Vías Pirineos de dificultad media, [escalada PD, AD, D (IIº/IVº, máx. Vº)]. Vivencias de montaña. Rincones desconocidos o escasamente divulgados. Y alguna que otra reflexión

viernes, 1 de febrero de 2013

Cinco vías al Balaitus

Ascendí al Balaitús por primera vez, hace ya muchos años, por la vía normal clásica de la brecha Latour. Entonces el glaciar todavía existía y la nieve cubría el corredor de la brecha hasta las primeras barras de hierro. Las rampas finales hasta la cumbre exigían atención... En la cima enlacé con mis compañeros, con quienes me había citado en Respomuso (ellos vivaquearon en la presa y yo subí con demasiado retraso desde La Sarra); durante el regreso, el mal estado de la nieve pudo acarrearme un disgusto pues el mango de madera del piolet, recién engrasado con aceite de linaza, resbaló de mi mano.

Esta vía, suracada hoy por numerosas caravanas, presenta escasas dificultades técnicas que invitan a un exceso de confianza. El descenso sin nieve de la brecha Latour se realiza por un terreno descompuesto y aéreo, en absoluto exento de peligro.

Mucho tiempo después, aquel viejo sueño, el Balaitús, renació de nuevo materializado en esa desafiante aguja, la Torre de Costerillou, plantada en un agreste cresterío rodeado de abismos veticales. Creía posible un ascenso directo a la Aguja D’Ussel por su cara Sur pues la disposición de los neveros, analizada a través de varias fotografías, indicaba una vía de ataque factible. La cresta de Costerillou trepa desde allí hasta la cima culminante del macizo.

Bien entrado el mes de julio de aquel año, me encontraba en la base de la aguja, calzado con mis botas de trekking, recién estrenadas en la travesía Petit Vignemale-Monferrat. Ya había constatado algunos problemas de adherencia derivados de la insuficiente flexibilidad de las suelas nuevas, impresión confirmada ahora en los primeros bloques: escaso bagaje para una ascensión en modo alguno fácil. Pero ya que había llegado hasta allí... Inicié el asalto a la pared por unas terrazas que permiten evitar por la izquierda su zócalo más vertical. Desde la zona intermedia menos inclinada, una vaga canal que delimita la cara asciende directamente hasta la brecha de Costerillou por terreno fácil y descompuesto. Poco más tarde culminé la cima con intención de regresar inmediatamente; sin embargo, ante mí se abría tentadora una increíble cresta hasta la base de la Torre. Rehusando escuchar las voces de la prudencia y de mi instinto de conservación, proseguí destrepando sin problemas unos metros hasta atravesar un agujero bajo un bloque a modo de corto túnel y volver enseguida sobre la vertiente francesa para superar unas placas en travesía por debajo del borde afilado de la cresta (más difícil pero muy interesante), alcanzando así el Arc Boutant.

“Descender unos metros por la vertiente española y por una vira inclinada sobre el vacío, bajo un paso desplomado (sólidas presas de mano, más espectacular que difícil), llegar a una brecha que se atraviesa mediante un salto aéreo, para situarnos en la base de la chimenea entre el Arc Boutant y la Torre. Es necesario entonces un paso de hombros o un estribo (vía Cadier) para izarnos sobre el corto extraplomo y asegurar a la izquierda hasta alcanzar la cima por unas gradas (sencillo)”

Bien, pues yo no llegué a la cumbre. Pero en mi ánimo quedó grabada la imagen de uno de los itinerarios más interesantes y estéticos que recuerdo. Sencillamente, magnífico. Pero la prudencia se había impuesto por fin y al pie de la brecha retrocedí. En el descenso de la aguja D’Ussel pude comprobar que un desdibujado espolón de buena roca ofrecía mayores garantías de seguridad que la canal utilizada durante el ascenso.

Ganar la aguja D’Ussel no debe suponer dificultades superiores al IIIº grado. Podría calificarse la ascensión, en su conjunto, como PD superior. La cresta de Costerillou entre la aguja y la Torre tampoco ofrece gran dificultad, a excepción de cortos pasos de IV en la Torre. Para descender hasta su brecha Norte, basta con un rápel de seis o siete metros, pero ya llegaremos a eso. Este ataque frustrado no hizo sino espolear mis deseos de conquistar la Torre. Sin embargo, la próxima ocasión tendría un nuevo escenario: descenso desde la cima del Balaitús y asalto desde la brecha Norte. Hube de esperar hasta el verano siguiente. Al pie de la última morrena del glaciar de Latour me encontraba en compañía d un amigo que había llegado al glaciar con la intención de esperarme mientras realizaba la ascensión. Hacía frío y un cálculo optimista arrojaba al menos dos horas, quizá tres, para coronar el Balaitús, alcanzar la Torre y regresar por el mismo camino. Decidí renunciar y contentarme con un asalto rápido al pico Anónimo por su cara Este y su famosa bavaresa.

Dos semanas después estaba de nuevo en la morrena, convencido de que este sería el ataque definitivo. Ahora el proyecto se había enriquecido con una variante: alcanzar el Balaitús porsu cara SE. Y, entre las vías más accesibles, opté por la Augerot-Olivier (AD), la de mayor facilidad. Su itinerario se alza en la mitad izquierda de la pared, para alcanzar la brecha tras un gendarme característico, por terreno poco definido en el que es posible trazar muchas variantes. De hecho, las referencias de las guías son imprecisas y anduve toda la ascensión tras la ruta reseñada, la cual, sin duda, crucé varias veces sin descubrirla. Lo que sí encontré fue una súbita diarrea. Y lo que perdí, una considerable cantidad de fluidos corporales que tapizaron de inmundicia varios metros de chimenea por debajo de mí (quedó hecha una auténtica mierda). Concluido el incidente, atravesé la brecha y unos bloques me condujeron a una terraza amplia de cuyo extremo partía una difusa canal. Convencido de que la vía proseguía más a la derecha, realicé una travesía hasta otro corredor mucho más marcado y profundo —resultó ser la chimenea Carlos-Eduardo—, que también conduce a al cima. Así pues, había superado la pared SE con bastante facilidad, pero apenas coincidí con la vía Augerot-Olivier, lo cual significa... que es posible el paso por numerosos puntos de esta pared en apariencia tan inexpugnable. La única referencia fiable es la brecha del gendarme.

En todo caso, estamos ante un recorrido muy recomendable, salvo que nuestra capacidad nos permita aspirar al Espolón Elegante (MD sup.) o a la vía Flematti (MD).

El posterior ataque a la Torre, descendiendo a través de la cresta de Costerillou hasta la brecha Norte, acabó en un nuevo fracaso, esta vez a tan sólo diez metros de la cima, debajo del único paso realmente serio de la ascensión y con las manos insensibilizadas por el frío. Juré que volvería con algún material y cuerda para asegurarme. Pero tuvo que transcurrir un nuevo año. Y en este, mi definitivo ataque, el tiempo presagiaba escasas oportunidades. Tras rebasar lo lagos de Arriel, me sorprendió el primer chaparrón en el cobijo André Michaud. Ascendí por la Gran Diagonal con los ojos prendados de un claro entre las nubes hacia el Oeste. Esta vía, rápida y sin complicación, pero de feroz aspecto y en la que pueden persistir disuasivos neveros, conduce cerca de la cresta somital. Varias canales en plena cara Oeste permiten también el ascenso y la conexión con el tramo superior de la arista Packes-Russell.

Previsiblemente podría disponer de unos minutos sin chubasco para el ataque a al Torre, si conseguía adecuar mi velocidad al ritmo que imponía el cielo. Destrepé la húmeda arista de Costerillou con mayor dificultad de la esperada hasta alcanzar el paso clave bajo la cumbre. Esta vez, con un “friend” y un cordino, prestos para confortar mi espíritu.

Subí ¡Por fin! Desde la brecha hay que dirigirse hacia la izquierda, en el ángulo NO de la Torre (IIIº, delicado), alcanzar así una terraza amplia bajo una lámina definida por una fisura excelente y cuyo zócalo ofrece un ligero desplome. El paso (IVº) es atlético, expuesto al vacío y en pleno Norte (roca húmeda y helada con frecuencia).

Ante las amenazadoras nubes, se impuso el retroceso por el camino de ida (pensaba completar la travesía hasta la aguja D’Ussel). Pero, de nuevo en la cumbre del Balaitús, opté por bajar por la arista Packes-Russell, de aspecto atractivo y que, como había comprobado durante el ascenso por la Gran Diagonal, ofrece numerosas posibilidades de eludir los pasos más abruptos. Efectivamente, esta vía parece siempre más recomendable y segura que la Gran Diagonal y por el itinerario de menor resistencia, su dificultad global no excede de AD inferior.

El Balaitús siembra vocaciones montañeras y cosecha proyectos. Para mí, el sueño de alcanzar la Torre de Costerillou supuso el conocimiento de varias hermosas vías, una intuida por simple observación, experiencia muy gratificante; otras que exigieron un exhaustivo estudi en las guías antes de osar intentarlas. Más tarde llegarían otras cimas del mismo macizo. Pero esta historia aún no ha finalizado...

Los proyectos los trazamos nosotros. Responden a nuestros sueños y son necesarios para mantener la ilusión. Las montañas estarán allí siempre, deasfiantes.

Publicado en el Anuario 1998/99 de Montañeros de Aragón.