Vías Pirineos de dificultad media, [escalada PD, AD, D (IIº/IVº, máx. Vº)]. Vivencias de montaña. Rincones desconocidos o escasamente divulgados. Y alguna que otra reflexión

lunes, 4 de febrero de 2013

Aspe: Edil, la clásica olvidada

En los años cincuenta y merced a su cómodo acceso en una época en la que las excursiones al Pirineo constituían auténticas expediciones, el Pico de Aspe se convirtió en todo un símbolo del pireneismo aragonés. Algo más que un mero instrumento de transporte, el Canfranc hizo posible que cordadas como la integrada por Rabadá y Navarro escribiesen en esta cumbre de tan bella estampa sus peculiares interpretaciones de una clásica, pero sus partituras son hoy, sorprendentemente, difíciles de encontrar. Me estoy refiriendo a la arista de los Murciélagos y a la Edil, líneas puras trazadas sobre una hermosa montaña que, por una vez, resultan accesibles para quienes no poseemos el talento de Alberto y Ernesto. Antes que los alicientes estéticos o la búsqueda de la dificultad, vivencias empañadas de nostalgia y recuerdos emocionados han de guiar nuestros pasos: la ascensión será así un homenaje a la memoria de la generación que nos precedió.

De la arista de los Murciélagos existe una aceptable referencia en la Guía del Pirineo Occidental Oscense, de Marcos Feliu y Carlos Sainz, ilustrada por un croquis excelente. Conozco también otras fuentes de diversas publicaciones; sin embargo, la Edil parece haber caído en el más completo e injusto olvido: la citada guía se despacha con siete escasas e imprecisas líneas, en tanto que en el numero 138 de Desnivel (marzo del 98) aparece trazado el itinerario sobre una cuidada fotografía, junto a algunos datos de exclusivo interés como invernal. Eso es todo. Al menos, todo lo que he encontrado en un material que, desafortunadamente, también incluye los boletines de Montañeros de Aragón. Esta reseña pretende remediar tal carencia, sea real o fruto de mi inoperancia investigadora.


La arista de los Murciélagos describe su típica e inconfundible silueta entre el collado de Aísa y la antecima oriental del Aspe. Mágica frontera que separa el cielo de la tierra, nos anticipa sensaciones de una jornada inolvidable. Tres pasos de IVº, eludibles si así lo deseamos, son todas las complicaciones que encontraremos hasta la base del torreón final, que podemos abordar por diversas variantes, algunas de ellas francamente accesibles. La dificultad nunca abruma y permite deleitarnos con toda la inmensa belleza que nos rodea. Sin embargo, esta falta de carácter y su manifiesta discontinuidad perjudican notablemente el interés deportivo de la vía. Por el contrario, la Edil compensa con un mayor nivel técnico la inevitable monotonía de un recorrido en pared: es una directísima pura, que escinde la cara NE, abordada con todo descaro.

Desde Tortiellas se descubre el itinerario, evidente, que transcurre inicialmente por una chimenea, ubicada en el centro de la pared y en la que se concentran las mayores dificultades de la vía, para proseguir por una canal que conduce directamente a la cresta cimera. Este amplio corredor semeja un gran reloj de arena con el estrangulamiento situado muy alto sobre su cintura; el resalte superior, en forma de cono invertido, se revela más enhiesto y está dominado por un erguido torreón.

Atacaremos la chimenea, que desde el primer instante muestra sus armas pese a su no excesiva verticalidad. La inspección previa al asalto indica la posibilidad de esquivar el fondo de la chimenea saliendo al labio que la delimita por su margen derecho, especialmente a partir del bloque empotrado situado hacia su mitad. Sin embargo, encontraremos allí unas placas tumbadas de presas redondeadas que en la guía de Feliu se valoran en V°; si proseguimos por el fondo, resolveremos el problema mediante una oposición delicada de IVº+ ó Vº- hasta alcanzar el extraplomo que cierra la chimenea y de cuya magnitud dan clara evidencia algunas bagas pendientes sobre el vacío. Esta variante no planteará excesivos problemas a pireneistas de envergadura, pero los escaladores de poca estatura podrían sufrir más de la cuenta por culpa de la anchura, notable, y de la ausencia de presas en el muro derecho, muy liso. Para abandonar la chimenea, siempre hacia nuestra izquierda, habremos de superar un corto muro ligeramente desplomado (IVº+ ó Vº-) con presas excelentes aunque un tanto ocultas. En invierno el paso ha de ser muy delicado y, probablemente, exigirá el recurso a la técnica artificial, tal y como señala Desnivel (por cierto, Rabadá y Navarro abrieron la vía precisamente en invierno). No obstante, la dificultad de estos primeros ochenta metros parece ser inferior a la reflejada en esta revista, al menos en verano, y también la inclinación de la pared es algo inferior a la especificada, pues una medición aproximada sobre el mapa arroja una pendiente media de sólo 50° para la totalidad de la pared, lo que implica un ángulo de apenas 45° para la mayor parte del recorrido.

A partir de este punto –a un par de largos del ataque–, proseguiremos la ascensión por un terreno fácil (I°) sobre bloques y escalones, dirigiéndonos pronto hacia nuestra derecha para introducirnos en el corredor que trepa decididamente hacia la cima. Durante un amplio trecho da la impresión de ser factible la escapatoria hacia la pared Norte por numerosos puntos, pero no puedo confirmar este aspecto. La canal se presenta sencilla y únicamente breves resaltes interrumpen nuestro paseo: algunos de ellos podrían alcanzar incluso el IV°, pero todos parecen fácilmente evitables con pequeños rodeos; sin embargo, sí es obligado el paso –también de IV°– en el resalte en forma de cono invertido ("la mano") que dibuja la canal en su cabecera, antes de la chimenea que se abre en el muro final (común con alguna variante de la Arista de los Murciélagos). Se franquea mejor por la izquierda, en un terreno que, como la mayor parte del corredor, resulta poco fiable por su calidad descompuesta.

Prácticamente hemos terminado la escalada. Podemos alcanzar directamente la cumbre en travesía hacia nuestra derecha (I/II°) o superar la chimenea final, que nos opondrá nuevos pasos de IV°. En mi ascensión solitaria precisé casi dos horas y media para la vía –asegurando sólo la salida del extraplomo–, además de otras dos horas de aproximación desde Candanchú, por el collado del Pastor. Una cordada que rehúse avanzar en los tramos fáciles sin establecer reuniones podría emplear hasta tres horas en condiciones normales; por el contrario, será difícil bajar de las dos horas, pues la vía se aproxima a los seiscientos metros de desnivel. Su calificación global es de Difícil, en verano, y Muy difícil en invierno; el descenso más cómodo y rápido aprovecha la vía normal que parte desde Tortiellas.

Tan sólo me resta añadir una recomendación: sin que suponga el menor desprecio hacia otras alternativas posibles para ascender al Aspe, en particular el corredor SE en invierno, tanto la arista de los Murciélagos como la Edil constituyen dos clásicas tan apreciables como accesibles. Que la segunda haya protagonizado este artículo es, sobre todo, una respuesta a la ausencia de información sobre esta vía.

Noviembre 2000.