Vías Pirineos de dificultad media, [escalada PD, AD, D (IIº/IVº, máx. Vº)]. Vivencias de montaña. Rincones desconocidos o escasamente divulgados. Y alguna que otra reflexión

viernes, 28 de mayo de 2021

Yenefrito, base de hermosas ascensiones

primeras luces sobre Yenefrito.

El pastoral vallejo de la Ripera, recorrido por el río Bolática, apenas si era conocido ni visitado desde que remitió el pastoreo hasta hace unos pocos años. Y otra vaguada tributaria, surcada por el torrente Laulot, no existía sino para los fervientes del ibón de Catieras, por cuyos aledaños suele perderse algún otro pescador que sueña con sus truchas. Todo cambia, claro, y últimamente se dejan ver por allí otros seres alienígenas, de larguísimos pies cuando caminan sobre la nieve, que, cuesta abajo, al retorno de su efímera incursión, escapan raudo hacia la civilización. También, tras cada deshielo, están apareciendo otros personajes exóticos… ¿qué buscan y qué pueden encontrar en este rincón perdido del valle de Tena?


Yenefrito, coronado al fondo por los picos de Ferreras; a la derecha, el pico de las Escuellas.

amanecer sobre Sabocos, en el centro, barranco de Trabenosa y a la derecha, Mandilar

Tendenera y Ripera, al fondo del valle de La Ripera.

Pero empecemos por el principio, cómo llegar a Yenefrito, cuya entrada se anuncia muy pomposamente bajo el bizarro Dedo de Yenefrito, de apariencia inexpugnable (no es para tanto, la verdad). Desde Panticosa, detrás de la estación inferior del telesilla, parte un camino algo pedregoso pero muy agradable, que se interna en el bosque siguiendo el curso del Bolática. Un primer desvío a la izquierda enlaza con la pista de La Ripera, segundo punto de partida del que hablaré después. Si ignoramos esta bifurcación, no tardaremos mucho en cruzar el río por el puente de La Zoche y en adelante, tras un breve repecho y el cruce de algún barranco, seguiremos los hitos a través de unos bancales sin ganar altura. El camino deviene trocha transitable por vehículos todoterreno que, de seguirla, nos devolvería a la pista de La Ripera en la ribera opuesta del Bolática, pero no haremos eso, sino que continuaremos, ahora de nuevo por sendero, hasta alcanzar, por fin, la mencionada pista muy cerca de donde comienza el valle de Yenefrito. Será preciso retroceder unos metros hasta encontrar la indicación del sendero que habremos de tomar.


montaña de El Verde.

pista de La Ripera, ahora en suave descenso.

Forato os Diaples. Rincón de El Verde.


La opción alternativa pasa por tomar desde su inicio, en descenso hasta cruzar el Caldarés, la pista de La Ripera, que parte de un pequeño aparcamiento bajo la roca de Forronías, en la carretera del Balneario o, bien, desde el área recreativa de Saplana, ya al otro lado del río, y algo más cerca del punto en donde se encuentra una barrera cerrada. Los comodones pueden pedir la llave en el Ayuntamiento de Panticosa. Pero esta pista tiene un problema: asciende rápida y satisfactoriamente desde la barrera… hasta una corona en la que traza una curva e inicia un largo descenso, casi hasta el puente donde cruza el torrente Laulot que baja de Yenefrito. Así que, por segunda vez, toca perder altura que más tarde será preciso recuperar. Que lata, ¿no? Sobre todo, al retorno en invierno: toca poner de nuevo focas o paso patinador durante algo más de dos kilómetros. Se hace pesado y tedioso.



Yenefrito, camino de Catieras.

Tendenera norte. Vallejo de Yenefrito; a la derecha, laderas orienales del pico de las Escuellas.

pico de las Escuellas desde el camino al ibón de Catieras. Laderas orientales.


En fin; hasta aquí hemos llegado (en torno a una hora de camino) y ahora procede remontar el valle de Yenefrito, pasando pronto a la altura del Dedo y, poco después, junto al refugio de Yenefrito (otra hora más), reconstruido recientemente, después de que una avalancha arrasara el antiguo. A su altura ya podemos emprender la conquista del pico de las Escuellas, gran mirador sobre Panticosa. Pero no es tan fácil como a veces se le supone. Si desdeñamos esta posibilidad y proseguimos ascendiendo por el sendero, este nos amenaza con cruzar el torrente Laulot, poco después de recibir el arroyo desagüe de Catieras. Y digo amenaza porque si baja crecido, sea por tormenta o deshielo, el asunto pinta azaroso y sugiere baño de pies. Mis queridos bastones, que tanto desprecié antaño, sirven de gran ayuda para salir airoso de tal empresa. Pero si no podemos o no nos apetece cruzar el Laulot, es factible también continuar plácidamente el recorrido de Yenefrito hasta su cabecera, Las Chornaleras, paraje desde donde se puede emprender alguna que otra nueva opción de acceso al pico de las Escuellas o, enfrente, al este, a los picos de Mallarruego. Y, ¿por qué no?, asomarnos a la ribera de Tendenera o al puerto de Ordiso, este último bastante elevado.


tras abandonar el camino al ibón de Catieras, entramos en las cubetas superiores de Yenefrito.

la hermosa faz del Ferreras sur y su interesante travesía cimera.

Ferreras sur y As Saleras, pequeños promontorios en la cresta que los une a los Mallarruegos.


¿Que elegimos el cruce del Laulot? Pues a trepar por una ladera empinada, camino, inicialmente poco marcado, del ibón de Catieras. Desde el ibón podemos acceder a los picos de Catieras, Baldairán y Ferreras norte. Pero si nos desviamos a la derecha, antes de llegar al ibón, nos plantaremos sobre unas lomas apacibles al pie de a cumbre sur del Ferreras, atractiva muy atractiva, por cierto, y visible desde Panticosa. Muy próximos, al sur, dos pequeños promontorios reflejados en los mapas (cuando aparecen) como As Saleras, y, un poco más allá, los picos de Mallarruego y de Ordiso.


Tendenera y Sabocos, desde As Saleras.

cumbres de Mallarruego; a la derecha, el pico del Puerto de Ordiso.

Ferreras sur desde As Saleras norte. Ascensión atractiva y sencilla.

picos de Catieras y Baldairán; al fondo, las Argualas.

Ferreras sur.

Ferreras sur.

refugio nuevo de Yenefrito.

No está mal, ¿verdad? Aunque preciosas, son cumbres modestas que exigen una larga caminata, pues están algo apartadas y suponen un gran desnivel sobre el punto de partida, Panticosa. Todo ello explica que no sean muy visitadas. Pero eso, tampoco deja de ser un aliciente en estos tiempos de tanta saturación, al menos en ciertas fechas.


lunes, 1 de febrero de 2021

Infierno, marmolera oeste II

vía descrita en este blog, "La tercera marmolera: Infierno occidental cara oeste", setiembre 2015

croquis Altitude en Pyrénées, 1977, página 390
(Source gallica.bnf.fr / BnF)

Durante mis exploraciones a las marmoleras del Infierno (Quijada de Pondiellos) y particular idilio con estas fabulosas placas, en el verano de 2015 ascendí por la marmolera occidental, la más visible desde Sallent. Supe entonces de la existencia de una vía, a cargo de Ursi y Carmelo Royo, de la cual ignoraba todo salvo una vaga alusión a un paso de Vº. Merced a la intervención de Alberto Martínez Embid, he tenido ahora ocasión de conocer un croquis de la vía, reflejado en Pyrénées, órgano oficial del Musée pyrénéen du Chateau-fort de Lourdes.

Decía en aquella ocasión (La tercera marmolera: Infierno occidental cara oeste,  setiembre 2015)

"...enseguida alcanzo un rellano casi plano que se atraviesa andando y desde el que puedo estudiar sosegadamente la continuación de la escalada, ya que la pared se empina enfrente de mí formando un pequeño circo ... En cuanto a la atractiva y probablemente más difícil continuación por el eje central de la placa, se adivina allí mucha humedad, pues no deja de constituir el desagüe natural de la vertiente, con el grave inconveniente suplementario de canalizar también cualquier potencial desprendimiento de piedras ... La máxima inclinación de la pared coincide con un cambio en la naturaleza de la roca, ahora similar a la de la marmolera suroeste, con notable mejoría de la adherencia y con mayor presencia de presas, si bien no diviso apenas ningún potencial emplazamiento para ningún tipo de seguro, salvo que se disponga de los históricos clavos extraplanos, concretamente las pitonisas de acero duro… ¿dónde quedaron las mazas de la época gloriosa del alpinismo? Pero es ahora cuando echaremos de menos esa seguridad imposible: continuidad de pasos de IIIº con algún que otro IVº-, hasta que desaparece el impulso vertical y la dificultad disminuye: en adelante, solo IIº con algún esporádico y breve IIIº- intercalado y eludible sin gran contratiempo, sobre una roca ya característica del típico calcáreo gris claro; bastante roto, con numerosas presas y considerable adherencia, mas no demasiado fiable. Finalizo la ascensión de la placa directamente, muy a la izquierda de las líneas oscuras que dibujan las vetas que me han servido de guía en la parte más difícil de la ascensión"

Lo cierto es que ni en el principio de la vía, inicialmente andando, ni en su mitad final, más larga de lo que aparenta, aprecié en modo alguno la dificultad que indica el croquis de Altitude. ¿Estaba aquel día en estado de gracia? No lo creo. Pienso que solo unos pocos metros en el centro del embudo, precisamente los que mi vía esquiva, pueden alcanzar el Vº del croquis; eso sí, será un tramo de superación delicada y, potencialmente, en malas condiciones. Sin embargo, apenas suponen una mínima parte de la ascensión. Por debajo, nada. Insisto en que se gana altura en gran parte andando, aunque con precaución debido al pulido extremo de la roca. Y, por encima, no mucho más. Ascensión cómoda y relajada, donde se podía elegir el itinerario sin ninguna clase de contratiempo a todo lo largo y ancho de la marmolera; sin embargo, esta finalización se hace muy larga y un tanto pesada por su monotonía y carencia de interés.


zona inferior de la placa; muy fácil

zona inferior y margen izquierdo de la placa.

...y margen derecho. Zona inferior apenas inclinada

la marmolera oeste desde la cresta noroeste de Garmo Negro. Aquí se aprecia mejor la inclinación media de la pared, muy plana abajo y con solo un resalte intermedio más empinado.

La evaluación de la dificultad de una vía es siempre una cuestión delicada de arriesgada solución. Si ya es desafortunada la sobrevaloración, aún es peor el vicio contrario, pues puede alentar a peligrosas incursiones, dada  la presunta facilidad del itinerario reseñado. Por lo demás, ¡qué fácil es equivocarse!, sea por nuestro ánimo cambiante, por la suerte de acertar con el paso correcto o por cualquiera de las mil y una razones restantes que nos pueden nublar el juicio y conducirnos a una precisión errónea. Lo cierto es que cuando indico un cierto grado de dificultad desearía que se me leyese con la máxima prudencia, aunque finalmente tampoco sean tantas ni tan relevantes las inexactitudes cometidas. En fin, la cuestión no tiene remedio conocido, salvo la confrontación de numerosos evaluadores y no es este el caso. No queda sino pedir perdón de antemano y aconsejar a todo pireneísta que afronte siempre su excursión preparado para resolver cualquier sorpresa, algo que más temprano que tarde encontrará.

Por supuesto, todo lo escrito no solamente es válido para esta vía, sino para todas las reseñadas en este blog y, en particular, para las marmoleras del Infierno.


zona inferior de la marmolera, desde el Garmo de las Albas.


Infierno, antecima occcidental, con la marmolera suroeste a la derecha y la occidental a la izquierda (solo visible la zona superior)

domingo, 20 de septiembre de 2020

El glaciar rocoso de Argualas

 el Glaciar rocoso de Argualas, bajo el pico de Algas...

el glaciar en detalle...

Algún extraño antojo, similar al que derivó en mis fructíferos amoríos con las marmoleras del Infierno, hizo que mi atención quedara seducida por el glaciar rocoso de Argualas, ubicado en una estrecha cuenca orientada al norte, bajo los picos de Algas y Garmo Negro. 

Garmo Negro y Algas, con sus respectivas crestas orientadas al norte, que encierran al glaciar rocoso y proponen interesantes vías de ascensión para completar la visita.


Pero, ¿qué es eso de un glaciar rocoso? Pues resulta que existen glaciares “blancos”, “negros” y... ¡rocosos! Con los primeros estamos familiarizados y son los más típicos: un extenso campo de hielo —ya más bien bien chiquito en nuestros queridos Pirineos—, casi todo el año cubierto de nieve y que se desplaza por su propio peso, lo cual forma fantásticas —y antaño peligrosas— grietas. ¿Quién no ha visto y pisado uno?... pues también es verdad que cada estío resulta más difícil, ¿no? En fin, que, a veces, las piedras que caen encima del hielo lo hacen en tal cantidad que terminan por ocultarlo: ya tenemos un glaciar negro. Pero un glaciar rocoso es otra cosa, ¿vale? Realmente, suelen formarse a partir de un glaciar negro que evoluciona a rocoso cuando su núcleo acaba por convertirse en una masa de clastos (léase pedruscos) de todo tipo y condición, junto con gravas y arena, todo ello cementado con hielo. Se consideran activos cuando existe desplazamiento de la masa, como en cualquier otro glaciar; de otra forma, se trataría de fósiles relictos o camino de transformarse en una acumulación de piedras de lo más rústico. 


la Gran Railliere bajo el Midi d' Ossau. Se aprecian los surcos lobulados y la huella del arrastre. Arriba, justo debajo de la niebla puede apreciarse el refugio de Pombie.

Por cierto, uno de los casos más sobresalientes es el que aparece en el Midi d' Ossau: quienes han tenido la suerte de tentar el Midi por su vía normal desde el refugio de Pombie, recordarán haber atravesado un enojoso caos de rocas, la Gran Railliere, próximo al refugio. Pues bien, tal aglomeración pétrea divisada a vista de dron —léase por los antiguos “a vista de pájaro”— dibuja unos curiosos arcos lobulados que lo atraviesan de lado a lado con riguroso paralelismo. Parece evidente que tales formaciones responden a la migración del roquedo camino del fondo del valle como si de un fluido se tratare. Por supuesto, aquí ya no queda hielo ni glaciar que se precie, aunque quizá lo hubiera no hace tantos años, en la Pequeña Edad del Hielo. Esto último viene a cuento porque se aventura la posibilidad de que el glaciar rocoso de las Argualas se formase precisamente entonces, secuela de un primigenio glaciar negro. 


 ibones de Pondiellos, al fondo la cresta noroeste de Garmo Negro y, más allá, el Midi

curioso vivac próximo al collado de Pondiellos.

travesía bajo la mole de Garmo Negro, camino de su cresta noroeste.


Sin embargo, todo lo relativo a los glaciares rocosos tan solo ha sido estudiado muy recientemente, a partir de los años ochenta del siglo pasado, así que hipótesis y preguntas abundan mas que las respuestas. 


la caminata se hace algo larga, en ocasiones sobre piso inestable.

el majestuoso Infierno con su marmolera suroeste nos escolta.


¿Queremos contemplar de cerca el glaciar rocoso de Argualas? No será empresa fácil. Para acceder hasta él, deberíamos partir de Sallent de Gállego, desviándonos desde el barranco de Pondiellos hacia el ibón de la Sartén o de las Albas. Ello presenta algunos inconvenientes: el camino es largo y se parte desde un punto a baja altitud; en los alrededores de Sallent, el sendero es perdedor, empantanado y enmarañado de zarzas, y, por último, mucho más importante y decisivo, así solo conseguiremos pisarlo, pero no “verlo”. El espectáculo, como en la Gran Railliere, solo es posible desde lo alto. En consecuencia, la mejor opción pasa por partir del Balneario de Panticosa, cruzar el collado de Pondiellos y descender más allá de los ibones, hasta alcanzar la cresta noroeste del Garmo Negro. La imágenes que ilustran este artículo han sido tomadas desde una punta, prolongación de dicha cresta, denominada Garmo de las Albas (2.754 m). Tuve mucha fortuna por encontrar un punto de vista ideal. 



ibón de la Sartén o de las Albas, al pie del glaciar.

cabecera del barranco de Pondiellos desde el Garmo de las Albas.


Bien, el glaciar rocoso de Argualas ha sido muy estudiado en la última década del siglo XX, estableciéndose su desplazamiento en una media anual en su eje axial en torno a 32 centímetros durante ese periodo, cuando también sufrió una pérdida de grosor de hasta 10 centímetros anuales en la raíz y 5 en el frente. Para establecer estos movimientos, así como para un mejor conocimiento de la dinámica glaciar, se instalaron varillas de auscultación topográfica, complementadas con otras técnicas como el sondeo eléctrico y los registros térmicos. El glaciar tiene una longitud de 750 metros y un ancho de 400, ocupando una superficie de 35 hectáreas, con su cabecera por encima de los 2.700 metros de altitud; presenta una estructura interna en tres capas: en la base, un cuerpo sedimentario descongelado que varía entre 2 y 4 metros de espesor y que desaparece en el frente; por encima, un estrato helado de 10 a 20 metros de espesor, sobre la cual reposa la lámina activa superior, también entre 2 y 4 metros. En total, un máximo de 23 metros. El adelgazamiento del cuerpo glaciar se debe esencialmente a la fusión, con una mínima pérdida derivada del estiramiento en el sector central, en tanto que en el frente, que forma un talud de 40º, apenas hay reducción de grosor; en todo caso, la dinámica del glaciar es sumamente compleja. Como dato curioso, cabe aducir que estos glaciares resisten el calentamiento global mejor que los blancos, pues el espesor de la capa superior supone un buen aislante que compensa la mayor absorción del calor solar por parte de la roca.

por el desagüe de los ibones asoma el macizo del Balaitús

perfil de la cresta noroeste de Garmo Negro.


¿Entonces, cuál es su futuro? Pues tan sombrío como el de cualquier otro glaciar pirenaico, situándose nuestro ejemplar por debajo de la isoterma anual -2º, incluso de la de 0º, límite altitudinal bajo el cual no se dan las condiciones óptimas para su conservación. Los glaciares se forman por una elevada innivación, en un entorno climático muy frío. Cuando se reduce la aportación de nieve y los desprendimientos pétreos son abundantes, aparecen los glaciares negros; si la acumulación de derrubios supera la capacidad de generar hielo, el desplazamiento ladera abajo se reduce y el glaciar deviene rocoso. Hoy por hoy, nieva poco y el calentamiento global es un hecho constatado. Así que... ¡adiós glaciar! Más temprano que tarde desaparecerá. Eso, sí: dispondrá de abundantes lápidas para su tumba, pues las crestas adyacentes se muestran muy bien dispuestas a aportar todos los cantos necesarios... incluso algunos más.


de Garmo Negro se desprende una atractiva cresta, con un par de segmentos muy afilados y otras dos secciones aéreas. El problema no estriba en la dificultad técnica, sino en la calidad de la roca.


En épocas geológicas pretéritas el glaciarismo estuvo relativamente más desarrollado en los Pirineos que en otras montañas ubicadas mas al norte, precisamente a causa de una elevadísima innivación, mientras que en latitudes más elevadas el propio frío y el océano congelado la moderaban. Pero también ha habido épocas muy recientes en las que no quedó rastro de hielo en la cordillera: al parecer, ni Anibal ni sus elefantes tuvieron el menor problema con la nieve en su incursión contra Roma. Por el contrario, a partir del siglo XVII toda Europa sufrió un severo enfriamiento climático, responsable de que nosotros hayamos conocido el hielo que aún permanece en los Pirineos. De momento, lo único que perdura desde los albores históricos es la capacidad del circo Algas-Garmo Negro para proveer de clastos al glaciar. Munición no faltará, desde luego, lo que, por lo demás, supone un grave inconveniente para redondear nuestra incursión por este curioso glaciar con la ascensión a cualquiera de las dos cimas que lo escoltan: resulta especialmente atractiva la cresta noroeste de Garmo Negro, de escasa dificultad técnica, pero sumamente delicada por la calidad de la roca. La gemela en el Algas aún tiene peor aspecto. En cambio, de haber elegido Sallent como punto de partida, podríamos rodear por el oeste la cresta que desciende del Algas y alcanzar la cumbre sin problemas; además, podremos pisar otro muy pequeño glaciar rocoso, apenas una lenteja, bajo el pico de Cerrez. Claro, que en tal caso, también tendremos que regresar por el mismo camino.



En fin, la esencia de nuestros montes todavía guarda sus pequeños e íntimos secretos, que de vez en cuando nos brinda para satisfacer nuestro ansioso apetito de novedades.






lunes, 24 de agosto de 2020

Infierno. Marmolera suroeste II

en verde, la vía original de 2015; en rojo, la actual, descrita en esta entrada.


¿Qué hago aquí, de nuevo en la marmolera suroeste del Infierno? Me he contestado con varias excusas de todo color y fundamento; quizá la más convincente de ellas pase por rememorar viejas sensaciones, propias de la que fue mi primera cita seria con las marmoleras infernales. Desde luego, allí, hace un lustro, nació mi querencia por estas losas luminosas, fervor que me llevaría a reconocer a fondo todas las marmoleras que ciñen esta peculiar montaña. 


rumbo al collado de Pondiellos; al fondo, Tendenera.

Y de esta marmolera, ¿qué? Pues he ensayado una variante, el filón diagonal inferior, ya de por sí de trazado algo menos elegante que el superior. Entrada directa, despreciando la primera sección, sin duda de menor interés. Encuentro una roca de gran calidad, pero no de tan excelente adherencia como recordaba; además, la roca oscura tiene las presas redondeadas y a veces húmedas; no me encuentro demasiado cómodo y opto por ascender hacia el familiar filón superior, el cual recorreré en gran parte, desviándome después un poco más arriba de la ya desdibujada vira, hasta alcanzar después directamente la cresta cimera, más o menos tal como queda reflejado en el croquis.
 
la marmolera suroeste, casi al alcance de la mano. Todavía imponente...


...pero pronto se humaniza y aparenta algo más accesible; tampoco conviene llamarse a engaño.

Pero tornemos al principio: salida desde el Balneario de Panticosa y llegada al collado de Pondiellos en poco más de tres horas, un horario ya desacostumbradamente bueno para mí, muy a pesar de que veo cómo me adelantan sin cesar andarines con menos años... y menos peso en la mochila, quienes aún cargan con ella. Hoy, por cierto, el monte está lleno a rebosar y el camino hacia el Garmo Negro es un rosario incluso en zapatillas de ascensionistas ilusionados; al menos, eso se deduce de sus comentarios apresurados. 


 ibones de Pondiellos, ya deshelados. No hay que intentar conservar la altura del collado, sino que es preferible descender hasta casi la orilla del primer ibón.

Amparado por el dictado de viejas experiencias, desciendo directamente desde el collado hacia los ibones de Pondiellos, aunque no preciso alcanzar su orilla. Sin la pretensión de recuperar altura, rodeo el espolón del Infierno y solo cuando tengo la marmolera suroeste a la vista, emprendo una media ladera ligeramente en ascenso. Sin mayor circunstancia, llego al pie de la marmolera una hora más tarde, todavía 200 metros por debajo de la cima. Un nevero helado residual, poco visible, ciñe casi todo el pie de la placa, pero lo puedo sortear sin problema. Me admira el aspecto impresionante de esta cara, la cual augura una dificultad muy superior a la real desde casi todos los puntos de vista, excepto desde donde estoy; apariencia sobrecogedora que, desde luego, también comparten quienes recorren la cresta cimera, algunos con el estómago encogido. 


Garmo Negro y Algas desde la cumbre del Infierno.

Me dirijo hacia una gran roca oscura, excelente referencia, para tomar pie en el marcado filón diagonal inferior. En total, será poco más de una hora el tiempo requerido para conquistar la cumbre, también bastante concurrida en esta ocasión. La marmolera es franca y permite muchas combinaciones, sobre una roca de gran adherencia y notablemente segura. Aunque hay que contar con esporádicos pasos de III, las complicaciones nunca abruman y la escalada, siempre elemental, es cómoda y placentera. Sin embargo, abundando en todos los aspectos ya citados en https://rondapyrene.blogspot.com/2015/06/infierno-marmolera-suroeste.html sería muy aventurado emprender esta ascensión sin una firme experiencia montañera. La pared queda muy, muy, lejos de la vertical, desde luego; pero, aunque permite circular por ella con facilidad, también es suficientemente enhiesta como para castigar sin enmienda cualquier error; por lo demás, es prudente mantenerse siempre próximos a las líneas del relieve que prometan continuidad de las presas, sea por fisuras o por cualquiera de los filones más o menos oscuros y de todos los tamaños que surcan la marmolera por doquier.


Arnales, collado Saretas y pico de Pondiellos, desde la cima del Infierno.

la cresta nordeste del Infierno; aguja Bicolor y Pitón Marrón (bautizos de Jean Arlaud).

la cresta de Arnales, desde la cima (izquierda), a la antecima sur.