Vías Pirineos de dificultad media, [escalada PD, AD, D (IIº/IVº, máx. Vº)]. Vivencias de montaña. Rincones desconocidos o escasamente divulgados. Y alguna que otra reflexión

domingo, 21 de junio de 2015

Infierno, Marmolera suroeste (Pondiellos)


marmolera suroeste: en rojo, la vía reseñada; en verde, descenso cara sur y en amarillo el itinerario aconsejable arista oeste

Me resisto a denominar como Picos del Infierno a la Quijada de Pondiellos, pero el uso mayoritario de esa designación obliga; por cierto, no está del todo clara su atribución al Conde Russell, aunque sí el origen galo del topónimo que ha terminado por imponerse. En cualquier caso, son célebres sus famosas “marmoleras”, bien visibles desde el entorno de Formigal; se trata, según Martínez de Pisón, de calizas eodevónicas pero al contacto con la mano se revelan algo diferentes de otras masas calcáreas similares, como las que integran la próxima Foratata o se dejan ver en la vecina Partacua. Ciertamente, estamos ante una roca que ha sufrido al menos parcialmente un proceso metamórfico: de ello dan fe algunos puntitos brillantes y una epidermis particular que, desde una perspectiva deportiva, aporta una adherencia excepcional, con la salvedad de algunas zonas lavadas y el extraño injerto de algunas chapas diminutas muy resbaladizas, que bien podrían ocasionarnos algún que otro susto.

la Marmolera el día de la ascensión; la empresa no parece tan temible...
Justificada o no la apelación al mármol, esa enorme placa con apariencia de nieve vieja presenta unas llamativas franjas de tono oscuro que la cruzan en diagonal; la más alta de estas vertiginosas cornisas se estrella en la cresta cimera junto a la cumbre. Exactamente, eso: la cumbre, y no la cumbre central. Porque las montañas solo tienen una cima, ¿no?; el resto serán gendarmes, antecimas, puntas secundarias o como quiera que deseemos denominarlas. Secuela del insaciable apetito “tresmilero” tan de moda en la actualidad, es curioso cómo, sin movernos de casa, es posible incrementar día a día la lista de tres miles ascendidos, merced a la incorporación de nuevas cimas al club… 

...y aún menos desde más cerca, si bien la perspectiva es aquí engañosa

En fin, que tenemos una Marmolera bastante empinada (45º de media y más de 50º en algunos puntos), un señalado prestigio, derivado de la aprensión que a muchos senderistas merece el tránsito por la cresta cimera, y unas bandas que sugieren una vía evidente para alcanzar la codiciada cumbre, merced a la presumible continuidad de las presas. Tentador, ¿verdad? Añadiré que ni en la Marmolera oeste ni, creo recordar, tampoco en la que se desliza por la cara norte he observado esa costra superficial tan particular y adherente que caracteriza a la placa suroeste. Sin embargo, obviamente, la escasa dificultad presente en la vía no constituye el punto de interés, el cual reside en su belleza y, sobre todo, en la originalidad del trazado, sensiblemente aéreo por otra parte.

amanecer sobre la Foratata, desde la entrada al valle de Pondiellos
Sallent y la Selva del Pacino desde el valle de Pondiellos
la cabecera del valle, justo por debajo del desagüe de los ibones
una nueva perspectiva del valle

Así que, a principios de junio, lancé mi primer ataque a la Marmolera suroeste, sin demasiadas garantías de éxito, tanto por el lejano punto de partida, Sallent, como porque la probable dificultad de la ascensión podía fácilmente exceder de mis posibilidades. Lo cierto es que el valle de Pondiellos, que aún no había pisado, resultó bastante cómodo de recorrer, a excepción de los alrededores de Sallent, muy vestidos de vegetación y dotados de una maraña de sendas entrecortadas y defendidas por plantas espinosas; una más que confusa algarabía en la que tampoco es demasiado difícil mantener la dirección correcta. Me llevó cuatro horas y media alcanzar un punto, hacia los 2.600 metros, donde un nevero helado suficientemente erguido que defiende el acceso a los ibones de Pondiellos me aconsejó continuar por la roca, allí donde viene a morir la arista oeste que parte de la antecima occidental del Infierno. Craso error: de inmediato me vi envuelto en un caos de roca descompuesta, quizá no muy peligrosa pero sí extremadamente incómoda; perdí mucho tiempo y hube de abandonar la empresa sin conseguir siquiera una buena foto de los ibones durante el deshielo. Procede el relato de estas incidencias en cuanto a que el valle de Pondiellos desde Sallent sigue siendo el mejor punto de ataque para la cara oeste y suroeste del Infierno, con especial mención a cualquiera de las dos marmoleras de esta vertiente. El desnivel a vencer, en todo caso, es significativo, 1.800 metros; el retorno, forzado sobre la cresta oeste, compleja de recorrer íntegramente, hace recomendable bajar hasta los ibones por la vertiente meridional de la cresta.

la Marmolera oeste: aunque menos atractiva que la suroeste, quizá oponga mayor dificultad para su ascensión
la zona inferior de la Marmolera oeste...
...que la vía normal del Infierno desde Tebarray atraviesa por su borde superior
el fondo del valle de Pondiellos conserva nieve durante mucho tiempo

El nuevo asalto tuvo lugar el 19 de junio, en esta ocasión con partida del Balneario de Panticosa. Como aperitivo, tres horas y media hasta el collado de Pondiellos (2.812 metros). Desde allí, en caso de descender hasta la orilla del ibón superior, podría ganarse algo de tiempo sobre la alternativa de Sallent, pero mi obstinación en no perder unos metros de altura me indujo a trazar una incómoda media ladera sobre neveros todavía helados para los que no disponía de material adecuado. Aunque no se trata de terreno expuesto, un resbalón siempre puede deparar un disgusto; en definitiva, me llevó algo más de una horita suplementaria llegar al pie de la pared, a 2.800 metros. Por fortuna, el aspecto que me deparó la Marmolera suroeste fue reconfortante: no tan difícil. Cualquiera de las bandas de roca oscura semeja una vía factible hacia la cumbre: elegí la más elevada, también más directa y atractiva. Por el contrario el ataque frontal por el eje de la gran lámina parece menos aconsejable, ya que en cualquier momento pueden desaparecer las presas sobre unas placas muy lisas y suficientemente escarpadas como para implicar una seria contrariedad.

Debuta la ascensión por un terreno cómodo, en el que busco la entrada más complicada para examinar la adherencia de la roca: prueba superada. En adelante, prosigo sin dificultad, incluso ocasionalmente andando; nada superior al IIº; observo por debajo de mí un parabolt: alguien ha subido o intentado subir por el eje de la placa. Obviamente, no se trata de un anclaje de seguro establecido por una cordada (¿quién lleva un taladro entre el material?), sino de la preparación de una vía protegida.

el sol naciente saluda a las Argualas
la entrada al circo que forma la cara suroeste sobre los ibones de Pondiellos...

Durante la segunda mitad de la ascensión surge algún que otro paso un tanto más delicado, nunca superior al IIIº; quizá de forma esporádica en su límite superior y tal vez eludible, aunque en el estrecho margen que presta la veta tampoco hay mucho donde buscar. Casi ya en la cresta, la pendiente, que se había empinado sensiblemente, cede en su inclinación y la escalada se torna de nuevo muy fácil, pero la calidad de la roca, hasta ese momento excelente, empeora. Sin embargo, y aunque siempre es absolutamente esencial mantener la atención, la roca de la Marmolera brinda una confianza poco habitual en nuestro querido Pirineo.

...que permanecen aún helados bien entrado junio

En cuanto a una valoración global de la dificultad, podría señalar la de AD (algo difícil), en especial si tenemos en cuenta la peculiaridad de una escalada donde resulta fundamental la confianza en los pies y, por tanto, inadecuada para montañeros que no dispongan de una mínima experiencia. La Marmolera ofrece, contra lo que inicialmente había pensado, bastantes puntos donde establecer seguros, pero el avance en diagonal apunta al riesgo de caídas pendulares, tanto para el primero como, en especial, para el segundo de la cordada. Por supuesto, tal consideración tiene poco sentido en una excursión solitaria que, en mi caso, se prolongó durante casi diez horas.

mi objetivo, por fin a la vista

Para el descenso, si se proviene de Panticosa, conviene utilizar la corta cara sur. Aunque empinadísima e impresionante desde lo alto si se desconoce el itinerario, carece de dificultad y es muy rápida para alcanzar el collado de Pondiellos; sin embargo, si la vía está concurrida, es preciso prestar mucha atención a posibles desprendimientos de piedras. En este regreso es donde más tiempo se puede ganar respecto de la alternativa sallentina.

Garmo Negro y Algas, dominando la cuenca de los ibones 
los neveros al pie de la Marmolera semejan un agrietado glaciar
la cresta norte de la Quijada de Pondiellos, con su Aguja Bicolor
el Infierno desde el collado de Pondiellos. Por esta cara, junto al tubo sur, se desarrolla el descenso más directo

Cuando tracé este proyecto, busque en Internet alguna referencia. Incomprensiblemente, no encontré nada. Ni una línea. ¿Será posible que nadie haya subido por aquí? Arlaud anduvo por este rincón con su grupo de jóvenes, mencionando su ascensión al Pic de l’Enfer por la arista oeste, pero no parece muy probable que él u otros pireneístas de la época gloriosa escogiesen esta vía; por lo demás, como sugiere el parabolt que pude contemplar, no han de faltar protagonistas para la empresa. ¿Quizá alguien en la órbita del personal de los refugios próximos de Respomuso, Brachimaña o Casa de Piedra? ¿Algún miembro del GREIM? Lo ignoro. Lo único claro es que se trata de un silencioso pireneísta, alguien muy alejado del ideal de Beraldi, quien con tanto aprecio loaba al montañero capaz de escalar, sentir y… escribir.

esta vez se dejó acercar lo suficiente
Track: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=12814400

Del todo recomendable ver más detalles en Marmolera suroeste II, en este blog:
https://rondapyrene.blogspot.com/2020/08/infierno-marmolera-suroeste-ii.html

sábado, 16 de mayo de 2015

Ferraturas, vertiente noroeste

el valle de Ossau desde la cuenca d'Estrémère
El macizo de Ferraturas, que incluye cimas tan señaladas como l’Ouradé, Soques y el propio pico de Ferraturas, separa el valle de Tena del de Ossau. Apenas frecuentado desde España, tampoco recibe muchas visitas originarias del país galo; en particular, muy pocos llegan a la cumbre de Ferraturas directamente por la cuenca del barranco d'Estrémère, lugar salvaje y solitario tapizado de empinadas pendientes, la primera de las cuales será ya un problema para acceder al próximo hayedo desde la carretera. El punto de partida se encuentra entre las dos primeras estructuras de prevención de aludes (unos cuatro kilómetros desde el Portalet), pero no será nada fácil descubrirlo: ¡no existe! Así que, ¡vale todo!, desde asir los matorrales hasta el sutil equilibrio entre pedruscos romos y la tierra compactada del talud. Apenas media docena de metros, pero, ¿y al regreso?... pues incluso se agradecería un pequeño rapel para bajar a la carretera. ¿Que estoy exagerando? Bueno, puede que un poquito, ¿vale? Eso sí, la única exposición del paso reside en que te atropelle algún conductor despistadillo. 

l'Ouradé desde la cresta
Peña Foratata y el valle de Tena; al fondo, la sierra entre Tendenera y Sabocos
desde la cumbre de Ferraturas, el cordal hasta el Diente y Pico de Soques; a la derecha, Palas y Arriel
Balaitus y Frondellas
Nos espera el acogedor hayedo; con un poco de paciencia tal vez consigamos adivinar un vago rastro de sendero entre la hojarasca por donde atravesar el bosque, permaneciendo siempre relativamente próximos al Ruisseau d'Estrémère. Apenas tres cuartos de hora después, hacia los 1.700 metros, el arbolado se aclara y se divisa un gigantesco espolón rigurosamente vertical y óptima referencia; eludiéndolo por la derecha, ascenderíamos bajo las estribaciones de la Coroneta para trazar después una larga travesía diagonal hacia el Ferraturas, mientras que por el flanco contrario es factible alcanzar directamente la cumbre siguiendo el curso del barranco. Me he visto obligado a retrasar esta excursión en varias ocasiones y apenas queda ya nieve, al menos por debajo de los dos mil metros; por el contrario, las torrenteras bajan desbordadas por un deshielo que el extremo calor de los últimos días ha recrudecido: se impone, pues, una enmienda en la intención inicial de ascender a lo largo del cauce d'Estrémère y he de optar por la alternativa de l’Ouradé. Solo que, por una vez y a pesar de los más de diez kilitos de la mochila, asciendo a buen ritmo, favorecido por una nieve dura y muy transformada; sin darme cuenta me planto en la cresta, al oeste y muy próximo al puntiagudo l’Ourade… ¡qué le vamos a hacer! Tendré que descender cien metros para recuperar el curso de la ascensión proyectada.

desde la cima del Ferraturas, la cresta hacia l'Ouradé y la Coroneta; al fondo, el Anayet
El día está muy pesado, con una inmensa calima que no deja ver el sol y escasa visibilidad. Me tienta la posibilidad de continuar por la cresta, como continuación del paseo que describo en otra entrada del blog (La travesía Peyralún / l´Ouradé), pero me consta que no es fácil el descenso de l’Ouradé… ¿tendré suficiente cuerda? Además, llevo bota rígida armada de crampones; en fin, lo dejaremos para otra ocasión.

l'Ouradé; la visible  fisura en diagonal es el problema a resolver para la continuidad de la cresta
el mismo paso desde otra perspectiva; la pared aquí es vertical ¿V?; como mínimo, un IV+


Pese a la pérdida forzosa de altitud, la cima me espera, próxima. La alcanzo enseguida, sin ninguna dificultad, coincidiendo con un repentino alivio del vendaval que, de tanto en tanto, viene azotándome sin piedad toda la mañana. Al menos podré hacer alguna foto que no salga “movida” (ojito: los expertos dirían “trepidada”).
la impresionante, aunque muy corta, cara noroeste de l'Ouradé
la Coroneta
Retorno por el mismo camino para evitar los arroyos crecidos; si bien la zona superior nevada se desciende plácidamente, los últimos metros hasta el bosque exigen un laborioso análisis del matorral para encontrar paso entre los escabrosos y pendientes domos herbosos; sospecho que mi intuición me ha conducido exactamente por el camino de ida. Realmente, el seductor atractivo del terreno salvaje nunca resulta cómodo.

el valle de Ossau durante el retorno
El pico de las Ferraturas tampoco es un objetivo libre de penalidades por la vertiente española; de hecho la zona superior alcanza una inclinación prohibitiva en la cara Sur, con bastantes metros verticales en caso de persistir cornisas, lo que viene a ser muy habitual hasta bien entrada la primavera. Existe un rodeo hacia el Este, a través de la cabecera del barranco de Balsaroleta, que permite eludir los principales obstáculos, pero nada nos librará de enojosos y deslizantes canchales en verano, ni de peligrosas cornisas en primavera e invierno. Desde Francia, es una cima fácil, algo menos incómoda pero con un gran rodeo si se parte del Caillou de Soques o, aún mejor, desde el Puerto Viejo de Sallent. En condiciones invernales la pendiente puede superar los 35º únicamente en algún punto aislado, casi siempre eludible, pero el terreno es propicio a las avalanchas, por lo que conviene esperar a la primavera hasta que la nieve se consolide. En verano, el horrible piso de resbaladizas pizarras es casi tan temible por Francia como por España.

jueves, 9 de abril de 2015

Canal Estrecha o del Cuarté (Partacua, Telera)

camino de la Rinconada de Lana Mayor; refugio con radioteléfono. Al fondo, Argualas
En el extremo occidental de la Sierra de la Partacua, sobre los manantiales del Goluso, se alzan la Pala d’os Rayos y Peña Retona. Ente ambas cumbres se desliza un angosto corredor conocido como Canal Estrecha —o del Cuarté, en memoria de su ensanchamiento central—. Es un corredor de moderada inclinación, que recibe muy pocas visitas por su alejamiento de cualquier punto accesible con vehículo, ya que en invierno la pista deviene intransitable incluso para aquellos privilegiados, vasallos de la comodidad, que dispongan de un todoterreno y de la correspondiente autorización para circular. Sin embargo, el aislamiento de la zona constituye un encantador aliciente que nos distancia del bullicio jaranero que invade Telera con prodigalidad: recién finalizada esta Semana Santa, dominada por un sol omnipresente, cualquier huella de presencia humana se desvanecía según me internaba en tan apartado rincón.

la Canal Estrecha ya muy avanzada la primavera
aquí, a la izquierda, se aprecia bien la falsa entrada 
nueva perspectiva del corredor; gran cornisa en la salida de la vía Anaconda
La Canal Estrecha presume de nieve dura y persistente que llega incluso a soportar los rigores estivales. Para acceder al final de la pista, cuando pierde su dirección hacia Poniente y dobla al Norte, precisaremos unas dos horas desde Lacuniacha y otra más suplementaria para encaramarnos al cono de deyección que se abre bajo el corredor (sí, ya sé que no soy muy rápido); cuando la ladera goza de buena innivación, conviene abandonar la pista un poco antes para trazar una media ladera ascendente; de otra forma, varias barreras pedregosas interrumpen la continuidad de la nieve obligando a penosos descalzados de crampones. Pero, de ser factible el recurso al alcorce en diagonal, arribaremos a la canal por su margen derecha, sin disponer de una visión previa de conjunto; es probable, en tal caso, colarnos por una falsa entrada que no lleva a ninguna parte; eso fue lo que aconteció en mi primer intento a este corredor y me consta que no he sido el único en tomar el camino erróneo. Aunque sería posible una travesía para recuperar la buena dirección, ello implica alguna maniobra de rápel y la consabida pérdida de tiempo, algo de lo que no se suele disponer durante el asalto a un objetivo tan apartado (que sí, que ya lo he dicho antes; soy lento, de caminar pausado). Además, durante la excursión me granjeé unas increíbles rozaduras en ambos talones que requirieron varias semanas para su recuperación, secuela ineludible de la bota rígida y, supongo, contribución también de los diez y ocho kilómetros de pista (ida y vuelta), ya que el desenlace de esta nueva visita se ha resuelto con idéntico epílogo: unos pies malparados.

en la zona baja, apenas superado el cono de deyección
Bien, ya he insistido en lo de la nieve dura: tantos días de anticiclón habían dejado el corredor con la consistencia de una piedra, pero la superficie irregular me permite una relativa comodidad para emplazar los crampones, que apenas arañan el hielo. Permanezco fiel a la técnica francesa “todas puntas”, lo que en estas condiciones y con una inclinación moderada que no rebasa los 40º es una bendición (sobre todo para mis gemelos); de hecho y aunque llevo un piolet auxiliar, no lo utilizaré durante el ascenso. La pendiente se incrementa insensiblemente hasta el Cuarté, donde cede un tanto, para recuperar su impulso posteriormente. Pero, ¿por dónde sigue?; si no supiéramos que existe, dudaríamos de la salida: está ahí, a la izquierda (¿por dónde si no?). El corredor se estrecha mucho, se empina y traza una diagonal hacia la derecha; después se arquea un poco más y, de inmediato, nuevo quiebro, esta vez en dirección contraria, apuntando hacia la salida, ya próxima. Realmente encajonado y sembrado de metralla que desprenden las rocas superiores, semeja muy complicado el descenso con esquís, pero hay quien presume de haberlo realizado; bien es cierto que en otras ocasiones he visto mucha más nieve.

el bloque que puso la palabra fin
Pero hoy no tardaré en enfrentarme a un bloque descarnado y tapizado de verglas. Apenas un par de metros. Ni tiene mal aspecto ni da la impresión de oponer mucha dificultad, pero ando muy justo de tiempo y me brinda una inmejorable excusa para dar la vuelta. Además, mis talones no se quejan ya: más bien aúllan; por otra parte, conviene señalar que es casi obligado el descenso por el propio corredor, ya que otra alternativa nos obligaría a un larguísimo rodeo hasta el ibón de Bucuesa, para retornar por la Canal del Ganado (de cualquier forma, la visita al bucólico entorno del ibón es muy seductora).

un poquito más de cerca
Ahora sí, con los dos piolet, de espaldas a la pendiente y clavando las puntas del par de herramientas, desciendo con rapidez y seguridad en una hora hasta el cono terminal. Solo que todavía restan ciento veinte ingratos minutos hasta Lacuniacha.

domingo, 11 de enero de 2015

Canal del Burro a Peña Blanca (Partacua, Telera)

Este año será recordado como un espectacular ejemplo de la carencia de nieves, al menos en lo que se refiere a mediados de enero, por culpa de un interminable anticiclón. El aspecto de la montaña por debajo de los 2.500 metros es verdaderamente lamentable, tan penoso que obliga a trazar planes adaptados a las circunstancias, a la espera de que torne la nieve.

la Canal del Burro, bajo Peña Blanca, en mayo. Quedaba entonces más nieve que en este enero desabrido 
la Corona del Mallo, O Campanal y Peña Telera, dos días después de Reyes
La Canal del Burro es, quizás, la más accesible de todas las que surcan la cara norte de la Partacua; es también la menos conocida (a excepción de alguna perla rara, como el Barranco Chiflotaires) y escasamente frecuentada, motivo más que suficiente para ganarse un hueco en este blog.

amanecer sobre la Partacua. De Peña Blanca a O Campanal.
La Canal no conduce a ningún objetivo concreto: se estrella bajo una mole de caliza blanca, desde donde se puede acceder a un collado justo al este de Peña Blanca “de abajo”. Su meta más inmediata sería esta cumbre, que algunos denominan Punta Queba, u otras cotas próximas como la Punta Cochaldo; no obstante, también constituye una apreciable alternativa para alcanzar Peña Blanca Alta y Corona del Mallo por su vertiente meridional, hasta culminar un interesante periplo y descender por la Canal de Cavechirizas.

Punta Cochaldo, a un paso.
No se trata de una verdadera canal, sino de una vaguada difusa, muy abierta, cuyo eje se sitúa precisamente en el punto de inflexión que describe la orientación general de la Partacua con la vertiente oriental de la Corona del Mallo. De lejos parece más difícil de lo que es; de cerca, su aspecto resulta engañosamente fácil, en especial la travesía de salida. En cualquier caso, la inclinación es siempre moderada; no creo que llegue a sobrepasar los 35 grados en ningún punto, por lo que exceptuando condiciones muy severas no opone dificultad reseñable. Tampoco tiene mucha exposición, salvo, tal vez, las rampas superiores que deben atravesarse en diagonal ascendente por encima de algunos pequeños cortados. Por cierto, cabe aquí indicar la posibilidad de una salida directa, hacia el oeste, bajo la mole de Peña Banca, pero los tres primeros metros pueden implicar cierto impedimento si la nieve no los cubre.

desde el collado, el valle de Tena a los pies. Al fondo, el Vignemale
Ha sido muy curiosa la experiencia que he vivido este comienzo de año en la Canal del Burro: los Reyes no han olvidado traer nieve, pero el viento se ha aplicado a disipar con suma virulencia el regalo: ¿acaso os habéis portado mal? Seguro que no; por eso la montaña brinda un escenario inusual en el que practicar un alpinismo excéntrico y técnicas domesticadas de dry-tooling, como, por ejemplo, evocar la vieja usanza de superar pendientes herbosas con la ayuda de los crampones. Y no, no es que en este caso hiciera falta recurrir a tales usos extremos, ¡qué va!, sino que fue la fórmula más cómoda para saltar de nevero a nevero sin descalzarme cada cuatro pasos. Por fortuna, toda la zona central de la Canal es de piso herboso, sin apenas piedra (vaya, puede que me libre de afilar los crampones antes de la próxima excursión).

el muro vertical que forma la cumbre, tras las terrazas que dominan un empinado escarpe
desde la cumbre, Peña Blanca Alta y Corona del Mallo;
 a la izquierda asoma Zarrambucho  (Cobacherizas, Cachivirizas, Cavichirizas... incluso ¡Clabicliriza!)...

y, más recientemente, Cavechirizas
Y es que, ya de lejos, la cosa pintaba fea en lo que a ascensión invernal se refiere. Muy fea. Sin embargo, aunque en mínimas cantidades, encontré de todo; desde el polvo más liviano al hielo vítreo transparente. De hecho, el habitualmente fácil acceso al collado estaba tapizado de pequeños neveros absolutamente helados entre bloques rocosos; pude pasar de roca en roca justo bajo la pared vertical de Peña Blanca utilizando como sólidas presas el borde rígido de las placas de hielo. En realidad, ningún problema. Tampoco hallé dificultad en el ataque final a la cima: se trata de superar un zócalo dislocado mediante una escalada elemental que conduce junto al muro de la cumbre, el cual se supera tranquilamente por la cresta. Poco más de diez minutos desde el collado. 

y, justo al fondo, el Moncayo. A la izquierda, la Peña Oroel; niebla en el valle del Ebro
el Gállego serpentea entre Biescas y Sabiñánigo, detrás de las lomas del Burrambalo
Y, de regreso, un espectáculo lamentablemente insólito: el vuelo de un quebrantahuesos curioso, sin duda preguntándose: ¿Qué se le habrá perdido a este tipo por aquí, sin un hueso a la vista que roer?


martes, 4 de noviembre de 2014

Pala Rayos, vertiente norte (Partacua, Telera)

Peña Retona y la Pala d'os Rayos
Será esta la crónica de varios desengaños, que me han llevado al abandono de otros tantos proyectos trazados sobre la vertiente norte de la Pala d'os Rayos, en el extremo occidental de la Partacua. Todo comenzó con una temprana visita invernal a la Canal Estrecha, que, por cierto, tampoco he tenido todavía ocasión de culminar.

Canal Estrecha o del Cuarté.
A la izquierda, falsa entrada, origen de muchas confusiones (también me pasó a mí)
Parece como si un insólito maleficio me acosara cuando intento abordar esta cumbre, cuya cara norte se exhibe audaz e inaccesible, tutelada por un imponente zócalo vertical. Fuera a causa de inoportunas incidencias o por otras razones de diversa índole, la retirada ha sido una constante en mis asaltos a la Pala Rayos, que solo he conseguido vencer en una ocasión mediante el recorrido de sus aristas occidental y oriental e, incluso, ello con alguna complicación más de las previstas. Sin embargo, las sucesivas renuncias me permitieron estudiar con detenimiento algunas líneas de ataque potenciales… ninguna de las cuales he conseguido llevar a feliz término.


De izquierda a derecha, el programa se inicia mediante una vía que aprovecha los primeros metros de la Canal Estrecha (itinerario azul), para abandonarla enseguida por su margen izquierda y ganar la cresta oeste por una escondida chimenea en diagonal (trazado verde en el croquis). Tal chimenea es muy evidente cuando el deshielo descubre la enhiesta cara nordeste de la Pala Rayos, pero se funde en la roca cuando la nieve desaparece por completo. Para alcanzar su pie bastaría con superar unos metros de rocas escarpadas aunque, en apariencia, fáciles. Sin embargo, un obstáculo precoz de esta vía se plantea ya en la propia Canal Estrecha, casi siempre cubierta por un nevero perenne. Tiene poca inclinación, por lo que, tal vez, se podría prescindir del piolet, mas nunca de los crampones aun en pleno estío; al precio de unos gramitos suplementarios en la mochila, quedaría resuelto este problema, con la ventaja de que las herramientas también harían factible un rápido —aunque tal vez imprudente— descenso por la Canal Estrecha. En todocaso, la salida de la chimenea contemplada desde la cresta oriental de la Pala Rayos es cualquier cosa menos estimulante. Y me temo que la ineludible pedriza descompuesta domine algo más que esta salida.

puede observarse en la pared de la derecha el corte oblicuo de la chimenea...
...y su inestable salida, poco acogedora
arista oriental de la Pala d'os Rayos
El segundo itinerario (naranja en el croquis) resulta algo más ambicioso. Obviamente, demasiado para mis aspiraciones, frustradas por una placa lisa casi a ras de suelo. A finales de la primavera, un nevero permitiría soslayar esta placa, tumbada pero muy lavada por la erosión. No obstante, la continuación parece muy aventurada y anticipa serios problemas, tanto debidos a la pésima calidad de la roca como a la accidentada y aérea cresta final.

aspecto general de la cara norte y de la entrada (nevero) a la vía propuesta
detalle de la entrada; placa lisa justo encima del nevero
y desde más cerca aún: la placa se apoya sobre un escueto muro (IVº)
perfil de la arista, engañosamente practicable.
itinerarios zona derecha de la pared
Situados ya en la zona derecha del zócalo, casi junto a la Canal del Ganado, se abre un colector que rasga la pared vertical (itinerario rojo) hasta la terraza intermedia. Se trata de una canal muy marcada con un pequeño tramo vertical presuntamente superable en oposición. Por desgracia, la roca está podrida, más de lo que cabe suponer, y esconde insidiosas trampas: solo he llegado a tantearla, pero, insospechadamente, me quedé con un trozo de piedra en la mano. Como alternativa, también se puede ascender por la Canal del Ganado (itinerario amarillo), aunque, en tal caso, es probable tropezar con idéntico inconveniente al de la Canal Estrecha, la persistencia de neveros que cubren todo su ancho; sin embargo, aquí existe la posibilidad de esquivar el problema: es factible trepar por las rocas fáciles de la margen izquierda, hasta que, justo antes de que un escarpe vertical cierre el paso, encontrar una cornisa ascendente que nos depositará cómodamente en la plataforma superior; sí, precisamente, en ese llano cubierto de excrementos que dan nombre a la Canal y que, también, le confieren un tufo inconfundible. Es de reseñar, por otra parte, que esta cornisa representa una opción muy interesante para el retorno de la cumbre, si bien en el sentido de descenso es menos evidente.

entrada a la chimenea
travesía Canal del Ganado a terraza intermedia; no por sencilla menos azarosa
la Canal del Ganado; a la derecha, primera canal, discurre la vía normal par alcanzar la arista oeste
La travesía desde la Canal a la terraza tampoco es muy estimulante: terreno escarpado sembrado de piedrecilla suelta. Al menos, la zona superior de la pared, por encima de zócalo y terraza, aparenta gozar de una roca aceptable. Para vencer su primer y más vertical escalón, puede intentarse la arista que delimita el centro de la pared (itinerario azul) o un canalillo central (rojo), el cual parece la solución más accesible. También podría optarse por seguir la chimenea inicial o la propia Canal del Ganado, pero no parecen discurrir por estos trazados tan desviados ya de la cumbre las vías más interesantes.

Pala d'os Rayos desde abajo...
...y desde arriba (Peña Retona)
En fin, los sucesivos chascos y frustraciones que he sufrido en esta pared devienen poco probable que profundice más en alguna de las opciones reseñadas, excepto la Canal Estrecha o del Cuarté, muy interesante en invierno. Cabe destacar que la Pala Rayos tampoco ofrece muchas concesiones para el retorno. Probablemente, caso de que la Canal Estrecha no sea practicable, la ruta mejor y más rápida pasa por un descenso directo al sur, para, seguidamente, circundar la cresta occidental hasta llegar a la Canal del Ganado, siempre un amplio rodeo en el que será inevitable recuperar algo de altura perdida en exceso, aunque no sea preciso bajar hasta el ibón de Bucuesa.