Vías Pirineos de dificultad media, [escalada PD, AD, D (IIº/IVº, máx. Vº)]. Vivencias de montaña. Rincones desconocidos o escasamente divulgados. Y alguna que otra reflexión

jueves, 14 de febrero de 2013

Los Dientes de los Batanes desde Panticosa

Hemos visto muchas veces esa quijada de incisivos audaces, esa silueta familiar y enigmática; sí, la hemos visto muchas veces, de lejos… porque las tres horas necesarias para alcanzar las pedreras del zócalo pesan más que el exiguo estímulo de unas paredes privadas de grandes desafíos. Tampoco la roca, de irregular calidad y excesivamente vestida de líquenes, constituye un aliciente. ¿Y qué decir de la interminable e insoslayable glera que ciñe a estas cumbres por todos los puntos cardinales?

Sea como fuere, los Dientes de los Batanes se han ganado nuestro interés: si intentamos su conquista acercándonos por los ibones de Bachimaña y Bramatuero, habremos de lidiar con una vasta aproximación cuya hermosura algo monótona escasamente llega a compensar la visita a estos valles remotos: mejor reservar tal esfuerzo para un reconocimiento del cordal fronterizo; si, por el contrario, elegimos el ataque directo por Labaza, casi una línea recta entre el Balneario de Panticosa y los Dientes, bastarán cuatro horas para alcanzar la cima principal, en la que confluyen tres aristas cortadas por sucesivas brechas que delimitan una caprichosa colección de dientes, muelas y resaltes. Quizá por un afán excesivamente simplificador, nos hemos habituado a reducir a sólo dos el número de puntas objeto de nuestra atención: la más alta, situada justo en la unión de las tres crestas que integran el macizo, y la conocida como Diente Central: ésta, situada inmediatamente al Oeste de la cima principal, es mucho más atractiva y se ha ganado una sólida reputación de inaccesible, bien defendida en todo su perímetro por una muralla vertical.

itinerarios vertiente Oeste Diente principal Batanes
Desde el Balneario, punto inicial de la excursión, precisaremos una hora para situarnos en el cruce del camino a Brazato con un desvío hacia la izquierda, señalado como ruta a los ibones de Labaza. Prosiguiendo la interminable serie de zetas que suceden a tal desvío, franquearemos media hora más tarde una tubería casi horizontal; un poco más allá desaparecerán las últimas trazas de sendero, sustituidas por hitos de piedra. Será necesaria otra hora para alcanzar los pequeños ibones del Serrato, desde donde podremos divisar la anhelada dentadura, invisible hasta ahora: en total, necesitaremos en torno a tres horas o poco más para situarnos sobre el inmenso canchal afianzado bajo la cima. Podemos optar entonces por el itinerario más accesible (PD): un dilatado rodeo hacia la izquierda (Oeste), para franquear la segunda brecha, ya que la primera e inmediata sabe defenderse, y ganar la cumbre por la vertiente de Bramatuero. También es posible, y más recomendable, la travesía de la cresta que apunta a Brazato y se extiende hasta el collado de Labaza: tras algunos pasos aislados (III) que pueden eludirse por la vertiente oriental, la última brecha que precede a la cima exige un pequeño aunque espectacular rápel como alternativa a un delicado destrepe; ya sobre el umbral de la hendedura despunta una soleada y evidente cornisa que nos depositará cómodamente a media altura del resalte, el cual venceremos mediante un corto paso (III+) sobre bloques en precario equilibrio. 

los Batanes desde la cresta de Labaza
Por último, para ganar la cima principal disponemos de una tercera opción, la cual nace al pie de la gran brecha que separa al abrupto Diente Central del Diente principal: justo al pie del corredor que asciende hasta el cuello de la brecha y despreciando su ascenso, hay que trepar hacia la derecha por el filo de la arista que delimita la escarpada pared Oeste, mediante una escalada aérea sobre bloques dislocados, fácil (III) si la roca está seca, pues este itinerario, plagado de líquenes, resulta totalmente desaconsejable bajo condiciones de humedad. Muy pronto, la dificultad decrece y apenas es necesario el uso de las manos, terminando la ascensión por el centro de la cara Oeste, cuando ésta ha perdido ya su ostentosa verticalidad. 

mirando hacia el valle del Ara
Resulta cómodo descender por la vertiente de Bramatuero, bien por la cresta Este (hitos; probablemente, la ruta más sencilla, que no puedo describir porque jamás la he recorrido) o, hacia el Oeste, buscando la gran brecha que separa esta cumbre del adyacente Diente Central y el paso más fácil (máximo III-), para doblar enseguida a la derecha hasta situarnos igualmente sobre las pedreras de Bramatuero. Desde ellas, nos dirigiremos a la mentada segunda brecha para retornar a Labaza (desde esta brecha se ataca el Diente Central por su vía normal). También es posible regresar por la vertiente Este hacia el collado de Labaza, solución, sin embargo, un tanto engorrosa. 

diente central, vertiente occidental

En cuanto al Diente Central, ubicado entre las dos grandes brechas, cabe resaltar su carácter más alpino y provocador: presenta un sólo punto débil, justo sobre el labio de la brecha más occidental, donde el muro vertical que lo circunda se reduce a tan sólo unos metros: la erguida y desdibujada chimenea que lo salva (III+) conduce a unas placas tumbadas, delicadas y lisas, aunque surcadas por varias fisuras entrelazadas, cuya escalada (III-) nos permite enlazar con el filo de la cresta, progresivamente más fácil hasta la cumbre. Si accedemos a esta cima por alguna vía alternativa —existen algunas atractivas sugerencias en un espacio totalmente abierto a nuestra imaginación—, la chimenea resultará difícil de encontrar para el descenso; aunque tampoco existe mucho dónde buscar, conviene en todo caso prever un pequeño rápel. 

diente Central vertiente oriental
Todavía resta un campo inexplorado en estas montañas, en especial sobre el erguido Diente Central. La vertiente de Labaza es siempre ruda y abunda en ella el liquen, particularmente resbaladizo cuando está húmedo —por el lado de Bramatuero la roca tiende a presentarse más firme y libre de tan peligrosas y molestas incrustaciones—. En particular, la pared está surcada por tres chimeneas que representan otras tantas oportunidades para conquistar la cima. Hasta ahora, únicamente he podido explorar la más occidental (IV, salida en IV+), próxima a la vía normal y consecuentemente de poco interés; en cambio, la situada en el extremo izquierdo de la cara constituiría una señalada fórmula para encadenar la travesía completa de los Dientes, desde Labaza a Xuans: un seductor itinerario, ya de cierta envergadura, del que tan sólo desmerece la calidad de la roca en algunos tramos.