Vías Pirineos de dificultad media, [escalada PD, AD, D (IIº/IVº, máx. Vº)]. Vivencias de montaña. Rincones desconocidos o escasamente divulgados. Y alguna que otra reflexión

domingo, 17 de febrero de 2013

La travesía Peyralún / L´Ouradé

Montañas tan visibles como poco visitadas, las Ferraturas cierran al Norte el Valle de Tena entre el Portalet y el collado de la Soba, junto al Pico de Arriel. En su mitad occidental, la travesía entre las cumbres de Peyralún y L’Ouradé es un interesante ejercicio para quienes aman el terreno de aventura y profesan la filosofía de aceptar cualquier terreno y cualquier ocasión, pero deberían renunciar quienes no posean mucha experiencia y hábito de moverse sobre terrenos muy abruptos y comprometidos. 

el perfil de la cresta
El acceso al pico de Peyralún desde el puerto viejo de Sallent no presenta ningún problema, si bien merece la pena un pequeño desvío hasta la punta de Baldetosta. Superada la antecima del Peyralún, siempre andando, aparece una cresta afilada, de materiales atormentados que se desmoronan con suma facilidad y pueden obligarnos a usar discretamente las manos antes de pisar la cima. Desde allí, se abre una excelente perspectiva de la continuación, donde se concentran los principales obstáculos del recorrido: un doble resalte formidable, tras el cual no parece existir ninguna dificultad especial. Pero todo aquí es engañoso…

Tras descender tranquilamente del Peyralún por una cresta herbosa y dislocada, encontraremos en su punto más bajo una piedrecilla, apenas nada, la cual nos aconsejará un prudente retroceso cuando intentemos destreparla, tal es su insidiosa naturaleza. En el colladito que la precede suele existir alguna baga presta para facilitar el rápel de huída hacia una u otra vertiente. Por desgracia, el rodeo por la vertiente oriental, española, es bastante más largo de lo que aparenta y tiene lugar sobre un terreno francamente desagradable. Del otro lado y probablemente más recomendable, la alternativa francesa también se presenta engorrosa e incómoda: ¡qué remedio: merece la pena echar otra miradita a este minúsculo gendarme! (tiene una curiosa e importante prolongación hacia el Oeste). La roca, por fortuna, y como una gratísima excepción de lo que hemos pisado hasta aquí, es sólida; las presas reducidísimas y escasas, imponen un destrepe breve pero muy delicado (IV).

Un poco más allá, y tras otro corto paseo sobre cresteríos herbosos, llegamos al pie del primer resalte, cuya superación podría ofrecer varios puntos débiles. ¿Para qué complicarnos la vida? La chimenea más próxima, a la derecha, se deja subir bien (II/III-) y ofrece una roca suficientemente sólida, que nos parecerá excepcional en comparación con la soportada hasta aquí. Eso sí, tras su salida, será preciso girar hacia la izquierda y vencer un paso, corto, apenas expuesto (IV+), para dominar un labio extraplomado. Algunos metros, horizontales, también sobre hierba, nos conducen al pie del segundo resalte cuyo aspecto es poco acogedor. Sin embargo, los primeros escarceos por su filo son muy fáciles, de bloque en bloque, con enormes presas. Hacia la mitad, la hierba y pequeñas terrazas de tierra húmeda e inestable, sustituyen a la roca y nos complican la ascensión. La pendiente es muy escarpada y el terreno trasmite una embarazosa sensación de peligrosidad. Será preciso tentar cuidadosamente los vericuetos de esta trampa pérfida y desagradable para encontrar el itinerario que nos permita escapar de ella con mayor seguridad.

 doble resalte previo a la Coroneta
Arriba nos sorprende una pradera sosegada, como una ola mansa y sumisa, en la que uno esperaría encontrar un rebaño pastando apaciblemente. La dócil majada rompe de una forma brusca y sorprendente en todas direcciones, impidiendo la progresión hacia el ya próximo pico de L’Ouradé  Justo sobre la prolongación de la cresta, se abre una estrecha canal que permite el descenso: aunque sólo presenta algún problema en su mitad y sólo durante unos pocos metros, resulta sensato recurrir a la cuerda (rápel de 20 metros).
L´Ouradé
Una sucesión de suaves domos nos conducirán hasta las rocas de L’Ouradé desde donde, mediante una fácil y hermosa travesía cimera, alcanzaremos el pie de una esbelta agujilla desprendida de la pared. La rodearemos y nos desplazaremos unos metros a la derecha para superar una chimenea de dos metros (IV) encima del cual se abre una esplendida fisura vertical de unos cuatro metros. Al parecer, descendiendo unos metros hacia la derecha se alcanza una canal que conduce directamente a la cima sin mayor dificultad. Despreciando la atractiva y difícil fisura, también se puede girar a la izquierda, atravesar el colladito de la aguja y ganar la cima por otra chimenea (IV-) o fisura abierta. 

La prolongación de la travesía hacia el vecino pico de Ferraturas (Garmo Blanco en algunas publicaciones) es complicada y poco evidente, aunque merecería la pena extender el paseo hasta esta cima, cuyo descenso es algo incómodo (es también factible rodear el pico de L’Ouradé por la vertiente francesa, con escasa pérdida de altura). De otra forma, se impone el retorno a nuestro punto de partida, el Portalet, y, por tanto, el descenso, siempre fastidioso. Desde el collado de L’Ouradé hay que bajar por la vertiente española un talud acusado y sembrado de pequeños derrubios, hasta alcanzar los llanos del alto Arrigal y tornar al vehículo por la pista ganadera que nos dejará junto a las casas del Portalet. ¡Atención a esta bajada, que transcurre por un terreno muy empinado, desagradable y peligroso!... Para románticos y con disponibilidad de tiempo, en perfecta armonía con el espíritu de esta travesía, puede recomendarse el descenso por la vertiente francesa, así mismo arduo y complejo, para retornar al Portalet por el Puerto Viejo.