque definitivo.
A finales de junio tuvo lugar mi primer intento por esta vertiente del Ripera, partiendo de Yésero. No tuve mí día, bajo de forma, por lo que me vi forzado a un abandono temprano; no, no estoy en mi mejor momento, pensé… pero poco más tarde, a mediados de julio, cuando por fin pude culminar la ascensión, esta me resultó también francamente dura. Quizá sea lo razonable, pues el desnivel acumulado ronda los dos mil metros y eso, a mis años, son muchos metros; sobre todo en una jornada de tórrida solana estival.

la cara sur desde muy cerquita. Las amplias canales de la izquierda son una alternativa viable al caos de bloques.
Ripera desde las laderas oeste del Tendenera, ¿o es Tendeñera?

Pero tornemos al primer intento. Asumido ya el abandono del proyecto inicial, quise tantear la vía normal, obvio camino para el regreso que requiere la superación de una chimenea, paso clave (IIIº) hacia los 2500 metros y, al parecer, difícil de descubrir, en especial en el sentido de bajada. El paso se encuentra en el extremo este de una terraza transversal, guarnecida por un nevero hasta bien avanzado el verano. Después de superar la barrera de bloques y lapiaz por el extremo oeste (la vía normal, señalada por hitos, atraviesa el mar de bloques por el este), accedí a una terraza dominada por una muralla algo más erguida, en realidad la famosa travesía horizontal que indican casi todas las reseñas y guías que conozco. Pero en ese momento no identifique el lugar, por lo que, a la vista de una vira ascendente en diagonal de derecha a izquierda, opté por aprovechar tal debilidad de la muralla. Es francamente accesible, máximo IIº… si llega. Se alcanza así un nevero importante, que enlaza con el pequeño circo superior entre el Ripera y el Tendenera, y del que lo separa un mínimo parapeto intermedio que esconde varios agujeros, alguno peligroso: el lugar bien puede presumir de ostentar un digno catálogo de sumideros, algunos de notable profundidad, que se pueden presentar disimulados por la nieve. Para el descenso opté por retornar prudentemente por el mismo camino, ignorando definitivamente la chimenea, que, insisto, puede llegar a ser difícil de localizar desde lo alto.

la terraza citada. La chimenea se encuentra más allá de la nieve
...y el paso alternativo; una vira herbosa en diagonal (máxino IIº)
el alto Sía desde la terraza en cuestión. En el centro, el cordal de Toronzué
Segundo intento: me encuentro bajo la vira diagonal descrita; una vez culminada, ataco la pared ligeramente hacia la izquierda. Trepada aérea pero fácil (máximo IIIº), mediante la cual accedo a la zona menos erguida de la vertiente. La progresión se hace aún más fácil, aunque comienzan a ser omnipresentes las terrazas y canales colmadas de pedreras inestables, por lo que intento mantenerme sobre el lomo central, el cual me garantiza mayor solidez. Ya muy arriba, huyendo de cualquier complicación, eludo la última barrera saliendo a la arista SE que aparenta gozar de buena roca. Y así es, en efecto. Los últimos metros son muy agradables de escalar y sin presentar ninguna dificultad reseñable. El pico de la Ripera me ha costado casi seis horas efectivas y me encuentro cansado, muy cansado. Sin embargo, sería una lástima no ascender también al pico de Tendenera: desde el collado que separa ambas cimas, basta poco más de media hora para ir y volver; ahora bien, sin mochila, que aguardará en el collado mi regreso: ciertamente, aprecio en lo que vale la agradable sensación de haberme quitado siete kilos de la espalda y eso que conservo la cámara fotográfica… indispensable, ¿verdad?

la cresta entre el Ripera y el Forato, desde la cima.
Forato os Diaples y Sabocos. Al fondo, Telera y la Partacua.
Ripera desde Tendenera; a la izquierda la interesante arista SE.
Ripera y su arista SE desde las proximidades del collado con Tendenera.

Tenía previsto descender de Tendenera por su arista SO, pero existe un abrupto escollo hacia los 2.700 metros; sé que es fácil, pero también se adivina engorroso y complicado para encontrar el paso correcto. Demasiado fatigado a estas alturas, mejor me limito a bajar por la vía normal y, ya puestos, siguiendo los hitos que me han de conducir hasta la famosa y escondida chimenea. Nunca difícil, le otorgaría más bien una dificultad de IIIº+, algo superior a la oficial, pero su tránsito es seguro. Tras ella, las marcas me introducen en la caótica maraña de bloques: el itinerario surca el lapiaz por impensables vericuetos. ¡Ay de quien se extravíe por aquí! Sin embargo, la travesía resulta divertida y estimulante, a pesar del cansancio y horas acumuladas. Más abajo solo espera la pradera y calor, mucho calor.

la arista SO de Tendenera. No tan fácil como aparenta a primera vista.

En conclusión, la pared sur del Ripera es un tanto decepcionante, apenas problemática pero fastidiosa; los escasos metros de la arista SE que recorrí me parecieron mucho más interesantes; esta vía es muy recomendable, tanto más cuando el peor paso (IVº+) se encuentra al principio de la escalada. Por desgracia, creo que tardaré en volver por aquí.


el valle de Otal desde Tendenera.
al fondo,Vignemale; en primer plano Mallaruego, Ferreras, Espelunz..., dominando el cuello de Tendenera. 
el pico de Otal y Ordesa.

Por cierto, ¿Tendenera o Tendeñera? Desde el sur, en el valle de Broto, se conoce a este pico como Tendeñera; en el valle de Tena indican que somos los montañeros quienes hemos añadido la "ñ".

Trac ruta en wikiloc
http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=14073484