Vías Pirineos de dificultad media, [escalada PD, AD, D (IIº/IVº, máx. Vº)]. Vivencias de montaña. Rincones desconocidos o escasamente divulgados. Y alguna que otra reflexión

jueves, 19 de mayo de 2016

Mascún, la morada de los dioses (y de las brujas).

Saltadero d'as Lañas, inicio del Mascún Superior

Mi primera incursión en los cañones de Guara… ¡Pues no hace ya años de eso!  
Ascendí, junto a un buen puñado de amigos, por el cauce del río hasta el umbral del Mascún Superior, donde los acantilados nos cerraron el paso definitivamente. El imponente bosque de agujas calcáreas y sus osados perfiles consiguieron que nuestras miradas se fijasen en el cielo más que en los tortuosos pasos que hubimos de afrontar, amenizados por las gélidas aguas de un invierno temprano. Desde entonces, he recorrido algunos cañones de la mal llamada Sierra de Guara, apelativo globalizado que tiende a oscurecer la rica toponimia de la zona. Desde el amable y encantador Vero a los sombríos oscuros de Balcez, pasando por el entrañable barranco de San Martín de la Val d’Onsera y las clavijas del Palomo en Vadiello, tantas veces visitadas, los caminos del agua han sido renovada fuente de inspiradoras vivencias.


el entorno de Rodellar

Pero ni el descenso deportivo de los cañones retiene excesivos alicientes para mí, ni se presta a incursiones solitarias, tanto más cuando soy muy sensible a la hipotermia e inmune al dudoso atractivo del neopreno. ¿Qué queda? 
Pues… los trayectos aéreos. Y la joya de esta corona es, como lo fue entonces en aquella mi primera visita, Mascún. 


Rodellar, con el Mascún a su pie


curiosa (y famosa) ventana, "el delfín", próxima a la Fuente de Mascún

El espléndido trabajo de los agentes forestales responsables del mantenimiento del Parque de Guara ha facilitado una excursión antaño defendida por enojosas plantas espinosas y senderos perdedores, en especial en la vertiente de Pallebla —margen izquierda del barranco—, allanando los obstáculos de una grandiosa circular que cambia de vertiente bajo la caída de aguas del Saltadero d’as Lañas, privilegiado enclave antaño vedado a quienes no estaban dispuestos a afrontar el áspero descenso del Mascún Superior. Todo el itinerario, que sobrepasa los veinte kilómetros y ronda los 1.200 metros de desnivel acumulado, transcurre por caminos y senderos bien marcados y balizados, aunque sumamente vertiginosos y no accesibles para caminantes proclives al vértigo. Sin abundar en una descripción pormenorizada, hay que estar atentos a los desvíos, casi siempre bien señalizados; aunque es factible la excursión en ambos sentidos, la mejor opción toma la ruta que parte de Rodellar en dirección al Pozo de la nieve y Bagueste, para desviarse en el barranco de la Glera hacia Letosa (poste indicador, breve descenso en la pedrera). Inicialmente nos separamos mucho del Mascún y las perspectivas hacia el mismo son limitadas; poco después del mencionado desvío en el característico barranco de la Glera, a la altura de Otín en la vertiente opuesta, las vistas hacia el increíble mundo de las agujas de Mascún son un auténtico festín para los ojos. Llegamos así a un poste que indica dos direcciones, Letosa y Saltador de las Lañas; deberemos coger esta última, en descenso hacia el cauce del barranco; tras una travesía hacia la derecha, rumbo a la pared, nos deslizamos por ella a través de un nicho suspendido sobre los abismos, el vertiginoso Sendero d’as Zinglas, auténtica maravilla, que nos deposita en el cauce del Mascún en el ya mencionado Saltadero d’as Lañas. A un ritmo rapidillo puede costarnos tres horas llegar hasta aquí, con escasas paradas y no demasiadas fotos. ¡Mal hecho! Esta excursión debe hacerse sin reloj, pues basta mirar al cielo para que la noche no nos sorprenda antes de regresar a Rodellar. Queda por añadir que ni imágenes ni descripciones pueden sustituir a la experiencia visual y sería una idea fatal e imperdonable obviar el espectáculo por culpa de unas prisas inexcusables, aunque, sin embargo, es prudente mantener cierto margen horario para el regreso, en especial si el río lleva abundante caudal, lo que puede complicar los numerosos e ineludibles vadeos en las proximidades de Rodellar: ¡qué útiles resultan los bastones para ello! Huelga citar que la primavera y el otoño constituyen las épocas ideales para la visita, sin desdeñar los posibles alicientes de las cascadas heladas en invierno; por el contrario, en estío, el rigor del calor y lo anodino del paisaje en nada compensan la mayor facilidad para transitar por el cauce seco.

el barranco de Andrebot desde el barranco de la Virgen

el fantástico universo de las agujas de Mascún desde la vertiente de Pallebla

el barranco de Raisén en la orilla opuesta

poste indicador del punto de inflexión en nuestro camino: el Saltadero d'as Lañas

agujas mágicas bajo el Puyal d'Otín; el sendero d'as Peñas Altas, que tomaremos al regreso, se adivina bajo el resalte superior.

las caóticas formas del Mascún Superior

cascadas Peña Guara, aguas abajo del Saltadero d'as Lañas; a la derecha, pared por la que discurre el Sendero d'as Zinglas, por el que descenderemos hasta el río, para retornar por la orilla opuesta bajo el Puyal de Letosa

el Puyal de Letosa; por la cornisa inferior transcurre el Sendero d'as Zinglas en la margen derecha del Mascún; por encima, la marcada sombra delata otra cornisa quizá practicable, pero más expuesta y, sobre todo, temeraria

nos acercamos al inicio del Sendero d'as Zinglas, que corta la pared en sombra de la derecha, y que tras cruzar el río en el Saltadero d'as Lañas, vuelve por el acantilado soleado de la izquierda  

¡helo aquí ya! Plano, horizontal, ancho y protegido de la lluvia; ¿qué más puede desearse? 

otra perspectiva, ahora volviendo la vista atrás 

Mascún Superior en uno de sus escasos tramos plácidos 

El Sendero d’as Zinglas torna a ser imponente, más estrecho si cabe, en la margen derecha. Se trata de un camino muy expuesto, aunque no especialmente peligroso, si bien nada aconsejable para niños inquietos; también la roca húmeda puede devenir en un riesgo a tomar en cuenta. Contemplaremos con envidia una cornisa superior y tal vez factible: aérea, incómoda y, desde luego…, temeraria. La senda finaliza en el barranco de Raisén; entonces es posible dirigirse directamente al caserío abandonado de Otín, mas es preferible un rodeo a través del Sendero d’as Peñas Altas, bajo el Puntal d’Otín; se trata de una nueva cornisa, más accesible que la faja d’as Zinglas; menos espectacular pero en absoluto desprovista de belleza e interés. Desde Otín, en cuyas proximidades existe una fuente, hay que tomar el sendero señalizado en dirección a Rodellar; muy pronto encontraremos extraordinarios ejemplares de robles, el Caxigar d’Otín, y la pareja de árboles más fotografiada del lugar.


el Puyal de Letosa, que el Sendero d'as Zinglas atraviesa bajo la marcada cornisa 

el Saltadero d'as Lañas, hoy con bastante caudal 

el río prácticamente se seca en verano; por aquí apenas corre agua, pero hoy es otra cosa

justo aguas abajo del Saltadero y un poco antes de las cascadas Peña Guara 

otra perspectiva más amplia del sector 

las cascadas Peña Guara. En muchas ocasiones habremos de abandonar el sendero para tomar la apetecible foto imposible. ¡Cuidado! El terreno es realmente aéreo

la pared por la que discurre el primer tramo del Sendero d'as Zinglas, justo sobre la visible cornisa. Desde aquí, resulta aventurado pensar que el paso pueda resultar exento de problemas

espectaculares vistas sobre las agujas de fantasía del Mascún Superior 

más de lo mismo

una mirada atrás, a punto de abandonar el Sendero d'as Zinglas 

el barranco de Raisén, cuya cabecera vamos a rodear para entrar en la faja de Mascún, bajo el Puyal d'Otín

un obelisco mágico que hace la competencia a la Cuca Bellosta . Como no, también escalado, ya en 1977: Ángel López Cintero y, una semana más tarde, Jesús Vallés.

ya desde el Sendero d'as Peñas Altas, en el Puyal d'Otín...

....lo que ahora dominamos es el tramo medio del Mascún;

...torres y más torres.

Tras un corto repecho, el sendero desciende al cauce del río por la Costera de Otín, junto a la aguja monolítica denominada Cuca Bellosta y el Puntal d’a Costera, también conocido como La Ciudadela. Estamos en O Real, ya muy cerca de la Fuente de Mascún, famosa surgencia vauclusiana que tan curiosas hipótesis ha generado, y, por ende, próximos a Rodellar, a donde podemos acceder, bien por el hermoso Camino d’as Graderas, bien siguiendo el río hasta la vertical del pueblo y ascendiendo entonces por alguna de las trochas practicables.


el triste aspecto del caserío abandonado de Otín en plena ruina

el Caxigar d'Otín...

...y sus dos ejemplares más famosos: los caxigos de Casa Cebollero

perspectiva de la margen izquierda, sobre la que se distingue el barranco de la Glera, esa coma de pedriza clara a la derecha

ya en descenso al cauce por la Costera de Otín

a esta fortaleza de ensueño no resulta difícil ascender

el Puntal d'a Costera, mal conocido como "la Ciudadela" y el perfil agudísimo de la Cuca Bellosta, ya vencida en un lejano  1958 por Orobig y De Pablo . "Cuca" significa exactamente lo que estás pensando.

el espolón de la Virgen, por el que se ha trazado una vía ferrata, nuevo aliciente turístico de Rodellar

martes, 1 de marzo de 2016

La cuenca de Bachimaña en invierno.

Sube el telón; en escena, un paisaje polar flanqueado por bambalinas colgadas del cielo, cumbres bizarras que desafían la voluntad de vencerlas, pero cuya humilde contemplación desde su pie nos proporciona también una placentera ensoñación.

sobre el dique del ibón inferior de Bachimaña

El nuevo refugio de Bachimaña ha popularizado los recorridos por esta región, sobre todo en verano; muy al contrario, cuando nieve y hielo obstaculizan el acceso, tan hermoso rincón recibe muchas menos visitas. Aun siendo un destino muy conocido para los esquiadores de travesía que frecuentan el Balneario de Panticosa, nunca resulta muy cómodo llegar a Bachimaña durante el invierno, siendo más que probable un prolongado porteo de los esquís, tanto en ascenso como, lo que se hace más duro, para el regreso… al menos si se efectúa  por el camino de ida, siguiendo el curso del Caldarés. Sin duda, el mejor descenso pasa por alcanzar el cuello de Batanes para deslizarse después bajo la cresta de Labaza, hasta el pinar por el que discurre el camino a los ibones de Brazato; habitualmente se puede llegar esquiando hasta el Balneario.

desagüe del ibón bajo; al fondo, la ladera que domina la cuesta del Fraile está plagada de placas de viento rotas.
Su efecto sobre la expuesta pala del Fraile fue en esta ocasión espectacular.


Pero volvamos al principio: ¿cómo llegar al ibón bajo de Bachimaña? Si persiste suficiente nieve, la mejor opción consiste en seguir el camino a Brazato hasta el primer paraludes, tras lo cual se asciende por la amplia pala limpia de arbolado en dirección al tubo que alimenta la central eléctrica del Balneario, conducción que atravesaremos bajo un acueducto, paso clave. Un suave descenso nos deja en el llano del Bozuelo, donde se empalma con el itinerario estival GR-11. Con un poco de suerte, alcanzaremos el pie de la cuesta del Fraile sin quitarnos los esquís de los pies. Tal cuesta es engorrosa y empinada, con abundantes restos de avalanchas; hacia la izquierda resulta algo más suave, pero es también la zona más expuesta a potenciales desprendimientos.

las Puntetas de Bachimaña, sobre el refugio.

Cuando la nieve escasea, quizá la mejor alternativa consista en seguir íntegramente el GR-11, hermoso y marcado sendero que probablemente encontraremos plagado de gélidas trampas y roca tapizada de hielo tan imperceptible como proclive al patinazo; a cambio, la huella marcada puede suavizar muchísimo el penoso transitar. Pero ya he advertido que el camino a Bachimaña nunca es cómodo, ¿verdad? Existe otro par de posibilidades, de dudosa validez. La peor, un antiguo camino por la margen izquierda del Caldarés que desemboca, casi al nivel del refugio, en el torrente que desciende de los ibones de Labaza: si ya en verano es una vía confusa y embarazosa, sembrada de hielo puede devenir delicadísima; además, para llegar al refugio será todavía preciso un rodeo con su inevitable descenso. La variante restante es más peculiar: consiste en ascender al ibón de Arnales por el clásico camino hacia las Argualas y, desde allí, atravesar la ladera en dirección a Bachimaña hasta alcanzar las pendientes que dominan la cuesta del Fraile. Largo, pero original.

el ibón bajo de Bachimaña y la presa del superior. El paso de una intrusión de polvo sahariano ha teñido la nieve.
el ibón superior; al fondo el pico de la Muga y el Grand Pic de Péterneille;
de todos los grandes picos que rodean Bachimaña, solamente el de Marcadau y la Muga son fácilmente accesibles.


Ya estamos por fin en el ibón bajo de Bachimaña. Cruzamos la presa y dejamos a la derecha el nuevo refugio. Curiosamente, este ibón no siempre llega a congelarse totalmente; la capa de hielo es muy delgada y suele desaparecer junto al desagüe del ibón superior. Por fortuna, la travesía del lago se puede eludir fácilmente por la derecha, hasta encaramarnos sobre el pretil de la presa del Gran Bachimaña, desde donde se desciende por el otro lado al nivel del agua, habitualmente bajo. Ahora toca emprender la fascinante travesía del ibón, muy rápida y placentera si está cubierto por hielo deslizante. En contraste con lo que sucede en el ibón pequeño, aquí es fácil encontrar una capa de nieve en torno a un metro de espesor, pero lo que se gana en seguridad puede perderse en viabilidad en caso de nieve profunda.

la Quijada de Pondiellos y el pico de Piedrafita al fondo
el viento y la plasticidad del manto, formidables escultores.

Realmente, el marco que nos rodea es grandioso. El valle se divide en dos ramas; la occidental lleva al collado del Infierno y Tebarrai, dominada en su margen derecha por el cresterío de los Arnales y, más allá, por la cumbre tricéfala de la Quijada de Pondiellos (Infiernos); en la otra vertiente, el pico de Piedrafita y Punta Zarre se alzan sobre los ibones Azules. Justo enfrente, al Norte, asoma la Gran Facha sobre el barranco de los Pecico; por la derecha, hacia el Este, se abre la cuenca de Bramatuero, bajo los Pics de Jumeaux y Péterneille y, al fondo, duermen en paz los de Aratille y de las Neberas. Cualquier idea es buena en semejante escenario, que bien merece varias visitas para reconocer sus inmensas posibilidades. Sin embargo, la exploración rara vez será coronada por el ascenso a una cima: todas ellas, salvo Marcadau y Muga exhiben cierta dificultad y quedan todavía algo alejadas, pues si la cúspide de la Quijada de Pondiellos se alza casi mil metros todavía sobre la cota de Bachimaña, las cimas restantes ni se encuentran mucho más próximas, ni se quedan muy por debajo de los tres mil metros. Tampoco la cumbre de O Peñon (Serrato), cuya punta emerge discreta por la derecha, es fácil, si bien menos distante. Ocultas permanecen las puntas de los Batanes y Xuans. Tras recorrer la cuenca de Bramatuero, es factible girar a la derecha en dirección a los Dientes de los Batanes, cuya cumbre Norte es muy accesible, para alcanzar el triple collado entre O Peñón, Xuans y Batanes; desde allí nos espera un gran descenso hasta el Balneario, pero la travesía de la cuenca de Bramatuero se hace algo tediosa y el rodeo total un tanto excesivo. Existe, empero, otra posibilidad: los ibones de Pecico y la contemplación de dos gallardas cimas: Punta Zarre y Gran Facha, junto a sus satélites no menos hermosos… y bien defendidos, salvo en lo que se refiere al ya mentado entorno del Marcadau. El nuevo refugio de Bachimaña facilita mucho, merced a la importante reducción de horario, el ataque a estas cumbres que, no obstante, requieren una planificación específica de asalto e incluye en el guion recursos siquiera elementales de escalada.

la Quijada de Pondiellos
de Piedrafita a Punta Zarre
la cumbre de O Peñón, asoma con timidez; a la derecha la de Xuans, aún más discreta.
la cuenda de Bramatuero; su tránsito es algo más complejo de lo que aparenta.
O Peñón, altivo y magnífico. Su vía normal transcurre por la cresta Sur.
la Gran Facha, nunca fácil pero quizá uno de los objetivos menos problemáticos de la región.

En cualquier caso, la cuenca de Bachimaña es un objetivo por sí mismo. Mas, si no sabemos vivir sin cumbre —algo que se aprende con los años—, tanto O Peñón como Xuans son dos picos próximos que nos brindan excelentes corredores no excesivamente largos ni demasiado complicados, siempre que los encontremos en buenas condiciones. Ambas cimas se pueden alcanzar directamente desde el refugio de Bachimaña, bien por la ruta del ibonet de Coanga o desde el embalse superior. Queda, en fin, una última cumbre muy interesante y accesible en invierno: el pico de Tebarrai,aunque muy alejado ya.

el refugio de Bachimaña. A la derecha, el lomo que permite el acceso al ibón de Labaza y al Cerro Gascón.

jueves, 22 de octubre de 2015

La utilidad de los bastones en montaña

No pretendo dar lecciones a nadie: son estas líneas exclusivamente un testimonio de mis vivencias; pero si, además, resultan útiles para alguien, tanto mejor: puesto que cargamos con un trasto más en el equipo, aprendamos a sacarles el máximo partido.

la Partacua desde Panticosa
Con los bastones de montaña he experimentado una larga relación de amor y odio. O, quizá, sería más apropiado hablar de odio-amor, a la vista de la evolución que puede apreciarse en mi opinión. Desde luego, los bastones son imprescindibles en las actividades relativas al esquí de montaña, con especial alusión a los descensos caminando con las incómodas botas rígidas cuando desaparece la nieve. Pero en la época estival jamás los había utilizado hasta que las rodillas así lo exigieron, tras tantos y tantos episodios de descensos brutales con evidente desprecio hacia mis articulaciones.

camino del ibón de Estanés

Dos serias objeciones planteaba hacia la utilización masiva de bastones: por un lado, su incompatibilidad con el desarrollo del equilibrio e incluso la conservación de buenos hábitos adquiridos; por otro, su engorro y peligrosidad en los pequeños pasos de escalada si se renuncia a plegarlos y guardarlos en la mochila. Sobre este segundo punto, se puede aducir una refutación inmediata: todo es cuestión de perder un par de minutos en recogerlos, a poco que el terreno lo aconseje, tal y como, por supuesto, hacemos al pie de una vía de escalada. ¿Todavía es preciso recordar que las maniobras de colocar y recoger crampones, bastones o esquís hay que realizarlas en terreno cómodo, fácil y seguro, antes de vernos obligados a penosos y acrobáticos ejercicios sobre escarpadas laderas?

Por el contrario, perdura la vigencia de la primera objeción, si bien conviene precisar algunos matices. El equilibrio es una cualidad esencial para trepar, pero solo resulta realmente indispensable en la escalada de alto grado, pues en los niveles inferiores de dificultad la fuerza bruta, decisión y otros recursos pueden subsanar con relativa eficacia las carencias técnicas y de equilibrio. ¿Y qué le importa esto a los senderistas? Obviamente, nada, aunque la UIAA recomienda no abusar de los bastones, pues el equilibrio también es importante para caminar y supone un pequeño ahorro de esfuerzo en cada paso, con lo que ello implica tras muchos, muchos, muchos pasitos… Un detalle suplementario: la percepción inducida por nuestro sistema propioceptivo puede ser notablemente alterada por el apoyo en un bastón y, en consecuencia, la noción de equilibrio también resultara afectada; pero cuando el bastón se usa para proporcionar impulso, el equilibrio que interviene es de carácter dinámico. Otro mundo, vamos.

bloque en Caussiat (Candanchú); el paso podría ser de V-

Insisto en que he llegado al uso generalizado de los bastones por imposición de unas rodillas quebrantadas y como única solución válida para solventar los fastidiosísimos descensos. ¿Vale? Pues ahora llega lo bueno: descubrir una tras otra las ventajas que los palitos en cuestión me han ido revelando y que, desde luego, compensan sobradamente sus inconvenientes. Podría empezar por el cruce de torrenteras y arroyos crecidos (¡geniales!), tanteo del terreno inestable (menudas antenas), utilidad sobre nieve y hielo (¡ojo!, la autodetención con bastones es factible, pero de éxito siempre dudoso)… Obviamente, también sirven para otras muchas cosas, como atrapar un higo fuera de nuestro alcance, amedrentar a un chucho pendenciero o encauzar nuestra ira hacia algún colega impertinente (ingenio y habilidad de cada uno, así como las exigencias de cada caso, han de marcar la diferencia).

Estos detalles apenas lindarían en lo puramente anecdótico, ¿verdad? Tal vez, pero más allá de la banalidad, es un placer descubrir la diversidad de usos que los bastones pueden brindar. En todo caso, he dejado para el final la discusión del punto clave: la aportación de los bastones como impulso durante el ascenso. ¡Ahí es nada; ahí, sí que sí! He leído en alguna parte que pueden suponer en torno a un 15% de ahorro en el esfuerzo requerido; resulta muy aventurado evaluar tal economía, pero, desde luego, puede llegar a ser muy relevante, quizá bastante superior a ese porcentaje sugerido. Sin embargo, buena parte de quienes sienten querencia por la montaña y con los que me cruzo por esos senderos de Dios, se sirven de los bastones únicamente como apoyo, mientras que si nos impulsamos con ellos, buena parte del esfuerzo se desvía hacia los infrautilizados brazos y tronco, con una distribución más armónica y eficiente del trabajo; el empuje, además, puede aprovecharse no solamente en terreno propicio, sino en múltiples circunstancias, descartando a la vez muchos gestos de sobresfuerzo, que tan molestas secuelas suelen legar. En suma, es tal el beneficio aportado que me he reconciliado con las antaño vituperadas trancas. Y ello aun a pesar de algunos trastornos que también he padecido, como su repentino plegado justo cuando más los necesitas (y, por tanto, más les exiges) o esas malditas rodelas rígidas para nieve polvo que impiden el clavado de la punta en el hielo de una pendiente empinada.

valle de Aspe

En fin, que ya se han hecho un hueco indispensable en mi equipo. Y no solo lo agradecen mis rodillas.

martes, 1 de septiembre de 2015

La tercera Marmolera: Infierno occidental, cara oeste.


Infierno occidental y su marmolera oeste desde el valle de Pondiellos
Me colocó el arnés y distribuyo el material. Me encuentro a 2.550 metros, al pie de la marmolera occidental del Pico del Infierno, la más visible desde Formigal (y la de mayor superficie, casi 16 hectáreas). Los primeros metros de moderada inclinación se ascienden sin ninguna dificultad, a pesar de que la roca es muy lisa y dotada de solo presas redondeadas. El aspecto de la placa es ciertamente marmóreo, con un porte extremadamente lavado por la erosión; de hecho, aunque afirmaba lo contrario en la entrada del blog dedicada a la mamolera suroeste, es esta occidental la que con mayor razón ostenta su nombre. Una roca harto peculiar y fascinante que nos seduce de inmediato.

el labio inferior de la marmolera semeja el frente de un glaciar pétreo
marmolera oeste: tramo superior del itinerario descrito, a partir de la zona plana intermedia
Observo aquí y allá hilillos de agua que manan de fisuras imperceptibles; pienso que de estar la piedra húmeda la ascensión se complicaría notablemente, pues la adherencia deja mucho que desear sobre esta roca tan pulida; enseguida alcanzo un rellano casi plano que se atraviesa andando y desde el que puedo estudiar sosegadamente la continuación de la escalada, ya que la pared se empina enfrente de mí formando un pequeño circo: he seguido hasta aquí una veta de mineral oscuro que se desvía a la derecha hasta alcanzar casi la vertical; parece disponer de abundantes presas pero esta opción nos hurtaría la mitad de la marmolera, e implica culminar la ascensión por el roto y desagradable terreno que conforma la faz oscura del macizo, en los lindes de sus afamadas marmoleras. En cuanto a la atractiva y probablemente más difícil continuación por el eje central de la placa, se adivina allí mucha humedad, pues no deja de constituir el desagüe natural de la vertiente, con el grave inconveniente suplementario de canalizar también cualquier potencial desprendimiento de piedras. 

la veta oscura que he seguido inicialmente se desvía hacia la derecha y se desvanece en el esquisto
Cuando proyecté la salida, omití un significativo factor a tener en cuenta: estamos en agosto y a pesar de estar aún lejano el fin de semana, numerosos montañeros atacan la vía normal que proviene de Brachimaña, la cual cruza justo por el borde superior de la marmolera, lo que supone un peligro nada despreciable de lapidación inmisericorde; de hecho oigo caer numerosas piedras lejos de mí, a la derecha; tal vez incluso algunas se desprendan por sí solas, sin ayuda humana. Así pues, no dudo en decantarme por las vetas de la margen derecha, donde existe mayor protección.

viniendo de Tebarray, se abordaría la marmolera a media altura y se podría continuar por el perfil recortado en el cielo
otra perspectiva más amplia de la placa, captada durante el retorno
La máxima inclinación de la pared coincide con un cambio en la naturaleza de la roca, ahora similar a la de la marmolera suroeste, con notable mejoría de la adherencia y con mayor presencia de presas, si bien no diviso apenas ningún potencial emplazamiento para ningún tipo de seguro, salvo que se disponga de los históricos clavos extraplanos, concretamente las pitonisas de acero duro… ¿dónde quedaron las mazas de la época gloriosa del alpinismo? Pero es ahora cuando echaremos de menos esa seguridad imposible: continuidad de pasos de IIIº con algún que otro IVº-, hasta que desaparece el impulso vertical y la dificultad disminuye: en adelante, solo IIº con algún esporádico y breve IIIº- intercalado y eludible sin gran contratiempo, sobre una roca ya característica del típico calcáreo gris claro; bastante roto, con numerosas presas y considerable adherencia, mas no demasiado fiable. Finalizo la ascensión de la placa directamente, muy a la izquierda de las líneas oscuras que dibujan las vetas que me han servido de guía en la parte más difícil de la ascensión. Aún queda un trecho nada despreciable hasta la antecima occidental de la Quijada de Pondiellos, más conocida como Infierno Occidental.

la cima y la marmolera suroeste,  desde el Infierno occidental
La placa oeste tiene un desnivel próximo a los 400 metros, bastante superior, pues, en longitud a su vecina suroeste; si bien, en mi opinión, no tiene la belleza de la vía descrita en la entrada de junio, su dureza, compromiso, dificultad e interés deportivo son mayores. Creo que bien merece una cotación de AD+ merced sobre todo a la complejidad del aseguramiento… si es que resultara factible. El punto de partida será Sallent, con un desnivel acumulado en absoluto despreciable, cercano a los 2.000 metros; también parece posible partir de Brachimaña e iniciar una travesía desde Tebarray, si bien en este caso abordaríamos la marmolera por su margen derecho a media altura, pues el descenso hasta su base se antoja excesivo.

el glaciar del Infierno aún existe ¿perdurará todavía en mi próxima visita?
Infierno occidental y panorama desde la cima central
Apenas si recuerdo mi ascensión por la cara norte clásica, hace ya muchos años. Sin embargo en aquella vía tan solo se roza la marmolera septentrional, ya que el itinerario discurre en su mayor parte por la intersección con los esquistos. Así que nada tiene de extraño que aquella excursión no consiguiera cautivar mi interés por las marmoleras, lo que, evidentemente, no ha ocurrido este año: no es muy habitual que ascienda a una misma cima dos veces en menos de un par de meses.
Pero en ambos viajes al Infierno, he encontrado el cielo.

que no, que no; que no me había olvidado de una foto del alba
las cimas de Ip desde Pondiellos
el desagüe de los ibones de Pondiellos
la marmolera suroeste durante el descenso
el comienzo de la vía que recorre la marmolera suroeste
los ibones de Pondiellos, ya sin rastro de hielo
Track: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=12808191